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Fragmentos de nada: Retrato, pedra sobre óleo



Fragmentos de nada: Retrato, pedra sobre óleo 


Por Antonio Pardines


Lonxe no tempo quedaba o Mestre Mateo cando Francisco Asorey empezou a ser coñecido pola súa arte escultórica. Eran outros tempos, pero a localidade onde tiñan o seu obradoiro era a mesma. Tras pasar por Barcelona e Madrid, o de Cambados afincouse en Santiago, cando obtivo a praza de escultor anatómico na Facultade de Medicina, emprego que, xunto ao de docente no «Taller de labra e talla en pedra» na Escola de Arte Mestre Mateo —por entón, Escola de Arte e Oficios de Santiago—, mantería ata a súa morte (1961). Corría o ano 1918, e en Europa aínda soaban os canóns da Grande Guerra (1914-1918) que Monicelli retrataría catro décadas despois na súa espléndida sátira homónima, aquela na que dous galdrupeiros de tomo e lomo —inolvidables Gassman e Sordi— desvelan no seu transitar polo fango e a terra de ninguén a estupidez, a miseria, o sangue, a fame e o patetismo de toda contenda armada.


Asorey viviu unha na súa terra, aínda que en Galicia as armas disparáronse máis na noite e nas sombras, cando os vencedores e os arrimados que viron a súa oportunidade descargaban o seu odio e mesquindade nos vencidos e nos derrotados. Foron tempos escuros, de morte, exilio e silencio. Pero a loita de Asorey non era contra a humanidade, nin contra os veciños, a súa era coa madeira, o bronce e a pedra das que extraía vangarda —como esa Santa de madeira policromada que, tralo seu exilio uruguaio, hoxe descansa no Gaiás— e os corpos esculpidos dun Curros Enríquez que loce na Coruña, da Virxe de Guadalupe encargada por Ánxel Baltar para erguerse en Tanxil (Rianxo) ou ese monumento a San Francisco que pode verse en Santiago, un Francisco de Asís que, en óleo e máis miúdo ca o feito para Lugo, asoma no retrato que Felipe Criado pintou do escultor no seu taller na rúa de Santa Clara, coas torres da catedral ao fondo, trala xanela, esas torres barrocas que escoltan os flancos do Pórtico románico de Mateo…


Imaxe: Retrato Francisco Asorey (1957). Obra de Felipe Criado. Óleo sobre lienzo, conservado na Facultade de Xeografía e Historia da Universidade de Santiago de Compostela.

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