Ir al contenido principal

El perfume y su fragancia literaria


El perfume y su fragancia literaria


Por Antonio Pardines


Los perfumes son tan antiguos como la historia, diría que incluso más y que ya en la prehistoria habría quien mezclase distintas sustancias para obtener un compuesto aromático y refrescante, tal como pueda serlo el agua de la mañana de San Juan. El primer líquido oloroso, también el segundo y el vigésimo octavo, desprenden aromas efímeros, excesivamente efímeros, de modo que se buscaron soluciones que aportasen eternidad o al menos una prolongación de sus cualidades aromáticas a las miles de combinaciones que llegaron después. Lo dicho solo es una sospecha, pues no hay nada escrito que lo corrobore. Mas un hecho es que el nombre de Tapputi, una mujer babilónica, aparece mencionada en letras cuneiformes acompañada de sus recetas aromáticas. Ella pasa por ser la primera perfumista documentada de la historia, pero no es la más famosa. Carecía de publicistas. Aunque los fantaseara, no podría tenerlos. Por entonces, más de un milenio antes de nuestra era, la publicidad no era siquiera un mal chiste, ni una idea con la que se distorsione la realidad a partir de la influencia de las imágenes, modelos y partituras nunca de creación original del anunciante. Ni en la época de Tapputi ni en la del marqués Muzio Frangipani, los anuncios invadirían la cotidianidad de los hombres y mujeres a la hora de comer, cenar o echar la siesta. Así, Tapputi no pudo alcanzar las ventas ni la fama de los fulanos y menganas que dieron sus nombres a los productos que cada Navidad —inexistente en la época de la perfumista babilónica—invaden nuestras casas a través de las pantallas. Entonces nos obligan a darnos a la fuga o a querer oler bien, que sería algo así como minimizar la realidad de nuestras feromonas y regalar a quienes más queremos olores que sustituyan a los suyos. Y es que de tanto quererles, queremos que huelan bien.


El perfume seduce con su fragancia y al tiempo oculta hedores, mas vale la pena lavarse antes y sentir el frescor del agua y el jabón. En la naturaleza, puede ser una trampa floral o una invitación a la libación. En ambos casos despierta los sentidos que en literatura se reducen a uno, desde el cual el cerebro se abre a la imaginación de colores, olores, sabores, texturas... y en algún lugar y momento que nos sitúe, sentiremos cómo un estímulo puede abrirnos todo un mundo donde ser creativos y sensitivos.


Se lee por los ojos, que siguen las letras y las líneas de los libros para comunicar al cerebro qué. Nos transmiten los datos suficientes para generarnos ideas, imágenes e impresiones, tanto emocionales como sensuales. Como los perfumes, los libros desprenden aromas. Pero no los sentimos, los imaginamos, creando así la sensación de ser organolépticos. Si a esto se le suma la ironía y la mezcla de distintas sustancias, cuya disolución resulta seductora y embriagadora, me veo leyendo El perfume, (1) un libro trampa, pues parece una cosa y es otra. Funciona en varias capas, como las tres épocas que señala —en pensamiento de Baldini— el escritor bávaro Patrick Süskind respecto a un perfume: «vive en el tiempo: tiene su juventud, su madurez y su vejez». La elaboración, que no fabricación, es artesanía e incluso puede ser arte cuando el líquido alcanza un aroma equilibrado, sutil, único, y eso es lo que no logra el buen Baldini, incapaz de crear, aunque sí pueda copiar o intentar plagiar. Hay libros y perfumes toscos y embrutecidos, mas este no es el caso ni de la novela de Süskind ni de los aromas que logra su protagonista: Jean-Baptiste Grenouille, un personaje que podría pasar por la mezcla de psicópata, pícaro, engendro, marginado, artista, genio y espejo, pues desde él se reflejan el resto de personajes y la propia sociedad, su egoísmo, su hipocresía, su hedor.


«Antonio Pardines es alguien que, de tanto estar con él, es incapaz de olerse, desconoce sus olores, sus aromas y sus hedores, así que serán otros quienes afirmen o nieguen su frescura o su ranciedad.»


(1) Patrick Süskind: El perfume. Historia de un asesino (traducción de Pilar Giralt Gorina). Editorial Planeta (Colección Clásicos Contemporáneos Internacionales), Barcelona, 1997.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Sucker Punch (2010)

Una de las ideas expuestas por Zach Snyder en Sucker Punch (2010) nos dice que la libertad se genera y se alcanza en la mente, pero el realizador no profundiza en aquello que insinúa y se recrea en el artificio audiovisual que solapa la idea central del film. Condicionada por aquello que el pensamiento fantasea y modifica según los conocimientos adquiridos, la imaginación es la vía de acceso al estado idealizado por la protagonista, un estado para ella real y que plantea interrogantes como ¿qué es fantasía y que es realidad? ¿Dónde empieza la una y termina la otra? ¿O quién las delimita? Para Baby Doll ( Emily Browning ) la realidad es el gris encierro que sufre antes y durante su estancia en el centro psiquiátrico que su mente transforma en el colorido físico y musical donde sumerge su mente para alcanzar la libertad. Tanto en el espacio opresivo donde vive su encierro como en aquel otro que ella transforma en fantasía prima el barroquismo formal de  Snyder , quien parece sentir...

Honor de cavalleria (2006)

Hay que ser quijotesco para pretender trasladar a la pantalla el clásico universal escrito por Miguel De Cervantes , pero, quizá, resulta más quijotesco tomar a sus dos personajes principales y realizar o filmar fragmentos de su monotonía, fragmentos que se unen y que, en su sucesión, establecen la conexión entre la naturaleza y el ser humano, fragmentos que captan vida, comedia y drama (así los interpreto), fragmentos en los que parece no suceder nada, y sin embargo sucede la no aventura, los tiempos muertos y, para quien conecte con ellos (supongo que seremos minoría), estos entretienen. Albert Serra  crea sus propios Quijote ( Lluís Carbó ) y Sancho ( Lluís Serrat ) y los ubica en un espacio abierto natural, rodeados de sonidos, de iluminación natural, golpeados por el viento o refrescando sus cuerpos en corrientes fluviales. Son dos personajes silenciosos, prácticamente los únicos que asoman en las imágenes en las que Sancho guarda silencio mientras escucha como el caba...

Posición avanzada (1965)

Como narrador cinematográfico, Pedro Lazaga era muy bueno; el mejor ejemplo bien podría ser Cuerda de presos (1955), su película preferida, pero un fracaso comercial que le decantó hacia un tipo de cine de consumo fácil. Otro cantar es si aprovechó o desaprovechó su talento en películas y temas que, en su mayoría, estaban destinados a todos los públicos, es decir, a no tener el menor encontronazo con la censura y a hacer buenas taquillas. No era una cuestión de ego ni de política, carecía de las pretensiones de renovar el cine español que podrían encontrarse en un tipo Portabella o Saura, o ideológicas a lo Bardem. Tampoco perseguía un humorismo combativo y berlanguiano ni la suya era la pronunciada personalidad cinematográfica de un Regueiro, por no insistir en que Buñuel solo hubo uno y ese grandísimo “uno” rodó casi toda su filmografía fuera de España. Menos aún pretendía pasar por “autor”. Pero autor ¿de qué?, en una cinematografía controlada por la censura y, como cualquier otra, ...