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Demasiado cálido para junio (1964)


Espías ante la inflación


Por Antonio Pardines


El cine es ante todo un negocio que apuesta sobre lo que considera seguro y esa seguridad se sostiene en no pocas ocasiones sobre un éxito comercial probado con anterioridad. Más o menos, así se explican las imitaciones, las series, las parodias, las secuelas y precuelas de una película o de un personaje popular como James Bond, cuyo paso de la literatura a la gran pantalla vino influido por el deambular irónico de Cary Grant en Con la muerte en los talones (North by Northwest, 1959). Esta, a su vez, encuentra su semilla en otro film de Alfred Hitchcock: Los 39 escalones (The 39 Steps, 1935). Pero el agente a imitar en los años 60, momento dulce de la cultura Pop, fue el 007, al que Ralph Thomas, en Demasiado cálido para junio (Hot Enough for June, 1964), da por muerto al inicio del film. Se trata de un instante de guiño y de burla hacia el agente más famoso del servicio secreto británico, el mismo servicio que engaña a Dirk Bogarde para que espíe para ellos en Praga —por entonces ciudad checoslovaca y al otro lado del telón de acero—. Bogarde, actor reconocido por su capacidad dramática, se subió al carro de la comedia de la mano de su amigo Ralph Thomas, quien lo dirigió en varios films cómicos que alejaban al intérprete de papeles más espinosos como los de Víctima (Victim, Basil Dearden, 1961), El sirviente (The Servant, Joseph Losey, 1963) o la posterior Muerte en Venecia (Morte a Venezia, Luchino Visconti, 1971). Así ingresaba en la lista de actores que daban vida a caricaturas e imitaciones paródicas de 007: James Coburn, dando vida a Derek Flint; Dean Martin, a Matt Helm; Tony LeBlanc, a un agente que señala el camino al desastre a los de la T.I.A.; Jean-Paul Belmondo, en El hombre de Río (L’Homme de Rio, Philippe de Broca, 1964); o el repertorio actoral de la primera “adaptación” cinematográfica de la novela de Ian Fleming Casino Royale…


Mientras contemplo la película me asalta un cruce de ideas o una idea de doble sentido, que me planta ante la línea que separa realidad y ficción, y me plantea cuál es cuál. La intuyo cuando pienso que Fleming pasa de ser un agente secreto en la realidad de la Segunda Guerra Mundial a escritor de ficción; al tiempo que el personaje de Bogarde empieza como escritor y se ve empujado al espionaje. Ahí se dan dos caminos reflejos: Fleming toma de su realidad para crear ficción incluso en su realidad; mientras que Bogarde se ve alejado de la ficción para descubrirse en una realidad a la que debe enfrentarse con los recursos una y otra vez vistos en las películas y novelas de espías. Y en esa circunstancia encuentra su sentido el uso del tópico en Demasiado cálido para junio, que fue la primera aportación de Thomas al subgénero de espionaje cómico. ¿O debería decir de espionaje burlesco? En todo caso, se trata de reírse de los tópicos insistiendo en ellos, pero también siendo elegantes e introduciendo un personaje como el de Robert Morley, que hace de jefe de espionaje, una especie de M cargado de la ironía caricaturesca que salva al film de ser peor que mediocre. Claro que no es el héroe de la película, este viste y calza el cuerpo de Bogarde, quien demostró que quería hacer comedia, mas no ser cómico. Quizás no podía serlo, en el sentido de un Peter Sellers o del mismo Morley, que se queda con los mejores momentos de esta aventura en plena Guerra Fría escrita por Lukas Heller, más afortunado en su asociación con Robert Aldrich, sin ir más lejos en la popular, rebelde y nihilista Doce del patíbulo (The Dirty Dozen, 1967). Para Bogarde este tipo de film era su vía de escape y su sustento económico, ya que sus papeles atormentados le aportaban más prestigio que dinero, del mismo modo que también le generaban mayor presión emocional y le exigían mayor esfuerzo que adentrarse de la mano de Thomas en la comedia amable.

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