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Fragmentos de nada: la ronca suavidad de mundos en ruinas




Fragmentos de nada: la ronca suavidad de mundos en ruinas


Por Antonio Pardines



Escucho en la distancia el maullido de un gato y el rugir de una locomotora que se aleja y se acerca. ¿Viene el tren? No lo tengo claro. As Burgas y el fluir de su agua cálida me desorientan. Brota de las entrañas como letras que imitan el dolor y la desesperanza, allí donde antes hubo espera. ¿Y ahora? Vapor. Corre el alcohol que ni el desamor limpia. Suena el desencanto, la rebeldía; la lucidez del testigo herido se hace rock. Suenan Los Suaves. Afirman que Dolores se llamaba Lola. No es una sentencia ni un sonido hueco. No hay vacío ni prostitución en su cantar a la dignidad desheredada. Se escucha un canto de derrota cotidiana. Vidas en el lodazal, más que en las rutinas grises de quienes recorremos cotidianidades más amables, y puede que más somníferas. Y a pesar de la desesperación, que rima en la distancia que separa el escenario de la vida, no abandonan la esperanza de que un día, quizás mañana, quizás el que otros vean, mejorará la canción. Por ello, desesperan. Hay llanto en la letra, pasión y compasión. Hay Palabras para Julia (José Agustín Goytisolo), el recuerdo para el amigo cuando la música termina, letras que nacen de la existencia, del mirar de cara, del hablar a las claras. No hay un me planto, hay un caminar entre los bares, las calles y las vidas que se cuentan a través de una voz ronca, de la guitarra rasgada y la percusión que acompaña un viaje por acordes, maldiciones, rotos, descosidos y canciones…

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