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Monstruos, S. A. (2001)


¿Por qué funciona la animación Disney/Pixar? Porque no hurga ni profundiza. Toma emociones y sentimientos universales y los aleja del conflicto, del fango y de la herida para situarlos en el «para todos los públicos». No hay sufrimiento, salvo el espejismo que se desvanece poco después de que se produzca una situación dolorosa como la muerte de la madre de Bambi o la viudez del héroe de Up (2009). En Disney y también en Pixar predomina el chiste y la aventura, en algunas producciones la historia de amor; en la mayoría la de superación, un «más obstáculos por favor» del que sabemos que tendrá una conclusión feliz que dejará al público de todas las edades con buen sabor de boca. Al menos con un sabor que no resulte ni amargo ni triste, que anime a comprar sus productos o acudir al próximo estreno de las productoras. Pero, con la llegada de Pixar a la gran factoría de cine de animación y otros negocios, Disney experimentó un nuevo ritmo, digamos que algo más «canalla» o menos ñoño. Incluso Monstruos S. A. (Monsters, Inc., 2001), el primer largometraje Pixar del siglo XXI y el primero de la compañía no dirigido por John Lasseter, que asumió labores de productor ejecutivo, que en apariencia apuesta por lo cuqui, es un film bromista y algo gamberro, aunque sus gamberradas sean de una amabilidad prístina... 


Una de las directrices que el equipo dirigido por Pete Docter tuvo en cuenta fue la de no asustar demasiado, aunque los sustos sean el petróleo y la electricidad de su mundo. Y no asustan porque los ejecutivos de Disney pidieron que la película no provocase miedo, ya que si no, se corría el riesgo de que los niños no comprasen los peluches con los que pretenderían inundar el mercado de juguetes. Decía que apuesta por lo cuqui en los monstruosos, de modo que Docter, en su primer film como director, introduce a Boo, una niña de unos dos años que se cuela en la fábrica que da título a la película. Allí trabajan Mike y Sully, dos amigos que forman la mejor pareja del lugar, pues son los que más sustos logran acumular. Esa pequeña altera sus vidas, así como la de la ciudad monstruosa, reflejo de Nueva York, creando el caos que afecta a la factoría eléctrica cuya materia prima son los gritos infantiles de terror. Ahora son los monstruos quienes temen, pues se sabe que el contacto físico con los niños puede matarles, idea que genera el pánico urbano y la puesta en marcha de los equipos especiales que Sully y Mike deben esquivar mientras intentan devolver a Boo a su mundo humano. En este punto, la mentira institucionalizada funciona como verdad que rige la cotidianidad laboral y existencial de los trabajadores y de la población monstruosa. Es una mentira que funciona sin cuestionarse, es una herramienta de control que dirige y limita, pero los héroes y la pequeña heroína cambiarán el mundo de los monstruos para siempre…

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