Ir al contenido principal

Tres en un sofá (1966)


En apariencia, el Jerry Lewis de Tres en un sofá (Three on a Couch, 1966) cambia a su personaje, a quien concede orgullo, tal como indica su apellido, y seguridad en sí mismo. No se trata de una seguridad chulesca tal cual la exhibida por Buddy Love, su Hyde en El profesor chiflado (The Nutty Professor, 1963), pero sí una que le distancia del joven tímido, infantil, soñador y algo torpe que, en su disposición a ayudar, crea caos en el orden del mundo adulto. Ese personaje inseguro asoma en películas como El terror de las chicas (The Ladies Man, 1963) o Jerry Calamidad (The Patsy, 1964), pero no tiene cabida en Tres en un sofá, cuyo protagonista es un triunfador; al menos Lewis lo presenta tras ser premiado con diez mil dólares y una estancia en París, donde debe pintar un mural como parte del concurso artístico que ha ganado. Es algo inusual hasta entonces en el cine del director de El botones (The Bellboy, 1960). Ahora son tres chicas las que se muestran inseguras, aunque más que de inseguridad se trata de una neurosis que nace de sus relaciones con los hombres, a quienes rechazan debido a los engaños sufridos. Digo en apariencia, porque el personaje del cómico sigue siendo una vía que posibilita al Lewis director (en este film no es autor del guion) ir más allá de lo aparente. Desde él, crea otros tipos que posibilitan a Chris el engaño que pretende llevar a cabo para curar a las tres muchachas, pacientes de la doctora Elizabeth Acord (Janet Leigh), su prometida y quien se niega acompañarle a París porque no puede dejarlas a su suerte. Se comprende que Chris/Lewis no lo hace de modo generoso, como si lo hacían sus personajes anteriores, que nunca esperan obtener nada a cambio de su entrega a los demás. En Tres en un sofá eso cambia y el personaje emplea el engaño para sanar a las tres jóvenes de sus desengaños; lo cual no deja de ser contradictorio, pero cotidiano en la vida corriente: la mentira como media para lograr una meta. Lo que permanece inalterable es la idea que se repite en el cine de Lewis, los varios rostros que asume su personaje, insistiendo en el individuo poliédrico, varias caras de un mismo rostro, que le posibilita jugar con la personalidad… Así, en Tres en un sofá, Lewis invierte en orden para continuar creando desorden, pues, a pesar de que conceda a su personaje ser un tipo de éxito y seguro de sí, le obliga a hacerse pasar por tres personajes que, cada uno a su manera, son patosos y le posibilitan desarrollar su comedia, repleta de gags que remiten al caos y a la idea del desdoblamiento; es decir, a la personalidad poliédrica del individuo representado en el personaje, que engaña y crea, partiendo del deseo de las tres pacientes, el mismo número de reflejos de sí mismo con el fin de lograr su objetivo: que es el de apartar a la doctora de su trabajo, para que esté con él…



Comentarios

Entradas populares de este blog

Sucker Punch (2010)

Una alternativa de la realidad Por Antonio Pardines Una de las ideas expuestas por Zach Snyder en Sucker Punch (2010) nos dice que la libertad se genera y se alcanza en la mente, pero el realizador no profundiza en aquello que insinúa y se recrea en el artificio audiovisual que solapa la idea central del film. Condicionada por aquello que el pensamiento fantasea y modifica según los conocimientos adquiridos, la imaginación es la vía de acceso al estado idealizado por la protagonista, un estado para ella real y que plantea interrogantes como ¿qué es fantasía y qué es realidad? ¿Dónde empieza la una y termina la otra? ¿O quién las delimita? Para Baby Doll ( Emily Browning ) la realidad es el gris encierro que sufre antes y durante su estancia en el centro psiquiátrico que su mente transforma en el colorido físico y musical donde sumerge su mente para alcanzar la libertad. Tanto en el espacio opresivo donde vive su encierro como en aquel otro que ella transforma en fantasía prima el bar...

Honor de cavalleria (2006)

Hay que ser quijotesco para pretender trasladar a la pantalla el clásico universal escrito por Miguel De Cervantes , pero, quizá, resulta más quijotesco tomar a sus dos personajes principales y realizar o filmar fragmentos de su monotonía, fragmentos que se unen y que, en su sucesión, establecen la conexión entre la naturaleza y el ser humano, fragmentos que captan vida, comedia y drama (así los interpreto), fragmentos en los que parece no suceder nada, y sin embargo sucede la no aventura, los tiempos muertos y, para quien conecte con ellos (supongo que seremos minoría), estos entretienen. Albert Serra  crea sus propios Quijote ( Lluís Carbó ) y Sancho ( Lluís Serrat ) y los ubica en un espacio abierto natural, rodeados de sonidos, de iluminación natural, golpeados por el viento o refrescando sus cuerpos en corrientes fluviales. Son dos personajes silenciosos, prácticamente los únicos que asoman en las imágenes en las que Sancho guarda silencio mientras escucha como el caba...

Posición avanzada (1965)

Como narrador cinematográfico, Pedro Lazaga era muy bueno; el mejor ejemplo bien podría ser Cuerda de presos (1955), su película preferida, pero un fracaso comercial que le decantó hacia un tipo de cine de consumo fácil. Otro cantar es si aprovechó o desaprovechó su talento en películas y temas que, en su mayoría, estaban destinados a todos los públicos, es decir, a no tener el menor encontronazo con la censura y a hacer buenas taquillas. No era una cuestión de ego ni de política, carecía de las pretensiones de renovar el cine español que podrían encontrarse en un tipo Portabella o Saura, o ideológicas a lo Bardem. Tampoco perseguía un humorismo combativo y berlanguiano ni la suya era la pronunciada personalidad cinematográfica de un Regueiro, por no insistir en que Buñuel solo hubo uno y ese grandísimo “uno” rodó casi toda su filmografía fuera de España. Menos aún pretendía pasar por “autor”. Pero autor ¿de qué?, en una cinematografía controlada por la censura y, como cualquier otra, ...