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En tierra de nadie (2001)


<<¿Quién empezó?>> es una pregunta que se hacen los dos antagonistas de En tierra de nadie (No Man’s Land, Denis Tanović, 2001), sin querer escuchar más respuesta que la que les justifique y les permita vivir (matar y morir en) el engaño de que cada uno de ellos pertenece a los buenos. Pero el conflicto de los Balcanes viene de lejos, de las distancias y las cercanías de culturas y etnias, de religiones y poderes que no han sabido convivir en paz e igualdad. De esa imposibilidad secular, a la que se añaden las consideradas cuentas pendientes, posibilita que los iluminados al mando, que ocultan sus verdaderos motivos, arenguen a unos y a otros para llevar al enfrentamiento que estalla tras la caída del comunismo. Y ni Nino (Rene Bitorajac) ni Ciki (Branko Djuric) tienen la perspectiva necesaria para comprenderlo. Se han dejado arrastrar no por la Historia, que esta la hacemos a posteriori y según intereses velados de cada momento, sino por la ignorancia y la manipulación. Ambos se descubren desorientados, en un tira y afloja que les acerca a los antagónicos de Infierno en el Pacifico (Hell in the Pacific, John Boorman, 1968) o a la fantasía Enemigo mío (Enemy Mine, Wolfgang Petersen, 1985). ¿Qué hacen ahí? ¿Quién de ellos podría decir porqué se despedazan unos y otros? ¿Por qué lo aceptan? Acaso, en calzoncillos, ¿no son similares y ninguna marca dice si son serbios, croatas, eslovenos, montenegrinos, macedonios o bosnios? ¿Cómo se inculca el odio? ¿A quién le interesa? A ellos, no, que son tipos corrientes obligados a estar ahí, aunque crean hacerlo por causas justas. Mas ¿qué es una causa justa? ¿Quién la establece justa? Las culpas son para el otro y así hasta que la bola de irracionalidad y bestialidad crece y los aplasta a todos. Tal vez por ello, para evitar un alud que Tanović personifica en sus antagónicos, el sargento de los cascos azules desoiga las órdenes y pretenda ayudar a ambos. Si no, ¿de qué valdría la presencia de las tropas internacionales? ¿Para curarse en salud y salir en las noticias? ¿Para que se vea la implicación de la comunidad política internacional? ¿Y si dicha presencia no deja de ser un cuento con el que se contenta al espectador que observa al otro lado de la pantalla? Nino y Ciki no pueden estar contentos, no son espectadores; son en la desesperación y son guerra. Pertenecen a la mayoría prescindible, tipos de usar y tirar por quienes ignoran que también ellos son efímeros; pues como mortales, el sistema los abandonará, como al tercer soldado en discordia, aquel condenado a morir en la inmovilidad sobre la mina, o los sustituirá cuando llegue su caducidad. Y entonces, ¿a qué jugamos…?

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