Universo Universal
Por Antonio Pardines
Al conde de Montecristo lo habían condenado sus antiguos socios. Por sus declaraciones fue acusado y encontrado culpable, encerrado y olvidado. Pero logró escapar e inició su venganza. Qué duda cabe de que este sea uno de los temas recurrentes de la literatura y del cine, como también lo es la soledad del encierro y de quien se condena a ser un vengador. Uno de los mejores ejemplos cinematográficos lo encuentro en Muñecos infernales (The Devil Doll, 1936), obra de Tod Browning y producida por MGM —la major que metió el tijereteado a su obra maestra Freaks (1932)—, quizás uno de los mejores cineastas en abordar al ser humano desde una perspectiva que no ocultaba la ambigüedad humana, en la que el monstruo se oculta bajo la normalidad. Browning fue uno de los directores que trabajó para Universal en su creación de un universo de terror por donde deambulaban desde la momia hasta la novia de la criatura, pasando por el inolvidable hombre invisible interpretado por Claude Rains y por su ausencia corpórea. Browning aportó su Drácula (1931) por la misma época que James Whale hacía lo propio con la criatura de Victor Frankenstein a quien inmortalizó Boris Karloff.
En La zíngara y los monstruos/La mansión de Frankenstein (House of Frankenstein, 1944) ni uno ni otro se encuentra detrás de las cámaras, lo cual se nota, aunque la película de Erle C. Kenton —suya es una de las mejores versiones de La isla del doctor Moreau— tiene sus momentos. Esta producción Universal, de cuando el ciclo de terror estaba más que exprimido por parte del estudio, encuentra su atractivo y su punto cómico en el despertar a los populares monstruos y cruzarlos en una misma historia, la que protagonizan el vengativo doctor Niemann (Boris Karloff) y Daniel (J. Carrol Naish), su fiel y jorobado criado. Así que resucitar a Drácula (John Carradine), a la criatura y al hombre lobo (Lon Chaney, Jr.) sería algo así como intentar hacerlo con ese ciclo moribundo desde finales de la década de 1930, un ciclo que, en la actualidad, puede resultar inocente porque ya lo somos menos —aquella generación todavía era virgen de cámaras de gas y de bombas atómicas—, pero también un indicador de que nada original hay en los nuevos universos y franquicias, las tipo Marvel o DC, que toman a sus personajes de cómic y los cruzan en espacios digitales que se encuentran a años luz de la artesanía decorativa y luminosa de los lugares por donde campaban y aterrorizaban aquellos monstruos, algunos de los cuales eran humanos y de buena planta…

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