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Entre la resignación y la elección

Nunca antes había felicitado el día del padre, ni en casa, ni en la calle, ni en la red. Por eso, hoy, me sé y me siento nervioso, como un principiante, vaya, ya que a primera hora de la mañana decidí romper la tradición de medio siglo. Pero más que el nerviosismo, me puede la elección entre Pedro José García Balboa, familiarmente llamado Perrucho, y Benito Feijóo como objeto de mi felicitación. ¿A cuál elegir?, pues los dos ya eran padre mucho antes que cualquiera de los padres que puedan leer esto… Hasta mayo nada tengo que decir respecto a las madres, salvo que, por naturaleza, la maternidad era algo imposible para los dos candidatos a mi felicitación. En todo caso, volviendo al tema de la elección, no considero que sea injusto el escoger entre dos o veinte opciones; tal vez sí complicado, pero eso ya cae en el terreno del particular. Sencillamente, la vida es una sucesión continua de elecciones cotidianas y banales, alguna extraordinaria, que no pocas personas consideran entre importantes y vitales, olvidando que, cuando se trata de asuntos realmente vitales, no tienes opción y has de conformarte con lo que te toca. Es el momento en el que descubres el significado de la expresión “es lo que hay y punto”. Y ya te puedes morir de dolor, de asco o de rabia, pero no muerdas, solo recuerda que nadie ha podido elegir cuándo y dónde nacer o decidir en qué seno familiar hacerlo; ni retener entre los vivos a los seres queridos, pues ya si se trata de elegir entre la nada y la inmortalidad, como destino final de la humanidad, apaga y vamos. Aceptada con resignación esta limitación que nos iguala, retomo con suma alegría la elección que nos diferencia. Y como ahí puedo elegir, entre uno u otro, me decanto por Sarmiento, Perrucho en la intimidad familiar de su niñez pontevedresa, sencillamente, porque tengo entre mis manos la biografía escrita por Carlos Casares: A vida do Padre Sarmiento, aunque de reojo estoy viendo la antología El teatro crítico universal. Cartas eruditas y curiosas, de Benito Feijóo. De modo que si hubiese sido al revés, ahora estaría felicitando al erudito ourensano.

El autor de Vento ferido, una de las lecturas obligadas en mi escolarización general básica, pone por las nubes a este padre nacido en el Bierzo <<na noite do 9 de marzo do ano 1695>>; e dicir, o Perrucho naceu fai uns dez días (dun marzo de varios séculos atrás) e non o feliciteí. Mal raio me parta, por semellante esquecemento. Vaia, saltou o traductor, así que troco ao galego. Góstame como soan as verbas nunha lingua que sinto nela unha poética innata que, cando a escribo, éncheme de emocións varias. É cantarina, leda, irónica e o tempo chea de morriña; e por iso mesmo, ou tal vez non, Sarmiento e Feijóo defendían o seu uso alá pola Ilustración… Din que xa choveu dende entón, non o nego, tampoco nego que o Perrucho fose un padre con chispa. Casares lembra que <<o padre Sarmiento sentía un vivo interese polas linguas en xeral, sobre todo polas románicas ou derivadas do latín, pero especialmente polo castelá, que era a que utilizaba fora de Galicia, e polo galego, que foi a lingua da súa nenez, na que falou sempre cos seus pais ata que se foi a vivir a Madrid no ano 1710.>>

Dicía arriba que non lle faltaba chispa, e creo que o seguinte pode explicar o porque. Casares continúa o seu texto e di que <<Sarmiento pensaba que o galego debía empregarse nas escolas e que os mestres en Galicia tiñan obrigación de saber a lingua, o mesmo que os curas. Aqueles para aprenderlles ós nenos e estes para poder confesar e predicar.

Respecto dos curas, o padre Sarmiento contaba unha anécdota divertida que chegou a fecerse célebre e que se ten citado moitas veces.

Refírese á historia dun crego non galego que foi confesar a unha parroquiana de Galicia e se atopou cunha muller que lle dixo que ás veces andaba ás brincadeiras cos homes, pero ela empregou a palabra “trebellar”, que significa eso exactamente, e o bo do cura, que non sabía galego, entendeu que trebellar debía ser igual que traballar, e respondeulle que podía trebellar todo canto quixera, pero que non o fixese os domingos, pois a Igrexa tiña establecido que ese día era para honrar a Deus e descansar.>> (1)

(1) Carlos Casares: A vida do Padre Sarmiento. Editorial Galaxia, Vigo, 2001.

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