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Fragmentos de nada: despertar

Fragmentos de nada: despertar

Por Antonio Pardines

Ignoraba que estaba dormido, que aquello era un sueño, puede que una pesadilla sobre la inmediatez. Por eso, cuando escuché <<¡Estoy de lo directo hasta los huevos! ¿Qué es directo?>>, y yo le respondí <<cuatro palabras o una frase simple que busca que no pienses, sino que asientas>>, no sospechaba que, al despertar, me diría que lo onírico y lo real no distaban (ni distan) tanto como suponía. Suspiré… Tras abandonar el reino de Morfeo, recuerdo que me froté los ojos, que se estaban adaptando al claroscuro, y que un pensamiento me rondaba y me repetía, sin apiadarse de mi estado todavía soñoliento, <<Así estamos>>. Sabía a qué se refería, puesto que no dejaba de ser una idea propia, pero tampoco me apetecía prestarle atención en aquel instante, antes de beber agua e ir al aseo. <<Qué pesado te pones>>, me recriminé, a lo que me respondí: <<te jodes>>. Así que me dejé ir y me planteé que si los textos fuesen tuits, ¿qué belleza podrían describir y contener? ¿La de una eyaculación (no) literaria precoz?>> <<¿Qué consideras un buen texto?>>, me dije inmediatamente antes de escucharme un cínico <<pero mira que eres tonto, preguntármelo a mí, que ya conoces mi respuesta>>. Un buen texto es aquel que te hace sentir algo más que estar ante una sucesión de palabras, es un diálogo, una sensación, una invitación… Es algo que te hace enfadar, reír, soñar, acariciar la hoja, reflexionar y tantas cosas más que pasan desapercibidas y que son inexistentes en un tuit, en un reel o en una fotografía para instagram. Un buen texto es una bofetada o una caricia. Ambas son universales, no exclusivas, todos buscamos las segundas, y todos acabamos por recibir las primeras, y también las damos. La cuestión es que un buen texto rompe la distancia, te envuelve y te acompaña en el instante de soledad de la lectura, el cual, precisamente por estar inmerso en las letras, aleja el estar y sentirse solo, aislado de mundo y de los otros…

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