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El desvío (Detour, 1945)


El nombre
Edgar G. Ulmer puede resultar desconocido para algunos, sin embargo la trayectoria cinematográfica de este realizador se remonta al periodo silente, cuando participó como ayudante de dirección en varias obras maestras de Friedrich W. Murnau. Además, Ulmer fue uno de los responsables de Gente en domingo (1929) —el primer guión firmado por Billy Wilder, aunque ya había escrito otros con anterioridad— y posteriormente, durante su periodo americano, destacó como uno de los grandes directores de la serie B, afirmación que se confirma en esta magnífica e inquietante película en la que la fatalidad comparte protagonismo con el personaje principal, que piensa en cómo su camino se desvió tras la intervención de un destino que le eligió a él y no a cualquier otro. En la cafetería suena esa maldita canción que le persigue a todas partes, y que le recuerda aquéllos tiempos en los que trabajaba como pianista al lado de Sue (Claudia Drake), antes de que ella lo abandonase para ir a Los Ángeles a probar fortuna como actriz. Para Al Roberts (Tom Neal) nada tiene explicación, solo puede repetirse que el destino le ha jugado una mala pasada. Podría haber sido otro vehículo, sin embargo, fue aquél y no otro el que se detuvo cuando, sin un centavo, intentaba llegar a la ciudad californiana para reunirse con Sue. De haberlo sabido no habría subido al coche de Haskell (Edmund MacDonald), el tipo que le recogió e invitó a comer, y que le explicó como una mujer le hirió en la mano que Al no dejaba de observar. Con el estómago lleno el autoestopista pudo pensar en el futuro que le aguardaba al lado de la mujer que amaba, el único momento optimista de un relato marcado por los caprichos de ese destino que no tardaría en volver a actuar de la manera más inverosímil. Haskell se golpeó accidentalmente contra el suelo cuando Al abrió la puerta de coche, su muerte le puso en ese aprieto del que no sabe cómo salir, pues si avisaba a la policía no le creerían y pensarían que fue un asesinato. Como Al dice: <<¿quién iba a creerme?>> De ese modo, tomó una decisión, puede que precipitada, pero, para un hombre en su situación, parecía la mejor de entre todas las peores. Al Roberts dejó de ser Al Roberts y se convirtió en Haskell cuando decidió tomar su vehículo y sus papeles para continuar su viaje hacia California. No hay vuelta atrás, como explica la voz de Al, <<ya había hecho todo lo que la policía diría que habría hecho, aunque no lo hubiese hecho>>. Pero el destino aún le depararía un nuevo encuentro cuando se detuvo a repostar, en ese momento apareció Vera (Ann Savage), ni glamurosa ni sofisticada, pero sí una mujer fatal en toda regla, capaz de cualquier acto con ta de conseguir aquello que deseaba, convencida de poder manipular a su antojo a un individuo que mentía, pues ella fue la gata que hirió la mano de Haskell. Con escaso presupuesto y poco tiempo de rodaje, Detour (El desvío) (1945) se convirtió en una de las "pequeñas" grandes películas de la serie B, una obra cumbre del cine negro en la que la narración sigue la senda marcada por la voz en off de un individuo atrapado por el fatalismo que expone sin tapujos y sin miramientos cuando se dirige directamente al espectador, a quien pone como testigo de sus actos y de la incredulidad que éstos puedan producir. Para él no hay salida, debe someterse a los deseos de Vera, un verdadero monstruo que le utilizará para sus fines, sin que puede hacer nada, salvo aceptar cuanto ella dice mientras ella así lo diga.

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