Hay didactismo, fantasía, corazón y folclore en las imágenes de Edgar Neville en su primer film el color: una película luminosa, cálida, viva, iluminada por el operador Enrique Guarner, en la que el cineasta mezcla su pasión por el Flamenco y su talento cinematográfico dando como suma un film único, que transita por los diferentes cantes y bailes en distintas localizaciones andaluzas, y en un instante madrileño, pues ¿qué palabra podría encajar mejor para la combinación Flamenco-Neville-Cine, sino única? El cante, el baile y Andalucía, también un Madrid de fondo goyesco, cobran el protagonismo absoluto en este documento que lo es más allá del género documental o de la música popular que explica en sus distintas variantes, y que muestra en la pantalla cantadas e interpretadas por profesionales y por aficionados y aficionadas, pero unos y otros igual de entregados a su instante artístico-musical. También es única porque documenta una época y un mundo desaparecidos que Neville filma entre admirado y enamorado de ese arte musical popular que se convierte en cuerpo y alma de Duende y misterio del Flamenco (1952), sin duda uno de los mejores films que se han rodado sobre el Flamenco; lo es por sus bailes y sus voces, pero también por los escenarios naturales y no naturales que se suceden a lo largo del metraje para dibujar y recorrer una geografía al tiempo humana y folclórica. El cineasta filma con alma y logra filmar el alma de algo más que un cante o un baile. Filma un modo de expresar sentimientos e identidad, un arte popular que surge en el siglo XVIII, como apunta la voz de Fernando Rey, narrador de este documental que, aparte de documentar y numerar los distintos cantes y bailes, crea un espacio artístico donde pretende atrapar para la eternidad ese símbolo musical y cultural de raíz andaluza, de sus pueblos y de sus gentes.
Una alternativa de la realidad Por Antonio Pardines Una de las ideas expuestas por Zach Snyder en Sucker Punch (2010) nos dice que la libertad se genera y se alcanza en la mente, pero el realizador no profundiza en aquello que insinúa y se recrea en el artificio audiovisual que solapa la idea central del film. Condicionada por aquello que el pensamiento fantasea y modifica según los conocimientos adquiridos, la imaginación es la vía de acceso al estado idealizado por la protagonista, un estado para ella real y que plantea interrogantes como ¿qué es fantasía y qué es realidad? ¿Dónde empieza la una y termina la otra? ¿O quién las delimita? Para Baby Doll ( Emily Browning ) la realidad es el gris encierro que sufre antes y durante su estancia en el centro psiquiátrico que su mente transforma en el colorido físico y musical donde sumerge su mente para alcanzar la libertad. Tanto en el espacio opresivo donde vive su encierro como en aquel otro que ella transforma en fantasía prima el bar...
Se trata, ciertamente, de una gran película, que plasma en imágenes el amor que sentía Neville por el flamenco.
ResponderEliminarSaludos.
Prácticamente, lo desconozco todo sobre el flamenco, pero no puedo negar que esta película luce y hace que sienta ganas de conocerlo mejor.
EliminarSaludos.