Ir al contenido principal

Edgar Neville. Humorismo en el cine


Al no haberle conocido en persona, puede que peque de osado al decir que Edgar Neville fue un adulto que nunca dejó de ser niño, pero lo digo en relación a lo que desprende su cine y su obra literaria. En su vida profesional, al igual que el personaje de El marqués de Salamanca (1948), era emprendedor inquieto, aunque lo suyo no fuesen los negocios de la sal, de la banca, los ferroviarios o los urbanísticos. El negocio de Neville fue el cine, el teatro, el periodismo, el humor, la vida. De noble cuna y de bolsa llena, desde su juventud, abrazó la buena vida, alcanzó maestría a la mesa, en las tertulias, en la conversación, disfrutaba Madrid, en tablaos y en plazas de toros. Trabó amistad con otros jóvenes y no tan jóvenes que visitaban la Granja del Henar, intercambió humorismo con Antonio de LaraTono“ y López Rubio, con Miguel Mihura y Enrique Jardiel Poncela. Lo hizo en Buen Humor, la revista de Sileno, y en La codorniz, la dirigida por Mihura; y quiero suponer que también bromeó en sus horas libres de diplomático en Washington. Desde la capital estadounidense se dejó caer por Hollywood, y allí disfrutó y compartió momentos de amistad con Charles Chaplin, Douglas Fairbanks y Mary Pickford. Fue en esa ciudad fábrica de fantasías de celuloide donde se dejó conquistar por el cine y por otros amores. Colaboró en la magistral Luces de ciudad (City Lights, 1931) y debutó en la dirección con la versión española de El presidio (1931), aunque no se le acredite como director. Sus películas son reflejos de su personalidad desbordante, quizá exagera, humorística, vitalista, que mezcla su origen aristocrático con su gusto popular.


Esa personalidad trasladada a la gran pantalla juega a expresionista en La torre de los siete jorobados (1944), cabalga sobre la comedia chaplinesca, más que realista, en El último caballo (1950), recuerda nostálgica Mi calle (1960), su última película, o bromea con avaricia sobre La ironía del dinero (1956), que divide en varios episodios que hacen honor al título que los engloba. A menudo se nombra La vida en un hilo (1945) como su mejor película y, aunque no niego su valor ni el atractivo de su tema y de su puesta en escena, no creo que sea ni mejor ni peor que “sus otras mejores”, solo diferente, porque plantea interrogantes existenciales de los que hasta entonces estaba desprovisto su cine. Pero lo diferente es marca de la casa, como demuestra Duende y misterio del Flamenco (1952), su primer largometraje en color y una de las mejores películas sobre dicho arte popular, puede que la mejor. Sorprende, gratamente, El señor Esteve (1948) y dejan buen recuerdo El crimen de la calle de Bordadores (1946), Correo de indias (1942) y Domingo de carnaval (1945). A falta de conocer su producción de la época republicana y los documentales propagandísticos que rodó durante la guerra, paseo por Verbena (1941), un mediometraje que toma de referencia a Tod Browing para ir por libre y desarrollar el humor tan reconocible de este cineasta responsable de Café de París (1942), La muchacha de Moscú (1942) y El traje de luces (1947). En Frente de Madrid (1939) adaptó uno de sus relatos, inspirado en experiencias propias en la Ciudad Universitaria durante la Guerra Civil, y en Nada (1946) a Carmen Laforet, pero quizá esta última sea la menos Neville de Neville, porque la historia impide esa exageración tan suya y, por tanto, la película carece de su humor, que es un rasgo propio de su cine. Quizá no fuese el director idóneo para la adaptación de la novela de Laforet; tal vez Rafael Gil, tal vez Carlos Serrano de Osma, ¿quién puede decirlo? Lo único seguro es que Neville tenía un universo cinematográfico propio, reconocible, inimitable, uno que encontró su imagen en el humor castizo, en la fantasía y en lo popular, pero también en el rostro de Conchita Montes, la actriz que asoma y protagoniza muchas de las mejores películas del director de El baile (1959), film basado en su obra teatral.



Comentarios

  1. Que brillante Toño este personaje bien vale varios tomos, que grande es España.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Opino igual, Marcelo. Un cineasta fuera de lo común; creo que iba por libre en aquella España, o eso se desprende de su cine. A Neville, lo veo similar a los protagonistas de “El último caballo”: un tipo sin prisa por llegar a la modernidad. Y debido a eso fue de los cineastas españoles más modernos.

      Eliminar

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

Sucker Punch (2010)

Una alternativa de la realidad Por Antonio Pardines Una de las ideas expuestas por Zach Snyder en Sucker Punch (2010) nos dice que la libertad se genera y se alcanza en la mente, pero el realizador no profundiza en aquello que insinúa y se recrea en el artificio audiovisual que solapa la idea central del film. Condicionada por aquello que el pensamiento fantasea y modifica según los conocimientos adquiridos, la imaginación es la vía de acceso al estado idealizado por la protagonista, un estado para ella real y que plantea interrogantes como ¿qué es fantasía y qué es realidad? ¿Dónde empieza la una y termina la otra? ¿O quién las delimita? Para Baby Doll ( Emily Browning ) la realidad es el gris encierro que sufre antes y durante su estancia en el centro psiquiátrico que su mente transforma en el colorido físico y musical donde sumerge su mente para alcanzar la libertad. Tanto en el espacio opresivo donde vive su encierro como en aquel otro que ella transforma en fantasía prima el bar...

Honor de cavalleria (2006)

Hay que ser quijotesco para pretender trasladar a la pantalla el clásico universal escrito por Miguel De Cervantes , pero, quizá, resulta más quijotesco tomar a sus dos personajes principales y realizar o filmar fragmentos de su monotonía, fragmentos que se unen y que, en su sucesión, establecen la conexión entre la naturaleza y el ser humano, fragmentos que captan vida, comedia y drama (así los interpreto), fragmentos en los que parece no suceder nada, y sin embargo sucede la no aventura, los tiempos muertos y, para quien conecte con ellos (supongo que seremos minoría), estos entretienen. Albert Serra  crea sus propios Quijote ( Lluís Carbó ) y Sancho ( Lluís Serrat ) y los ubica en un espacio abierto natural, rodeados de sonidos, de iluminación natural, golpeados por el viento o refrescando sus cuerpos en corrientes fluviales. Son dos personajes silenciosos, prácticamente los únicos que asoman en las imágenes en las que Sancho guarda silencio mientras escucha como el caba...

Posición avanzada (1965)

Como narrador cinematográfico, Pedro Lazaga era muy bueno; el mejor ejemplo bien podría ser Cuerda de presos (1955), su película preferida, pero un fracaso comercial que le decantó hacia un tipo de cine de consumo fácil. Otro cantar es si aprovechó o desaprovechó su talento en películas y temas que, en su mayoría, estaban destinados a todos los públicos, es decir, a no tener el menor encontronazo con la censura y a hacer buenas taquillas. No era una cuestión de ego ni de política, carecía de las pretensiones de renovar el cine español que podrían encontrarse en un tipo Portabella o Saura, o ideológicas a lo Bardem. Tampoco perseguía un humorismo combativo y berlanguiano ni la suya era la pronunciada personalidad cinematográfica de un Regueiro, por no insistir en que Buñuel solo hubo uno y ese grandísimo “uno” rodó casi toda su filmografía fuera de España. Menos aún pretendía pasar por “autor”. Pero autor ¿de qué?, en una cinematografía controlada por la censura y, como cualquier otra, ...