Mientras Byron Haskin esboza la historia de amor de estos personajes, el ejército estadounidense es destruido, y las escasas tropas que han sobrevivido se repliegan, lo mismo sucede en otros países; resulta curioso que no se nombre a ninguno del otro lado del telón de acero, omisión que lleva a pensar que los marcianos son selectivos a la hora de atacar. Por esa manía de seleccionar al territorio norteamericano como principal damnificado a la hora de un ataque extraterrestre, Los Ángeles vive una experiencia cinematográfica que sufrirá en otras ocasiones. ¡La ciudad se encuentra amenazada! ¡El caos se desata en las calles! ¡La población ha perdido el norte! ¡Sálvese quien pueda! Necesitarían a un tipo como Will Smith para sentirse seguros, pero por desgracia para ellos el héroe de Independence Day (Roland Emmerich, 1996) todavía no es proyecto de embrión. Pero quien sí está es Forrester, en quien también habita un esbozo de héroe; este tipo no desiste y, aunque no pertenezca a la resistencia de V, mantiene la esperanza de poder descubrir esa debilidad marciana que permita a la humanidad sobrevivir un día más. La novela homónima escrita por H. G. Wells —que empeñaba la ciencia-ficción para apuntar y criticar otro conflicto de la realidad— fue una de las madres de este tipo de producciones, y la inspiradora para la película de Haskin, cuya acción se traslada a California en los primeros años cincuenta del siglo XX; donde una pequeña población descubre un meteoro que no lo es, pues es otra cosa: una nave marciana diseñada por un equipo artístico que carecía de presupuesto y de tecnologías que le permitiesen hacer realidad muchas de sus ideas, y que sin embargo realizaron un trabajo sensacional que ayudó a que La Guerra de los Mundos de Byron Haskin y George Pal (en labores de producción) se convirtiese en una película con encanto, y una excelente muestra de la ciencia-ficción anterior a 2001, una odisea del espacio (2001: A Space Odyssey, Stanley Kubrick, 1968) y a otra guerra muy famosa, desarrollada en una galaxia muy, muy lejana que permitiría a la humanidad relajarse y tomar unas cuantas palomitas mientras disfrutaba contemplando una lucha que se trasladaba a otros planetas, sin tener la sensación de que los extraterrestre viniesen de detrás del telón de acero.
Una alternativa de la realidad Por Antonio Pardines Una de las ideas expuestas por Zach Snyder en Sucker Punch (2010) nos dice que la libertad se genera y se alcanza en la mente, pero el realizador no profundiza en aquello que insinúa y se recrea en el artificio audiovisual que solapa la idea central del film. Condicionada por aquello que el pensamiento fantasea y modifica según los conocimientos adquiridos, la imaginación es la vía de acceso al estado idealizado por la protagonista, un estado para ella real y que plantea interrogantes como ¿qué es fantasía y qué es realidad? ¿Dónde empieza la una y termina la otra? ¿O quién las delimita? Para Baby Doll ( Emily Browning ) la realidad es el gris encierro que sufre antes y durante su estancia en el centro psiquiátrico que su mente transforma en el colorido físico y musical donde sumerge su mente para alcanzar la libertad. Tanto en el espacio opresivo donde vive su encierro como en aquel otro que ella transforma en fantasía prima el bar...



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