Ir al contenido principal

Sillas de montar calientes (1974)

El spaguetti western se inició como homenaje y parodia del western estadounidense, pero sus primeros pasos resultaron tan atractivos para el público, que acabó creando sus propias señas de identidad; algunas de sus propuestas incluso fueron cómicas, como Mi nombre es ninguno (Il mio nome è Nessuno, Tonino Valerii, 1973) y Le llamaban Trinidad (Lo chiamavano Trinità..., Enzo Barboni, 1970). El caso es que la comedia y el western habían coqueteado antes de que Mel Brooks las uniera en Sillas de montar calientes (Blazing Saddles, 1974). Ya lo habían hecho Buster Keaton, los hermanos Marx, Laurel y Hardy, que son algunas influencias directas y reconocibles en el cine del cómico neoyorquino. Hubo otros westerns estadounidenses más cercanos en el tiempo a Sillas de montar calientes que incluían en su metraje la parodia. La batalla de las colinas de Whisky (The Hallelujah Trail, John Sturges, 1965) y Pequeño gran hombre (Little Big Man, Arthur Penn, 1970) son dos ejemplos, aunque la segunda no es una comedia propiamente dicha, pero cuyo tono satírico agudiza su contundente crítica hacia el maltrato recibido por los nativos estadounidenses a manos del colonizador blanco. Pero Brooks no es Arthur Penn, su intención es otra bien distinta. Si el realizador de Pequeño gran hombre introduce comedia en la película es para resaltar el hecho que persigue describir: el abuso sufrido por las tribus norteamericanas. Por su parte, aunque introduce el tema del racismo en su film, Brooks tiene clara su prioridad: tomar del género del Oeste, exagerar sus tópicos, construyendo su historia a partir de títulos como Río Bravo (Howard Hawks, 1958), caricaturizar sus personajes al máximo, tal como el pistolero borracho a quien da vida Gene Wilder o la cantante alemana interpretada por Madeline Kahn, cuyo modelo es Marlene Dietrich, crear caos y hacer reír. La historia de Brooks, que coescribió junto con Andrew Bergman y Richard Pryor, es la típica que permite el lucimiento del héroe, solo que en esta ocasión se trata de uno atípico, pues su piel es negra, lo que depara el rechazo inicial del pueblo donde todos son blancos y se apellidan Johnson. Esto indica su anonimato, su pertenencia a la masa, pues apenas se distinguen al no ser ni héroes ni villanos, aunque vivan en una villa. Solo son tipos corrientes que ven amenazado su hogar por la llegada de una banda de forajidos enviada por el fiscal general, tan corrupto él, como inepto y mujeriego el gobernador. Evidentemente, a lo largo del metraje, Brooks introduce chistes, algunos con calzador, hasta que finalmente rompe el espacio narrativo y desvela lo sabido: que el cine es ilusión o, dicho de otro modo, que lo se ve en la pantalla es una farsa, una representación. Otro cantar es el tema sobre el que giran las películas, lo que quieren expresar y lo que logran decir; en el caso de Brooks, su tema es el racismo que arrastra la sociedad estadounidense desde el mismo momento de su origen, sin embargo, al cineasta no le interesa ir más allá de la diversión. Esa es la misión que asume detrás de las cámaras, la de divertir y hacer reír sin intención de enseñar nada; que logre su intención ya depende del tipo de público. Y quizá para muchos la cumpla o la cumplió en su momento, como confirma que fuese uno de los grandes éxitos de público (y de taquilla) de 1974.



Comentarios

Entradas populares de este blog

Sucker Punch (2010)

Una alternativa de la realidad Por Antonio Pardines Una de las ideas expuestas por Zach Snyder en Sucker Punch (2010) nos dice que la libertad se genera y se alcanza en la mente, pero el realizador no profundiza en aquello que insinúa y se recrea en el artificio audiovisual que solapa la idea central del film. Condicionada por aquello que el pensamiento fantasea y modifica según los conocimientos adquiridos, la imaginación es la vía de acceso al estado idealizado por la protagonista, un estado para ella real y que plantea interrogantes como ¿qué es fantasía y qué es realidad? ¿Dónde empieza la una y termina la otra? ¿O quién las delimita? Para Baby Doll ( Emily Browning ) la realidad es el gris encierro que sufre antes y durante su estancia en el centro psiquiátrico que su mente transforma en el colorido físico y musical donde sumerge su mente para alcanzar la libertad. Tanto en el espacio opresivo donde vive su encierro como en aquel otro que ella transforma en fantasía prima el bar...

Honor de cavalleria (2006)

Hay que ser quijotesco para pretender trasladar a la pantalla el clásico universal escrito por Miguel De Cervantes , pero, quizá, resulta más quijotesco tomar a sus dos personajes principales y realizar o filmar fragmentos de su monotonía, fragmentos que se unen y que, en su sucesión, establecen la conexión entre la naturaleza y el ser humano, fragmentos que captan vida, comedia y drama (así los interpreto), fragmentos en los que parece no suceder nada, y sin embargo sucede la no aventura, los tiempos muertos y, para quien conecte con ellos (supongo que seremos minoría), estos entretienen. Albert Serra  crea sus propios Quijote ( Lluís Carbó ) y Sancho ( Lluís Serrat ) y los ubica en un espacio abierto natural, rodeados de sonidos, de iluminación natural, golpeados por el viento o refrescando sus cuerpos en corrientes fluviales. Son dos personajes silenciosos, prácticamente los únicos que asoman en las imágenes en las que Sancho guarda silencio mientras escucha como el caba...

Posición avanzada (1965)

Como narrador cinematográfico, Pedro Lazaga era muy bueno; el mejor ejemplo bien podría ser Cuerda de presos (1955), su película preferida, pero un fracaso comercial que le decantó hacia un tipo de cine de consumo fácil. Otro cantar es si aprovechó o desaprovechó su talento en películas y temas que, en su mayoría, estaban destinados a todos los públicos, es decir, a no tener el menor encontronazo con la censura y a hacer buenas taquillas. No era una cuestión de ego ni de política, carecía de las pretensiones de renovar el cine español que podrían encontrarse en un tipo Portabella o Saura, o ideológicas a lo Bardem. Tampoco perseguía un humorismo combativo y berlanguiano ni la suya era la pronunciada personalidad cinematográfica de un Regueiro, por no insistir en que Buñuel solo hubo uno y ese grandísimo “uno” rodó casi toda su filmografía fuera de España. Menos aún pretendía pasar por “autor”. Pero autor ¿de qué?, en una cinematografía controlada por la censura y, como cualquier otra, ...