domingo, 27 de marzo de 2022

Historia de un detective (1944)


La dos primeras adaptaciones a la gran pantalla de dos novelas de Raymond Chandler se produjeron en 1942, cuando Irving Reis y Herbert I. Leeds filmaban respectivamente The Falcon Takes Over, que se inspiraba en el libro Farewell, My Lovely, y Time to Kill, que encontraba su fuente literaria en The High Window. No obstante, al formar parte de los seriales dedicados al “halcón” —aventurero interpretado a lo largo del ciclo (1941-1948) por George Sanders, Tom Conway y James Calvert— y a Michael Shayne —a quien dio vida Lloyd Nolan en siete films—, no sería hasta dos años después cuando Philip Marlowe, el personaje más famoso del escritor, asoma en la pantalla en la segunda adaptación de la primera novela arriba apuntada. Lo hace en Historia de un detective (Murder, My Sweet, 1944) y con los rasgos de Dick Powell —posteriormente, asumiría los de Humphrey Bogart, Robert Montgomery, George MontgomeryJames Gardner, Elliott Gould, Robert Mitchum o James Caan—, pero lo interesante del personaje no es en sí la aparición en la pantalla del famoso detective, sino ver cómo esta conlleva una evolución en el investigador privado cinematográfico (y en el ambiente por donde se mueve), desde Philo Vance, personaje creado por S. S. Van Dine y que asoma en el cine en 1929 con el rostro de William Powell —en The Canary Murder Case (Malcolm St. Clair, 1929)—, pasando por la ironía, la sofisticación y la simpatía de Nick Charles en La cena de los acusados (The Thin Man, W. S. Van Dyke, 1934), hasta el antipático profesional interpretado por Dick Powell, en quien la ironía y la elegancia han dejado su lugar al cinismo y a la apariencia de antihéroe; entre medias se sitúa el Sam Spade de El halcón maltés (The Maltese Falcon, John Huston, 1941), un detective que combina cinismo e ironía y que tiene la ventaja de recibir los atributos de Bogart. Sin duda, aunque esta no era la primera adaptación de la novela de Dashiell Hammett, el personaje del film de Huston es la confirmación evolutiva del cine de detectives y el que mejor define las bases que Edward Dmytryk recoge en su película, que dota de una estética negra de sombras y niebla —que, en cierta medida, perfila el estilo visual de sucesivas producciones RKO—, así como de un psicología cuya subjetividad se potencia con la voz en off del detective, que insiste en guiar a sus oyentes por su versión del pasado, una que, bajo el disfraz de antihéroe, confirma el nuevo tipo de héroe cínico, escéptico, duro, en apariencia insensible, que busca la verdad siguiendo su propio código de valores en un entorno de claroscuros humanos donde la ambigüedad luce entre ambiciones, deseos, engaños y mentiras.

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