Recuerdo la secuencia en Las vacaciones del señor Hulot (Les vacances de m. Hulot, Jacques Tati, 1953) en la que una barca se dobla por la mitad y continúa su avance por el agua, a escasos metros de los bañistas. Parece la cabeza de un gigantesco tiburón blanco y asusta a los turistas. Es un momento de comicidad que se opone al suspense y al terror que dos décadas después recorrerá las aguas de las playas de Tiburón (Jaws, 1975). El gag de Tati también tiene fondo musical, pero al ser parte de la broma del cómico francés no pretende agudizar la tensión como sí hacen las ya míticas notas musicales de John Williams que preceden al ataque del escualo que recorre las aguas que bañan el pueblo isleño donde Steven Spielberg ubica esta entretenida producción veraniega, que levantó y levanta pasiones entre un amplio sector de consumidores de palomitas y de aficionados a los sustos previsibles, también entre las mentes que encuentran en la postura del alcalde, y de otras fuerzas vivas de la localidad, una oportunidad para hablar sobre el turismo, seguridad o negocio. Negocio, lo que se dice uno lucrativo, fue la propia película, que junto títulos como Star Wars (George Lucas, 1977) y Desmadre a la americana (National Lampoon’s Animal House, John Landis, 1978) arrasaron las taquillas y agudizaron el infantilismo en el cine de Hollywood, creando un antes y un después industrial y cinematográfico. Siguiendo el hilo de mi necio razonamiento, diré que la mejor época para el infantilismo es la infancia, una época de la vida en la que se disfruta la playa y el mar. Eso no quiere decir que sea de su exclusiva, ya que también gustan a las familias, a los turistas y a ese tiburón que ha llegado a las costas de Amity Island.
Una alternativa de la realidad Por Antonio Pardines Una de las ideas expuestas por Zach Snyder en Sucker Punch (2010) nos dice que la libertad se genera y se alcanza en la mente, pero el realizador no profundiza en aquello que insinúa y se recrea en el artificio audiovisual que solapa la idea central del film. Condicionada por aquello que el pensamiento fantasea y modifica según los conocimientos adquiridos, la imaginación es la vía de acceso al estado idealizado por la protagonista, un estado para ella real y que plantea interrogantes como ¿qué es fantasía y qué es realidad? ¿Dónde empieza la una y termina la otra? ¿O quién las delimita? Para Baby Doll ( Emily Browning ) la realidad es el gris encierro que sufre antes y durante su estancia en el centro psiquiátrico que su mente transforma en el colorido físico y musical donde sumerge su mente para alcanzar la libertad. Tanto en el espacio opresivo donde vive su encierro como en aquel otro que ella transforma en fantasía prima el bar...




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