Ir al contenido principal

Atrapa a un ladrón (1955)



La Costa Azul sirvió a Alfred Hitchcock como idílico marco geográfico para desarrollar la acción de Atrapa a un ladrón (To Catch a Thief, 1955), una excelente y entretenida producción en la que, de nuevo, su falso culpable se encuentra en una peligrosa situación que altera su existencia. Para dar vida al falso culpable contó con Cary Grant, el actor en quien Hitchcock enfocó cuanto le gustaría ser, y que emparejó con Grace Kelly, con permiso de Ingrid Bergman su rubia favorita, actriz que poco tiempo después abandonaría el cine, un retiro que afectó profundamente a un director obsesivo y genial. John Robie (Cary Grant), también conocido como el gato, es un tipo elegante, acostumbrado a la buena vida, con un pasado que se presenta en su mansión tras una serie de robos de joyas, que tanto la policía como sus antiguos camaradas le achacan sin posibilidad de que crean en su inocencia. Robie, una y otra vez, niega las evidencias circunstanciales que le acusan. Insiste en que él no ha sido, que se ha mantenido limpio desde que le concedieron la libertad como recompensa por sus heroicidades durante La Segunda Guerra Mundial. Pero ¿quién va a creerle, si los robos llevan su firma? Su apacible existencia da paso a una situación que se le escapa de las manos, porque las apariencias desmienten sus palabras de inocencia. La única idea que se le ocurre para demostrar que dice la verdad consiste en atrapar al auténtico ladrón antes de que la policía o sus antiguos compinches de la resistencia le atrapen a él. Sin embargo, necesita ayuda, y, a pesar del riesgo que significa, acude a ver a un viejo camarada, Bertani (Charles Vanel), que le pone en contacto con el representante de la compañía que ha asegurado la mayoría de las joyas que han sido robadas, H.H.Hughson (John Williams), quien se convierte en colaborador a la fuerza, porque Robie es la única esperanza para atrapar a un ladrón que está arruinando a la aseguradora. Tras obtener la información que Hughson posee y él precisa, John Robie se hace pasar por quien no es para poder acceder a las futuras víctimas del nuevo gato. Su nueva identidad le ofrece la oportunidad de conocer a la multimillonaria Jessie Stevens (Jessie Royce Landis) y a su hija, Frances (Grace Kelly), una mujer que le desconcierta y atrae a partes iguales; y que se propone atraparle, porque ha descubierto quien es en realidad y se ha encaprichado de él. Esta bella mujer descubre en Robie a alguien con quien divertirse y con quien vivir momentos emocionantes, que le apartarían de su habitual desidia y de sus habituales conquistas. Sin embargo, el robo de las joyas de su madre le hace cambiar de opinión, ya no desea atraparle para sus juegos, sino para entregarle a la policía. Una vez más Alfred Hitchcock propuso al espectador un film de suspense, pero en esta ocasión, como pasaría cuatro años más tarde en Con la muerte en los talones, menos angustioso y más divertido que otras de sus magníficas propuestas, una película que permite descubrir sus obsesiones y constantes desde una perspectiva tan agradable como la Costa Azul.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Sucker Punch (2010)

Una alternativa de la realidad Por Antonio Pardines Una de las ideas expuestas por Zach Snyder en Sucker Punch (2010) nos dice que la libertad se genera y se alcanza en la mente, pero el realizador no profundiza en aquello que insinúa y se recrea en el artificio audiovisual que solapa la idea central del film. Condicionada por aquello que el pensamiento fantasea y modifica según los conocimientos adquiridos, la imaginación es la vía de acceso al estado idealizado por la protagonista, un estado para ella real y que plantea interrogantes como ¿qué es fantasía y qué es realidad? ¿Dónde empieza la una y termina la otra? ¿O quién las delimita? Para Baby Doll ( Emily Browning ) la realidad es el gris encierro que sufre antes y durante su estancia en el centro psiquiátrico que su mente transforma en el colorido físico y musical donde sumerge su mente para alcanzar la libertad. Tanto en el espacio opresivo donde vive su encierro como en aquel otro que ella transforma en fantasía prima el bar...

Honor de cavalleria (2006)

Hay que ser quijotesco para pretender trasladar a la pantalla el clásico universal escrito por Miguel De Cervantes , pero, quizá, resulta más quijotesco tomar a sus dos personajes principales y realizar o filmar fragmentos de su monotonía, fragmentos que se unen y que, en su sucesión, establecen la conexión entre la naturaleza y el ser humano, fragmentos que captan vida, comedia y drama (así los interpreto), fragmentos en los que parece no suceder nada, y sin embargo sucede la no aventura, los tiempos muertos y, para quien conecte con ellos (supongo que seremos minoría), estos entretienen. Albert Serra  crea sus propios Quijote ( Lluís Carbó ) y Sancho ( Lluís Serrat ) y los ubica en un espacio abierto natural, rodeados de sonidos, de iluminación natural, golpeados por el viento o refrescando sus cuerpos en corrientes fluviales. Son dos personajes silenciosos, prácticamente los únicos que asoman en las imágenes en las que Sancho guarda silencio mientras escucha como el caba...

El sendero de la traición (1988)

Ismos prematrimoniales Por Antonio Pardines Una de las características del cine de Costa-Gavras es el adentrarse en espacios y en situaciones que desvelan el abuso ya sea de un Estado o de un grupo de poder. Y sus películas suelen funcionar como manifiestos cinematográficos que no temen señalar desmanes y crímenes, sobre todo aquellas en las que contó en el guion con la colaboración de Jorge Semprún y de Franco Solinas, dos escritores igual de comprometidos y con quienes trabajó durante su primera época. Ya considerado uno de los grandes del «cine político», gracias a Z (1969), La confesión ( L’aveu , 1970) y Estado de sitio ( État de siège , 1972), su popularidad se disparó tras el éxito de la espléndida crónica realizada sobre el golpe de estado de los militares chilenos en 1973 y la posterior represión en Desaparecido ( Missing , 1982), cuyo guion corrió a cargo de Donald E. Stewart, que adaptaba el libro homónimo de Thomas Hauser. Más adelante, cuando regresó al cine de habla i...