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Corazón verde (1970)


Cualquier pobre de nacimiento no expresa «soy pobre». Lo es, lo sabe y lo vive. La pobreza es su cotidianidad, en ella crece, la conoce y le duele desde siempre; y probablemente siempre la habite. Sin embargo, cuando Henry Graham (Walter Matthau), asiduo a pasear a caballo y a conducir su Ferrari por las calles de Chicago, afirma «soy pobre» lo hace cabizbajo, consciente de que su tren de vida ya será otro. Será la condena vital que no quiere porque comprende que le aprisionará en espacios depresivos y le alejará de sus lugares lujosos, de sus gentes guapas, de su vocación de rico y de su labor de elegante y elitista vividor. Este es el personaje central de esta comedia escrita y dirigida por Elaine May, que debutaba así en la dirección. También coprotagoniza Corazón verde (A New Leaf, 1970), en la que su protagonista masculino, Graham, sufre la consecuencia lógica y financiera que depara el que los gastos excedan a los ingresos. Se queda sin blanca. Se ve arruinado y no tener dinero en Estados Unidos —y en cualquier parte del mundo— implica pobreza, marginalidad, el vestir trajes de saldo y el que no te dejen entrar en el club de ricos y debas ir al parroquial. Graham piensa en su tragedia, la de no tener para comer ni para mantener el acelerado ritmo de sus gastos personales…


«Soy pobre», suspira a la salida del banco. En su mente ya se instala la añoranza, por eso deambula su tristeza y su nostalgia por los lujosos y costosos lugares en los que fue feliz. Así llega a casa, triste, consciente de que todo ha acabado para él. Su mayordomo, antes de decirle que si no tiene dinero se irá en dos meses, le aconseja sabiamente, incluso le ofrece la solución y le empuja a ponerse en marcha. Harold (George Rose) le dice que resista, «que no sea pobre. Eso es lo último. Hágalo por su salud». Insiste con un «no abandone la lucha…», cuando observa que su empleador se muestra reacio a la solución matrimonial que le propone, la de casarse con una mujer rica que le resuelva la trágica situación en la que se encuentra, aunque, para ello, deba sacrificarse. Pero siempre será mejor casarse, incluso con alguien como Henrietta (Elaine May), que la opción del suicidio o la de ser un repudiado de los suyos; lo cual lo convertiría en paria, más aún, en un paria sin un centavo en el bolsillo…

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