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Origen (2010)



Las ideas y la realidad sensible siempre han dado juego, ya lo hicieron con aquel poeta griego que pasó a la historia como filósofo discípulo de quien no escribió una sola línea de su filosofía. En el cine también se habla de ideas y realidades, de fantasías y de otras cuestiones que pueden encontrarse en películas como Origen (Inception, 2010), que, aparte de generar ingresos, permiten la sensación o el espejismo de que el público puede pensarla, es decir, que sienta la sensación de que existe algo más que pocas nueces en el cine de mucho ruido; y que la inteligencia o su apariencia no tiene que encontrarse reñida con el cine espectáculo ni con los gustos mayoritarios. ¿Es posible? Diré que solo sé que no sé nada o que lo único que sé es que lo que se necesita para alcanzar la combinación “ideal” sería introducir la idea en la mente de los creadores, una semilla que permitiese encontrar esa buena historia y ese director de talento que supiese lo que se trae entre manos, y que así pueda rodarla desde una perspectiva inteligente, entretenida y ¿por qué no? a su gusto y no al de individuos ajenos a la idea en sí. Tampoco se debe olvidar de contar con buenos actores, que puedan hacer que los personajes no parezcan arquetipos mil veces vistos. Así, pues, existe la idea, desarrollada y filmada por Christopher Nolan, doble función que le permitió conocer en todo momento lo que se proponía y cómo hacerlo, pues es el creador del artificio. Tienen a Leonardo Dicaprio, quien, con los años, ha mejorado en eso que se llama actuar, lejos de aquel personaje de Titanic (James Cameron, 1997). Él será el protagonista principal, pero no puede actuar solo, necesita un equipo de expertos que le ayuden a llevar a buen puerto la idea que se quiere introducir en la mente de alguien que la desconoce y que la hará suya; algo que por otro lado resultaría sencillo, pues el pensamiento se deriva del contacto con aquello que rodea al individuo. Pero regresando al equipo de Inception, son expertos, pero tienen poco tiempo para llevar a cabo la misión que les propone Saito (Ken Watanabe) y que Cobb acepta porque le permitiría regresar al lado de sus hijos, siempre y cuando todo lo que se plantea sea real, pues quién puede saber si Cobb vive prisionero en su propio sueño. Origen es la idea matriz, esa idea que se debe sembrar en lo más profundo de la mente de Robert Fischer (Cillian Murphy), una semilla imposible, que tan sólo Cobb ha podido desarrollar con anterioridad, cuando la introdujo en la mente de Mal (Marion Cotillard), su esposa, un recuerdo que reaparece constantemente en su pensamiento y que podría poner en peligro esa misión que debe desarrollarse con una precisión perfecta. Así pues existen todos los ingredientes para ofrecer una excelente intriga, en la que cada espectador puede decidir su postura, ¿Cobb ha quedado atrapado en un mundo de su invención o por contra lo que se muestra es la realidad? Y si es real ¿por qué le advierte Arthur (Joseph Gordon-Levitt) a Ariadne (Ellen Page) que no debe dejar que nadie toque su totem, para así saber si se encuentra en la realidad o en un sueño, cuando Cobb usa el de su esposa y no el suyo? Muchas son las preguntas que podrían plantearse con una película de esta magnitud, pero lo mejor es la sensación que produce, esa fuerza que atrapa e introduce al espectador en varias dimensiones de sueños perfectamente acompasados, en los que se desarrolla gran parte de una trama trepidante y rodada para generar la impresión de que Origen es un entretenimiento inteligente, divertido y emocionante. ¿Lo es? Me refiero si se trata de una película que merece ser reconocida por un enfoque arriesgado dentro de una industria que apenas se arriesga o si solo es un espejismo, una idea que Nolan sabe introducir a partir de su habilidad para los puzzles infantiles y los juegos malabares con el montaje, la música, la ilusión de que nos transporta a varias capas, todas ellas superficiales, en las que introduce también emociones de cartón-piedra.

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