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Colorado Jim (1953)



Cualquier western dirigido por Anthony Mann e interpretado por James Stewart son sinónimo de calidad; en ellos se observa el itinerario de su protagonista, que deambula por un espacio abierto persiguiendo un algo, que en el caso de Colorado Jim (The Naked Spur, 1953) se trataría de dinero, representado en un fugitivo de la justicia, cuya captura permitiría a Howard Kemp (James Stewart) recuperar su rancho. La recompensa de cinco mil dólares ha sido suficiente aliciente para que se haya decidido a perseguir los pasos de un hombre que no significa más que eso, dinero. Pero no será hasta que se encuentre con Jesse Tate (Millard Mitchell), un viejo buscador de oro, cuando Howard descubra el paradero de Ben Vandergroat (Robert Ryan). La relación que surge entre Howard Kemp y Jesse Tate no es una relación de amistad, se trata de una especie de unión mercantil en la que ambos pretenden salir ganando; lo mismo que ocurrirá cuando en su camino se cruce el desertor Roy Anderson (Ralph Meeker). Entre los tres capturan a Ben, sin que los compañeros de Kemp conozcan su elevada cotización monetaria, valor que Howard se ha guardado para sí. Pero el viaje de regreso no resultará sencillo; el primer inconveniente se presenta en forma de mujer: Linda (Janet Leigh), a quien Ben ha tomado bajo su protección. Linda es la única de los cinco en la que se advierte que no actúa pensando en su propio beneficio, no como sus compañeros que se dejan arrastrar por sus intereses, sin pensar en cómo estos afectan a quienes les rodean. La presencia de Linda resulta incómoda para Howard, ella le recuerda que sus acciones no se basan en su sentido de la justicia, sino en el deseo de recuperar sus posesiones; sin embargo, no puede evitar sentirse atraído por ella, circunstancia que a Ben no se le pasa por alto. La convivencia entre los miembros del grupo no resulta agradable, porque no es una elección libre, sino forzada por la intervención de Ben, quien consciente de una de las mayores debilidades humanas, afirma que Howard Kemp sólo busca el dinero de la recompensa, confesión que genera una desconfianza de la que piensa sacar provecho. Ben sabe que si pretende escapar, debe jugar con las ambiciones de los nuevos socios de Howard, como también sabe que debe utilizar a Linda para escapar de las garras de sus captores. Colorado Jim presenta la ambición que mueve a sus protagonistas, la misma que permite a Ben jugar con quienes le han atrapado, buscando en ellos el enfrentamiento y la traición a su compromiso, porque lo que verdaderamente importa es uno mismo. Linda no comprende esa actitud, no comprende cómo la vida de un hombre puede ser tasada en unos cuantos dólares, ni cómo alguien es capaz de perseguir, capturar e incluso matar para cobrar un dinero manchado de sangre; para ella nada de eso tiene sentido, así se lo hace saber en repetidas ocasiones a todos cuantos la escuchan, sin embargo, la decisión está tomada, y el dinero resulta más importante que la vida de Ben Vandergroat o de cualquier otro. A pesar de que la acción se desarrolla en un amplio espacio exterior, Anthony Mann convirtió el medio natural donde suceden los hechos en un entorno agobiante que limita a unos individuos que semejan atrapados, algo que en realidad ocurre, pues cada uno de ellos se encuentra preso de sus intenciones y ambiciones, provocando que la naturaleza que les rodea se muestre peligrosa, como igual de peligroso se muestra un preso que aguarda su oportunidad, porque sabe que alguno caerá en su trampa.

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