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Domingo de carnaval (1945)



Un asesinato en plenas fiestas, desde luego ya son ganas de fastidiar al comisario jefe, quien como buen mandamás decide delegar las responsabilidades en Matías (Fernando Fernán Gómez), su joven e inexperto ayudante, para así poder disfrutar del carnaval tal y como había pensado. ¿Por dónde empezar? Una recomendación del jefe: entrevistar a los testigos que han encontrado el cadáver. Una conclusión lógica: acudir al lugar de los hechos, allí podría conocer a los vecinos y podría buscar alguna pista en el piso de la señora Reme, la víctima, quien que se dedicaba a los prestamos a muy alto interés, circunstancia que pudo ser el móvil del crimen. Matías se acerca a esa calle madrileña abarrotada de gente que disfruta el ambiente carnavalesco de un modo muy tradicional, donde los gritos y las expresiones de las vendedoras y vendedores reclaman la atención de sus paisanos. El policía accede al edificio en compañía del portero (Manuel Requena), quien además de servirle de guía se convierte por voluntad propia en ayudante de la ley. Ambos hablan, exponen sus conocimientos sobre el caso, por este intercambio de palabras Matías descubre que el señor Nemesio (Joaquín Roa), uno de los vecinos, había amenazado a la Reme el víspera del homicidio, circunstancia que coloca al tal Nemesio entre los favoritos de un policía que, poco después, le observa entrar a hurtadillas en la casa de la víctima. El sospechoso se ve acorralado por la presencia del investigador profesional y por la del vocacional; no sabe qué decir, finalmente se decide y explica que él descubrió cadáver cuando entró en el piso la noche anterior, también dice que allí había alguien más, pero no pudo verlo; ese debe ser el asesino, porque él se declara inocente. Puede que sí o puede que no, parece pensar el comisario, ante la atónita mirada de Nieves (Conchita Montes), la hija del señor Nemesio, quien ha presenciado la escena y manifestado su disconformidad. La confesión de su padre la ha cogido desprevenida, no obstante sabe que dice la verdad. La férrea creencia en la inocencia de su padre le lleva a manifestarse, en todo momento, en contra de Matías, a quien parece aborrecer por esa manía de encerrar a su progenitor, quien para ella es totalmente inocente. Nieves no desiste, si el agente no cree lo que ha escuchado, ella lo demostrará, así pues, con la ayuda de la Julia (Julia Lajos), seguirá a otro sospechoso, un señorito que se ha presentado en el piso de la difunta, un tipo extraño, que se justificaba alegando que había ido a comprar un mueble. Este Gonzalo (Guillermo Marín), crápula empedernido, gusta de la buena vida, de las mujeres y de los locales de alterne, pero existe un pequeño problema, conoce el rostro de la Nieves. ¡Qué buena suerte! Es carnaval, periodo que permite ir disfrazado sin que a nadie le extrañe. Domingo de carnaval es una divertida intriga costumbrista escrita, producida y dirigida por Edgar Neville, quien optó por combinar suspense y humor en una historia en la que los personajes son el atractivo principal, unos seres populares, que podrían encontrarse en los primeros años del siglo XX por las calles de un Madrid, casi rural, mientras se festeja un fiesta tan popular como es el carnaval, que sirve para que el asesino pase desapercibido y que sea más costoso atraparle, para lo que será necesario presenciar escenas como el baile de máscaras, escuchar los diálogos y explicaciones de unos personajes muy peculiares y muy castizos o presenciar un entierro de la sardina que sirve de fin de fiesta para esta divertida intriga.

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