La revolución rusa, 1917, y la posterior guerra civil impusieron el nuevo orden político-social desde la fuerza, pero las ideas sobre las que se sustentaba el leninismo tenían que enraizar en la población y, amén de las purgas realizadas y silenciadas por el “terror rojo”, el cine era el medio ideal para transmitirlas e imponerlas entre la masa campesina y obrera; por aquel entonces, un elevado porcentaje de la población era analfabeta. Así, pues, la capacidad propagandística del medio visual convenció al gobierno estatal para potenciar y liberalizar una industria cinematográfica apenas existente y, como consecuencia, durante la década de 1920, el cine soviético experimentó su auge, el de mayor esplendor de su historia —con permiso de los cineastas que destacaron durante el “deshielo”—, que en buena medida fue debido a la aparición de directores del talento de Kuleshov, Vertov, Eisenstein, Pudovkin o Dovzhenko, responsables de películas fundamentales en el desarrollo técnico (montaje) y simbólico (en la poética de las imágenes). Deudora de aquel momento, Tempestad sobre Asia (Potomok Chingis-Khana, 1927) posee un evidente mensaje politizado, aunque, a estas alturas, dicha cuestión carece de relevancia. Lo que sí importa es el montaje que Vsevolod Pudovkin empleó como parte esencial de la acción, pues permite la rápida sucesión de los hechos que a la postre desencadenan la tempestad a la que alude el título de esta producción que tiene como protagonista a un descendiente directo de Genghis Khan.
Una alternativa de la realidad Por Antonio Pardines Una de las ideas expuestas por Zach Snyder en Sucker Punch (2010) nos dice que la libertad se genera y se alcanza en la mente, pero el realizador no profundiza en aquello que insinúa y se recrea en el artificio audiovisual que solapa la idea central del film. Condicionada por aquello que el pensamiento fantasea y modifica según los conocimientos adquiridos, la imaginación es la vía de acceso al estado idealizado por la protagonista, un estado para ella real y que plantea interrogantes como ¿qué es fantasía y qué es realidad? ¿Dónde empieza la una y termina la otra? ¿O quién las delimita? Para Baby Doll ( Emily Browning ) la realidad es el gris encierro que sufre antes y durante su estancia en el centro psiquiátrico que su mente transforma en el colorido físico y musical donde sumerge su mente para alcanzar la libertad. Tanto en el espacio opresivo donde vive su encierro como en aquel otro que ella transforma en fantasía prima el bar...



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Cathe