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Rincones sin esquinas (Cary Grant en el Obradoiro)

No puedo precisar con total certeza que Orgullo y pasión (The Pride and the Passion, Stanley Kramer, 1957) fuese la primera película en la que vi Santiago de Compostela en el cine, pero bien pudo ser y así lo acepto. Recuerdo que era muy niño, y que me sorprendió ver a Cary Grant en la misma plaza que yo había visto y pisado tantos días de mi corta vida. Me sentí orgulloso de aquel rincón que combinaba estilos arquitectónicos con grandiosa armonía. El tiempo se me antojaba allí distinto, compañero de la atenta quietud pétrea y gris lluvia que formaba parte del encanto de la fachada principal de la catedral, que a día de hoy (y espero que del mañana) también domina el conjunto artístico que, por entonces, todavía era incapaz de sentir con la pasión que se desataría más adelante, cuando abrí los sentidos a la belleza y a la armonía de las piedras que el oficial británico, al que da vida el actor, no presta la menor atención; según el titular de la noticia, a Grant le interesaban los carros del país y jugar a los bolos, también el marisco y, por recomendación de Pepe Nieto, la catedral. Enviado a luchar contra las fuerzas napoleónicas, Anthony/Grant llega al Obradoiro para encontrarse con el líder de la guerrilla que, con rostro y voz de Sinatra y vestido con ropas más acordes para Curro Jiménez y Algarrobos de serie televisiva que para gallegos, debe ayudar al capitán a transportar un “cañonazo” hasta Ávila, la castellana ciudad amurallada, cuna de Teresa de Jesús, que en ese instante se encuentra ocupada por las tropas francesas. Con ellos, formando un triángulo amoroso, la sin par Sofia Loren, quien, para Hollywood, ya sería Sophia, tal como la anuncian en los créditos del film. Aquella imagen que une la Plaza y el rostro de Grant ha permanecido hasta entonces en mi memoria y la he logrado plasmar a mi manera. Sí, Frank, a la mía, no a la tuya, ni a la de Elvis, Julito, Anka o los piratas, en mi libro Rincones sin esquinas, una manera diferente a la que se ve en las imágenes fílmicas o a la que pueda aparecer en una noticia de la prensa de la época… El conocer otros lugares me permitió valorar lo que tenia en casa; no sé si a Archibald, a Sinatra y a Sofía les sucedió lo mismo con las suyas, pero supongo que es habitual descubrir la belleza que nos rodea en nuestra cotidianidad, la cual corre el riesgo de pasar desapercibida precisamente por ser cotidiana, descubriendo la ajena…


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