Fragmentos de nada: Aprehendiendo la espontaneidad Por Antonio Pardines Dos instantes cinematográficos me vienen a la mente ahora que pienso en libros que se queman. No son rebuscados, son para todos los públicos. El primero me trae la biblioteca en llamas de la abadía de El nombre de la rosa —la popular adaptación de la no menos conocida primera novela de Umberto Eco—. Se trata de un momento accidental que, por combustión, transforma los pensamientos que habitan las hojas en humo. Y el segundo me devuelve a Indiana Jones frente a las hogueras en el Berlín de la época nazi. Está siendo testigo de un acto programado para impactar a propios y extraños, tras el cual se percibe una declaración de intenciones. Las llamas, el papel ardiendo, los personajes, las situaciones dispares se confunden al pensarlas. Entonces presumo que reflexiono y divago. Me digo que la imagen de la Inquisición quemando libros —aunque al llamado Santo Oficio se le asocia más con la quema de personas, lo cual tamb...