Ir al contenido principal

Oh estaciones, Oh castillos (1957)

El cortometraje es un espléndido campo para el aprendizaje de Agnès Varda (y de cualquier otro cineasta). Aunque ya había realizado su primer largometraje, los tres cortos realizados entre La Pointe Courte (1954) y Cleo de 5 à 7 (1961) le permiten sintetizar, experimentar y expresarse con la imagen y la palabra. Nacida de un encargo de la Oficina Nacional de Turismo, Oh estaciones, oh castillos (Ô saisons, Ô châteaux, 1957), su segunda película, realizada después de regresar de China e inicialmente sin estar convencida, es un buen ejemplo de su original personalidad audiovisual. En ella, Varda emplea el color y la voz de una narradora (Danièle Delorme) por primera vez en la pantalla. También es su primer documental —aunque parte de su ópera prima ya lo sea—, género cinematográfico que es un mundo en sí mismo y que, desde ese momento, formaría parte de su vida profesional. Su experiencia como fotógrafa y su intuición cinematográfica, demostrada con creces en La Pointe Courte, se combinan con las palabras, su sentido del humor, su vitalidad y la escenificación —introduce en el paisaje a las dos modelos que asoman en la pantalla o los poemas recitados por Antoine Bourseiller— para hacer del film un evocador recorrido por las orillas del Loira, más temporal que geográfico; es decir, por los pretéritos que enfrenta al momento presente.

La cineasta toma el título para su corto de un poema de Rimbaud, pero no pretende filmar la poesía del poeta. La suya tiene voz propia; es la de una observadora creativa y reflexiva, cuya mirada poética y moderna juega con el tiempo, presente y pasado, que transcurre distanciando el ayer, cuando se construyeron las fortalezas, del ahora en el que las filma e introduce ese toque, más que frívolo, chocante y kitsch —en las modelos cuyo vestuario choca con el color de la piedra de las edificaciones—. Dicha distancia vive en la cercanía, pues, aunque desapercibido, el pasado habita en el presente, sea en “espectros” y aspectos culturales, tradicionales, sociales, lingüísticos, históricos… o en testigos físicos como los castillos del Loira. Las construcciones, nacidas de una necesidad defensiva, son el recuerdo físico del tiempo pretérito choca con la moda contemporánea que la cineasta hace desfilar por la pantalla. Los diseños de los vestidos de las modelos, el colorido, sus movimientos de maniquí, agudizan las distancias entre siglos; pero la cineasta, siempre de amplia mirada, va y ve más allá de una simple comparación o del choque visual. Varda observa la transformación en el tiempo, desde la construcción de las fortalezas hasta la actualidad en la que rueda. Evoca historia y el paso del tiempo, pasa por el arte gótico y el renacentista, habla de cómo las construcciones se fueron refinando y adornando para ser otra historia: arte arquitectónico, atracción turística y también modelos de postal…



Comentarios

Entradas populares de este blog

Sucker Punch (2010)

Una alternativa de la realidad Por Antonio Pardines Una de las ideas expuestas por Zach Snyder en Sucker Punch (2010) nos dice que la libertad se genera y se alcanza en la mente, pero el realizador no profundiza en aquello que insinúa y se recrea en el artificio audiovisual que solapa la idea central del film. Condicionada por aquello que el pensamiento fantasea y modifica según los conocimientos adquiridos, la imaginación es la vía de acceso al estado idealizado por la protagonista, un estado para ella real y que plantea interrogantes como ¿qué es fantasía y qué es realidad? ¿Dónde empieza la una y termina la otra? ¿O quién las delimita? Para Baby Doll ( Emily Browning ) la realidad es el gris encierro que sufre antes y durante su estancia en el centro psiquiátrico que su mente transforma en el colorido físico y musical donde sumerge su mente para alcanzar la libertad. Tanto en el espacio opresivo donde vive su encierro como en aquel otro que ella transforma en fantasía prima el bar...

Honor de cavalleria (2006)

Hay que ser quijotesco para pretender trasladar a la pantalla el clásico universal escrito por Miguel De Cervantes , pero, quizá, resulta más quijotesco tomar a sus dos personajes principales y realizar o filmar fragmentos de su monotonía, fragmentos que se unen y que, en su sucesión, establecen la conexión entre la naturaleza y el ser humano, fragmentos que captan vida, comedia y drama (así los interpreto), fragmentos en los que parece no suceder nada, y sin embargo sucede la no aventura, los tiempos muertos y, para quien conecte con ellos (supongo que seremos minoría), estos entretienen. Albert Serra  crea sus propios Quijote ( Lluís Carbó ) y Sancho ( Lluís Serrat ) y los ubica en un espacio abierto natural, rodeados de sonidos, de iluminación natural, golpeados por el viento o refrescando sus cuerpos en corrientes fluviales. Son dos personajes silenciosos, prácticamente los únicos que asoman en las imágenes en las que Sancho guarda silencio mientras escucha como el caba...

El sendero de la traición (1988)

Ismos prematrimoniales Por Antonio Pardines Una de las características del cine de Costa-Gavras es el adentrarse en espacios y en situaciones que desvelan el abuso ya sea de un Estado o de un grupo de poder. Y sus películas suelen funcionar como manifiestos cinematográficos que no temen señalar desmanes y crímenes, sobre todo aquellas en las que contó en el guion con la colaboración de Jorge Semprún y de Franco Solinas, dos escritores igual de comprometidos y con quienes trabajó durante su primera época. Ya considerado uno de los grandes del «cine político», gracias a Z (1969), La confesión ( L’aveu , 1970) y Estado de sitio ( État de siège , 1972), su popularidad se disparó tras el éxito de la espléndida crónica realizada sobre el golpe de estado de los militares chilenos en 1973 y la posterior represión en Desaparecido ( Missing , 1982), cuyo guion corrió a cargo de Donald E. Stewart, que adaptaba el libro homónimo de Thomas Hauser. Más adelante, cuando regresó al cine de habla i...