Hay películas que siguen las mismas pautas y logran dar un paso adelante gracias a la personalidad de sus protagonistas. Ese fue el caso de las aventuras cinematográficas interpretadas por Douglas Fairbanks, que fue el rostro, el cuerpo, la alegría, el optimismo, el descaro y la agilidad de un tipo de cine lúdico circense que alcanzó una nueva cota de la mano de Jacques Tourneur y de Burt Lancaster en El halcón y la flecha (The Flame and the Arrow, 1950), en la que el actor desplegaba sus capacidades atléticas y sus dotes de equilibrista para dar mayor diversión a la aventura. Lo hizo junto su compañero Nick Cravat, su fiel Piccolo, que alcanzó fama por ser el leal e inseparable amigo del “héroe Lancaster”. Cravat, asumiese el rol de Piccolo o el de Ojo en El temible burlón (The Crimson Pirate, Robert Siodmak, 1952), nunca falla, siempre generoso y dispuesto a seguir al héroe, a sacrificarse y animarle por amistad, aportando también su picaresca y la desenfadada elocuencia de su sonrisa, su mirada y sus gestos. Resulta más que un complemento para el héroe, ya que su personaje es vital en un aspecto fundamental del film: la amistad, que es por la que apuestan Tourneur como director y Waldo Salt como guionista. Es uno de los ejes de esta fiesta de aventuras contra la injusticia, que aboga por la acción y el romance, por la lucha de clases y de buenos contra malos. Mujeriego, alegre, honesto hombre del pueblo, Dardo no pretende ser un héroe ni reparar ninguna injusticia, pero el rapto de su hijo le obliga a dar el paso a héroe a la fuerza, sin dejar de ser un tipo alegre y vital que se conciencia cuando le arrebatan a su hijo. Este hecho conlleva su evolución y le permite comprender que no está solo; le posibilita un porqué más grande que la vida a su lucha contra el villano de turno que representa la injusticia contra la que pretende levantarse el pueblo lombardo.
Una alternativa de la realidad Por Antonio Pardines Una de las ideas expuestas por Zach Snyder en Sucker Punch (2010) nos dice que la libertad se genera y se alcanza en la mente, pero el realizador no profundiza en aquello que insinúa y se recrea en el artificio audiovisual que solapa la idea central del film. Condicionada por aquello que el pensamiento fantasea y modifica según los conocimientos adquiridos, la imaginación es la vía de acceso al estado idealizado por la protagonista, un estado para ella real y que plantea interrogantes como ¿qué es fantasía y qué es realidad? ¿Dónde empieza la una y termina la otra? ¿O quién las delimita? Para Baby Doll ( Emily Browning ) la realidad es el gris encierro que sufre antes y durante su estancia en el centro psiquiátrico que su mente transforma en el colorido físico y musical donde sumerge su mente para alcanzar la libertad. Tanto en el espacio opresivo donde vive su encierro como en aquel otro que ella transforma en fantasía prima el bar...



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