Ir al contenido principal

La alegría está en el (anti)cuerpo


Autor: Ernest Board

El 14 de mayo de 1796, Edward Jenner inoculó a James Phipps, un niño de 8 años, la primera vacuna de la viruela. El doctor había observado que quienes trabajaban ordeñando vacas no les afectaba la viruela bovina. Supuso entonces que en la sangre de las ordeñadoras había anticuerpos que las hacía inmunes y que podrían proteger de la enfermedad a quienes no los tenían y caían sin que hubiese medicina que lo remediase. Más o menos ese fue el principio de las vacunas y poco después otros siguieron su camino o mismamente le imitaron. Este sería el caso del equipo médico de la expedición que Carlos IV envió a América, con el cirujano alicantino Francisco Javier Balmis al frente y con la misión de vacunar a la población con la vacuna de la viruela descubierta por Jenner. Para algunos, el hijo de Carlos III y padre de Fernando VII ha pasado a la historia como un rey amante del arte y de la caza algo bobo o de escasa personalidad; y para otros como quien entregó la corona española a Napoleón, después de debilitarla al ponerla en manos de validos como el conde de Aranda o Godoy. En definitiva, fue quien, debido a las circunstancias políticas internas y externas, se vio obligado a abdicar en 1808. Pero, ¿quién no tiene asesores? ¿O quien no es manipulado y manipula? ¿Y si no estaba tan falto de personalidad o su carácter sencillamente no estaba preparado para lidiar con los tejemanejes de la corona en tiempos tan convulsos para las monarquías europeas como lo fueron los de las revoluciones liberales en Francia y en las trece colonias británicas en Norteamérica? En una de las revueltas, el francés Luís XVI, primo de Carlos, (literalmente) perdió la cabeza; en la otra, una fortuna ayudando a los rebeldes estadounidenses a derrotar al inglés Jorge III, que vivió períodos de “locura transitoria” como el dramatizado en la obra teatral de Nicholas Hytner y en su versión cinematográfica La locura del rey Jorge (The Madness of King George, 1994), de la que se dijo que habían eliminado el número regnal del título para evitar la confusión entre el público, del que se sospechaba que podría pensar en la existencia de dos partes anteriores.


Carlos IV. Autor: Goya

El panorama no parece haber cambiado desde aquella, por mucho que los jóvenes de los noventa del siglo pasado digan que entonces había más sabiduría. Lo dudo; estaba allí, igual que estaba en los ochenta y el joven más sabio del lugar no daba para mucho más que para ir de fiesta o sacar un diez en un examen. La década de 1980 fue un decenio en el que el infantilismo se hizo el rey de los medios y, desde ahí, del mundo adulto, los mercados occidentales se liberaban a saco y la ignorancia quiso pasar por locura. No había vacuna para eso y nadie la querría. Había desfase y se respiraba un aire más liberal, cierto, también existía tontería e incluso iluminados que superaban la medianía. Pero lo mismo podría decir un tipo cualquiera de la época de Pericles o de la más luminosa de Voltaire, que la suya era mejor y las más razonable... Posiblemente todas las épocas sean mejor y peor, incluso las más oscuras, porque todas tienen algo que ofrecer y mucho que quitar y rascar. Mas aquí, picores y cuestiones de sapiencia humana, a través de los siglos, no tienen lugar, pues este espacio lo ocupa un hecho concreto: la necesidad de vacunar a la población contra la viruela. Y de nuevo entra en escena Carlos IV, apodado “el Cazador”, de quien el médico británico, pionero en el uso de las vacunas y cuyo descubrimiento no fue aceptado de buenas a primeras, calificó la decisión del monarca de <<ejemplo de filantropía tan noble y extenso como este>>. Dicho ejemplo nace en la campaña de vacunación que el rey español puso en marcha para luchar contra la viruela que estaba afectando a la población de la America española, pero que también amenazaba a Europa. El monarca organizó una expedición con el fin de vacunar a la población de forma gratuita y Juntas que se encargasen de su mantenimiento y cumplimiento. El 30 de noviembre de 1803, partía del puerto de A Coruña, la expedición con rumbo al continente americano. Su primer destino era Puerto Rico y, desde allí, la misión se extendería al resto del territorio de ultramar. Aparte de Balmis —verdadero promotor de la expedición, pues él fue quien convenció al monarca—, su equipo médico y la marinería, en la expedición iban una veintena de huérfanos coruñeses a quienes inocularon la vacuna durante el tiempo de la travesía. Era peligroso, en la actualidad ilegal y en el futuro quién sabe, pero entonces la inoculación humana era la única manera de conservar la vacuna en perfectas condiciones. Y así, infectando a los veintidós expósitos, en una cadena de inoculaciones, el rey a quien también llamaron “cornudo” fue el impulsor de la que podría considerarse la primera vacunación a gran escala. Dos años después, Napoleón ordenó lo propio entre sus tropas; aunque el fin de la viruela quedaba lejano en el tiempo. Se produjo en el XX, cuando, en el año 1980, la Organización Mundial de la Salud (OMS) confirmaba su erradicación…

