Ir al contenido principal

Fragmentos de nada: mi Rubicón encadenado



Fragmentos de nada: mi Rubicón encadenado


Por Antonio Pardines


Con el libro Vidas paralelas (1) de Plutarco en la mano pienso que nunca he dejado de tener los pies en la tierra ni la cabeza sobre los hombros, aunque a veces se me haya ido un poco la pinza y haya nadado o volado en avión, lo cual está muy bien para llegar más lejos que a braza o a mariposa. No me alejo de la realidad terrestre, aunque a veces fantasee con esto o aquello, tal vez con cruzar mi Rubicón. ¿Y eso qué viene siendo? ¿Algo así como quemar mis naves? Pero si no tengo.


Nunca he tomado las teorías como absolutos ni he pretendido poder alguno, y menos aún me creo el cuento de llevarlas a la práctica. Acepto que el intento pueda ser atractivo, incluso se sienta como un reto y habrá quien diga que es una necesidad; por ejemplo: tomar a Marx, cortarle el pelo, rasurarle la barba, arreglarle el bigote, tergiversar sus ideas al gusto del practicante y hacerlo Lenin; y ya no digo que se caricaturice a ambos para ser Stalin y colgar sus retratos en cualquier esquina del muro que rodea el Kremlin y en cualquier plaza de la Unión Soviética. Pero el paso de lo platónico a lo mundano ya resulta desvirtuado en su propia intención.


¿Quién me dice si Alejandro no quiso llevar a cabo algunas clasificaciones teóricas propuestas por su maestro o si Julio César no se creía un gran pensador? Al menos, este aspirante y general romano tenía el egocentrismo necesario y afilado para distanciarse de sí mismo y alabarse en tercera persona. Sí, un gran estratega que podría hacer realidad sus fantasías erótico-festivas de ser el primer emperador de Roma; por eso, mi fiel Bruto, mejor conspiremos y dejemos el título de mayor emperador de la Antigüedad al imberbe Magno o a algún persa, tal vez Ciro o Darío; para nada aquel sha que se gastó un dineral en montar una fiesta, aunque este último ya era moderno.


Y en ese paso hacia la realidad mundana es donde se genera el absurdo y no pocas veces el bochorno. Por eso, aunque haya leído libros de filosofía paseando por la calle, en buses, trenes, parques y salas de espera de hospitales, no me creo los categóricos cuando rugen. No me refiero a los imperativos ni a los dogmas, de los que no me fío ni aunque se trate de cuestión de fe. Me refiero a las personas que imponen en lugar de exponer sus perspectivas y contemplar la posibilidad de otras. En consecuencia, el efecto que han producido en mí es inverso al experimentado por el buen don Alonso en sus lecturas y sobredosis caballerescas…


«Para saber más de Antonio Pardines, consulten a Séneca»


(1) Plutarco: «Alejandro y César (Vidas paralelas)» (traducción de Carles Riba). Salvat Editores, Barcelona, 1982.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Sucker Punch (2010)

Una alternativa de la realidad Por Antonio Pardines Una de las ideas expuestas por Zach Snyder en Sucker Punch (2010) nos dice que la libertad se genera y se alcanza en la mente, pero el realizador no profundiza en aquello que insinúa y se recrea en el artificio audiovisual que solapa la idea central del film. Condicionada por aquello que el pensamiento fantasea y modifica según los conocimientos adquiridos, la imaginación es la vía de acceso al estado idealizado por la protagonista, un estado para ella real y que plantea interrogantes como ¿qué es fantasía y qué es realidad? ¿Dónde empieza la una y termina la otra? ¿O quién las delimita? Para Baby Doll ( Emily Browning ) la realidad es el gris encierro que sufre antes y durante su estancia en el centro psiquiátrico que su mente transforma en el colorido físico y musical donde sumerge su mente para alcanzar la libertad. Tanto en el espacio opresivo donde vive su encierro como en aquel otro que ella transforma en fantasía prima el bar...

Honor de cavalleria (2006)

Hay que ser quijotesco para pretender trasladar a la pantalla el clásico universal escrito por Miguel De Cervantes , pero, quizá, resulta más quijotesco tomar a sus dos personajes principales y realizar o filmar fragmentos de su monotonía, fragmentos que se unen y que, en su sucesión, establecen la conexión entre la naturaleza y el ser humano, fragmentos que captan vida, comedia y drama (así los interpreto), fragmentos en los que parece no suceder nada, y sin embargo sucede la no aventura, los tiempos muertos y, para quien conecte con ellos (supongo que seremos minoría), estos entretienen. Albert Serra  crea sus propios Quijote ( Lluís Carbó ) y Sancho ( Lluís Serrat ) y los ubica en un espacio abierto natural, rodeados de sonidos, de iluminación natural, golpeados por el viento o refrescando sus cuerpos en corrientes fluviales. Son dos personajes silenciosos, prácticamente los únicos que asoman en las imágenes en las que Sancho guarda silencio mientras escucha como el caba...

El sendero de la traición (1988)

Ismos prematrimoniales Por Antonio Pardines Una de las características del cine de Costa-Gavras es el adentrarse en espacios y en situaciones que desvelan el abuso ya sea de un Estado o de un grupo de poder. Y sus películas suelen funcionar como manifiestos cinematográficos que no temen señalar desmanes y crímenes, sobre todo aquellas en las que contó en el guion con la colaboración de Jorge Semprún y de Franco Solinas, dos escritores igual de comprometidos y con quienes trabajó durante su primera época. Ya considerado uno de los grandes del «cine político», gracias a Z (1969), La confesión ( L’aveu , 1970) y Estado de sitio ( État de siège , 1972), su popularidad se disparó tras el éxito de la espléndida crónica realizada sobre el golpe de estado de los militares chilenos en 1973 y la posterior represión en Desaparecido ( Missing , 1982), cuyo guion corrió a cargo de Donald E. Stewart, que adaptaba el libro homónimo de Thomas Hauser. Más adelante, cuando regresó al cine de habla i...