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Fuga de Alcatraz (1979)



<<Nadie nunca ha logrado fugarse de Alcatraz, ni nadie lo logrará>>, le asegura el alcaide Warden (Patrick McGoohan) a Frank Morris (Clint Eastwood) en su primer encuentro. Esta negación no altera el comportamiento de un hombre que desde que puso los pies sobre la roca no ha dejado de pensar en un modo de evadirse. Sus primeros contactos con su nuevo hogar le indican que se muestre cauto, que observe y estudie todo cuanto le rodea, que compruebe y descubra posibilidades que le permitan idear un plan. Los primeros minutos de Fuga de Alcatraz (Escape from Alcatraz, 1979) presentan la personalidad de Frank y su toma de contacto con la prisión y con quienes se convertirán en sus amigos y enemigos. El patio de la cárcel es el mejor lugar para conocer sin llamar la atención, a Morris no le interesa meterse en líos, pero demuestra que sabe defenderse cuando Lobo (Bruce M.Fischer), en un lugar más húmedo, intenta seducirle porque necesita nuevo mancebo, así pues ya se ha ganado un enemigo de por vida carcelaria, un hombre que no olvida y que ha puesto en su lista de tareas cargarse a Frank Morris. Morris continúa observando, descubre en el comedor a Litmus (Frank Ronzio), aquel que puede proporcionarle cuanto necesite a cambio de sus postres, alimentando a su pequeño e inseparable ratón. En el patio comprueba el talento del viejo Doc (Roberts Blossom), para quien la pintura es su razón de ser, sin ella nada valdría la pena. Su primer contacto con English (Paul Benjamin) se produce en la biblioteca, allí escucha a ese hombre que ha asumido que jamás saldrá de un lugar al que le han condenado por el color de su piel. Todos los descubrimientos de Frank se resumen en uno: Alcatraz mata todo atisbo de esperanza. La Roca es un lugar para callar y acatar las órdenes de un alcaide que utiliza la mano dura como herramienta de trabajo, un tipo que no premia la buena conducta y que no cuenta con la opinión de los reclusos, para él no son más que escoria que hay que mantener alejada de la sociedad. Los métodos de Warden rozan lo inhumano, su normas están claras, los presos no tienen más que dos privilegios: pueden hablar entre ellos y pueden trabajar si se lo ganan. De este modo, Frank descubrirá en su propia piel la existencia de un bloque de castigo en el que se maltrata a quienes incumplen las normas del alcaide. La película avanza y aún no ha encontrado un modo de fugarse, lo que sí encuentra es un nuevo vecino de celda, Charley Butts (Larry Hankin), cuyo miedo parece relajarse gracias a la presencia de Frank. Sólo faltan los hermanos Anglin, John (Fred Ward) y Clarence (Jack Thibeau), para que Fuga de Alcatraz tome un nuevo rumbo. Tras la llegada de sus futuros compañeros de fuga, Frank descubre una posibilidad muy remota, pero, al fin y al cabo, es su oportunidad, la única que tienen. La acción que se desarrolla a partir de entonces se presenta como una lucha contrarreloj y contra los posibles imprevistos que podrían dar al traste con un plan que deben desarrollar a la perfección, si pretenden tener alguna opción. Necesitan materiales que deben conseguir empleando cualquier medio que se encuentre a su alcance, también necesitan trabajar duro y cubrirse las espaldas ante la siempre amenazante presencia de los carceleros. Sin embargo, Donald Siegel no pierde de vista la relación de Morris con todo cuanto le rodea, así pues, Frank Morris observa situaciones que le tientan a perder la cautela que ha demostrado hasta ese momento, la tensión se dispara y Fuga de Alcatraz acelera un ritmo que ya no permite la vuelta atrás; quien observa las imágenes queda atrapado dentro de ese suspense entretejido con gran habilidad y maestría por Siegel, que la convierte en la mejor o una de las mejores películas de fugas, un film que no flojea ni un sólo instante y que fue un excelente broche de oro para la fructífera relación profesional surgida entre Don Siegel y Clint Eastwood.

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