La familia de Carlos IV. Autor: Goya

Comentarios

Entradas populares de este blog

Sucker Punch (2010)

Una alternativa de la realidad Por Antonio Pardines Una de las ideas expuestas por Zach Snyder en Sucker Punch (2010) nos dice que la libertad se genera y se alcanza en la mente, pero el realizador no profundiza en aquello que insinúa y se recrea en el artificio audiovisual que solapa la idea central del film. Condicionada por aquello que el pensamiento fantasea y modifica según los conocimientos adquiridos, la imaginación es la vía de acceso al estado idealizado por la protagonista, un estado para ella real y que plantea interrogantes como ¿qué es fantasía y qué es realidad? ¿Dónde empieza la una y termina la otra? ¿O quién las delimita? Para Baby Doll ( Emily Browning ) la realidad es el gris encierro que sufre antes y durante su estancia en el centro psiquiátrico que su mente transforma en el colorido físico y musical donde sumerge su mente para alcanzar la libertad. Tanto en el espacio opresivo donde vive su encierro como en aquel otro que ella transforma en fantasía prima el bar...

Honor de cavalleria (2006)

Hay que ser quijotesco para pretender trasladar a la pantalla el clásico universal escrito por Miguel De Cervantes , pero, quizá, resulta más quijotesco tomar a sus dos personajes principales y realizar o filmar fragmentos de su monotonía, fragmentos que se unen y que, en su sucesión, establecen la conexión entre la naturaleza y el ser humano, fragmentos que captan vida, comedia y drama (así los interpreto), fragmentos en los que parece no suceder nada, y sin embargo sucede la no aventura, los tiempos muertos y, para quien conecte con ellos (supongo que seremos minoría), estos entretienen. Albert Serra  crea sus propios Quijote ( Lluís Carbó ) y Sancho ( Lluís Serrat ) y los ubica en un espacio abierto natural, rodeados de sonidos, de iluminación natural, golpeados por el viento o refrescando sus cuerpos en corrientes fluviales. Son dos personajes silenciosos, prácticamente los únicos que asoman en las imágenes en las que Sancho guarda silencio mientras escucha como el caba...

Posición avanzada (1965)

Como narrador cinematográfico, Pedro Lazaga era muy bueno; el mejor ejemplo bien podría ser Cuerda de presos (1955), su película preferida, pero un fracaso comercial que le decantó hacia un tipo de cine de consumo fácil. Otro cantar es si aprovechó o desaprovechó su talento en películas y temas que, en su mayoría, estaban destinados a todos los públicos, es decir, a no tener el menor encontronazo con la censura y a hacer buenas taquillas. No era una cuestión de ego ni de política, carecía de las pretensiones de renovar el cine español que podrían encontrarse en un tipo Portabella o Saura, o ideológicas a lo Bardem. Tampoco perseguía un humorismo combativo y berlanguiano ni la suya era la pronunciada personalidad cinematográfica de un Regueiro, por no insistir en que Buñuel solo hubo uno y ese grandísimo “uno” rodó casi toda su filmografía fuera de España. Menos aún pretendía pasar por “autor”. Pero autor ¿de qué?, en una cinematografía controlada por la censura y, como cualquier otra, ...