Trascendiendo
Por Antonio Pardines
¿En sus melodramas Universal, los producidos por Ross Hunter, Douglas Sirk hacía la misma película? No me refiero a las imágenes, sino a las sensaciones que transmitía y a los temas a tratar. Me curaría en salud al responder que nada y todo acaba por ser lo mismo y que, a la vez, sus películas son distintas porque, aun en semejanza, muestran distintas caras de una misma sociedad que atrapa y se vuelve asfixiante en su aceptado bienestar y bienpensar. Pero las cuestiones han de ser propias, cada quien ha de plantearse las suyas. De modo que habrá quien se pregunte por qué la figura femenina es central en el melodrama Sirk o por qué el uso de esos colores tan vivos para ocultar “naturalezas” muertas o anestesiadas. Más allá de su cromatismo y de su musicalidad, Sirk despliega en Solo el cielo lo sabe (All That Heaven Allows, 1955) su acción-emoción para enfatizar y desvelar. Enfatiza el entorno y desvela a Cary Scott (Jane Wyman), viuda con hijos estudiantes, modelo de la mujer de alta clase media, blanca y anglosajona, en un mundo de supuesto oropel, de estancamiento e hipocresía tras las recargadas posturas y formas sociales. Más que vivir en él, lo sobrevive sin lograr apartar la sensación de asfixiarse. Siente que vive en un mundo de convencionalismos e hipocresía que no le llena, más bien, que le hace recordar su vacío, su necesidad de vivir lejos del engaño, del lugar que le imponen.
¿Dónde encontrar liberación, más que emancipación, puesto que a lo social y jurídico se añade lo espiritual, lo mental? ¿En La Biblia, que, según la interpretación del púlpito, indica al individuo estos o aquellos pasos a seguir? ¿En el Walden de Thoreau, que pretenden liberarlos? ¿En Ronald, el hombre perfecto? ¿En dar el paso hacia ella misma? En realidad, es tan sencillo y complejo como preguntarse qué necesita para vivir, allende las necesidades básicas, y tan difícil como caminar hacia la respuesta. Mejor aún, hacer que la respuesta sea el propio caminar existencial. Tal como parece vivir Ronald Kirby (Rock Hudson), el jardinero-filósofo existencial, más joven y de clase social <<inferior>>, en quien descubre un soplo de libertad y de coherencia entre el ser y el querer. El jardinero se muestra conectado con la vida, en el sentido de estar en ella, escuchando y observando, actuando y reflexionando, siguiendo los dictados de su condición y de su intención de habitar el mundo que ha elegido. No le interesan superficialidades como el prestigio, que no le pertenecería, sino que sería es algo que otros le concediesen o le quitasen, ni el éxito, que sería alcanzar lo que el resto considerase la cumbre: dinero, popularidad, poder,… Para Ronald triunfar es ser él mismo, seguir los impulsos y la filosofía de vida que le acerque a lo vivo, que le conecte con la naturaleza, a la que él y todos pertenecemos. Ante eso, los ojos de Cary recuperan brillo, pero, sobre todo, asumen un mirar distinto, adquieren una visión del mundo más amplia, menos superficial, que le permite liberarse, abandonar su insatisfacción, y dejar atrás la lujosa jaula en la que agonizaba, es decir, se busca, camina hacia su ser en el mundo y se siente ella misma…

No hay comentarios:
Publicar un comentario