Ir al contenido principal

Los inmortales (1986)


En tres de sus saltos temporales al pasado, Los inmortales (Highlander, 1986) se detiene en el hogar que Connor (Christopher Lambert) encuentra al lado de Heather (Beatie Edney) después de ser herido en batalla y desterrado de su clan por sobrevivir sin explicación lógica a una herida mortal. Esos tres momentos expresan instantes que exilian el desarraigo del protagonista tras su destierro, al ofrecerle la efímera posibilidad de recuperar el lugar perdido y la compañía humana que le niegan en el clan. El compartir amor con Heather y amistad con Ramírez (Sean Connery) le permite echar raíces, es decir, compartir con otros semejantes lazos, sentimientos y emociones, que le sujetan a su condición humana, que se resiste a abandonar. Pero su empeño de retener lo humano es la lucha por un imposible para alguien de naturaleza inmortal, puesto que la inmortalidad es un atributo no humano, quizá ni siquiera lo sea divino. Lo humano implica raíces, relacionarse y unir sentimientos a los de otras personas y, la pérdida de estos lazos, le devuelve el desarraigo con el que camina en el presente, añorando vivir aquel imposible de amor y amistad que, en el pasado, contempla marchitarse por la naturaleza mortal humana. Su pasado al lado de Heather es un instante que se resume en una vida para ella y en un suspiro para él, en un quién quiere vivir para siempre mientras la música de Queen sublima de fondo las imágenes en las que, en el salto previo, se desarrollan brevemente la amistad y la enseñanza/aprendizaje que mantienen Ramírez y Connor, dos relaciones muy humanas, aunque se establezcan entre dos inmortales que no son eternos, que han nacido y pueden morir.



La aparición de Ramírez/Connery resulta uno de los aciertos de esta fantasía británica dirigida por Russell Mulcahy, quien, mediante el montaje, enlaza el pasado y presente (y presente y pasado) mediante elipsis que dan continuidad a las imágenes y ritmo a la narrativa, como si ambos tiempos fuesen uno y, en la apariencia de la realidad que vive, así es en Connor. Aunque el villano de la función, el Kurgan (Clancy Brown), amenaza con su humor gamberro, lo que menos interesa del film es la rivalidad y la lucha entre opuestos, de la que ya sabemos el resultado de antemano. En esto, Los inmortales no difiere de tantos films iguales o similares; pero su particularidad la encuentra en las canciones de Queen, del álbum A Kind of Magic, que acompañan los dos tiempos que son uno en alguien cuya naturaleza inmortal le genera miedo a vivir, a volver a amar, sentir, sufrir; temor que le niega la humanidad que recupera cuando se produce su encuentro con Brenda Wyatt (Roxanne Hart), la forense que trabaja para la policía.



Comentarios

Entradas populares de este blog

Sucker Punch (2010)

Una alternativa de la realidad Por Antonio Pardines Una de las ideas expuestas por Zach Snyder en Sucker Punch (2010) nos dice que la libertad se genera y se alcanza en la mente, pero el realizador no profundiza en aquello que insinúa y se recrea en el artificio audiovisual que solapa la idea central del film. Condicionada por aquello que el pensamiento fantasea y modifica según los conocimientos adquiridos, la imaginación es la vía de acceso al estado idealizado por la protagonista, un estado para ella real y que plantea interrogantes como ¿qué es fantasía y qué es realidad? ¿Dónde empieza la una y termina la otra? ¿O quién las delimita? Para Baby Doll ( Emily Browning ) la realidad es el gris encierro que sufre antes y durante su estancia en el centro psiquiátrico que su mente transforma en el colorido físico y musical donde sumerge su mente para alcanzar la libertad. Tanto en el espacio opresivo donde vive su encierro como en aquel otro que ella transforma en fantasía prima el bar...

Honor de cavalleria (2006)

Hay que ser quijotesco para pretender trasladar a la pantalla el clásico universal escrito por Miguel De Cervantes , pero, quizá, resulta más quijotesco tomar a sus dos personajes principales y realizar o filmar fragmentos de su monotonía, fragmentos que se unen y que, en su sucesión, establecen la conexión entre la naturaleza y el ser humano, fragmentos que captan vida, comedia y drama (así los interpreto), fragmentos en los que parece no suceder nada, y sin embargo sucede la no aventura, los tiempos muertos y, para quien conecte con ellos (supongo que seremos minoría), estos entretienen. Albert Serra  crea sus propios Quijote ( Lluís Carbó ) y Sancho ( Lluís Serrat ) y los ubica en un espacio abierto natural, rodeados de sonidos, de iluminación natural, golpeados por el viento o refrescando sus cuerpos en corrientes fluviales. Son dos personajes silenciosos, prácticamente los únicos que asoman en las imágenes en las que Sancho guarda silencio mientras escucha como el caba...

El sendero de la traición (1988)

Ismos prematrimoniales Por Antonio Pardines Una de las características del cine de Costa-Gavras es el adentrarse en espacios y en situaciones que desvelan el abuso ya sea de un Estado o de un grupo de poder. Y sus películas suelen funcionar como manifiestos cinematográficos que no temen señalar desmanes y crímenes, sobre todo aquellas en las que contó en el guion con la colaboración de Jorge Semprún y de Franco Solinas, dos escritores igual de comprometidos y con quienes trabajó durante su primera época. Ya considerado uno de los grandes del «cine político», gracias a Z (1969), La confesión ( L’aveu , 1970) y Estado de sitio ( État de siège , 1972), su popularidad se disparó tras el éxito de la espléndida crónica realizada sobre el golpe de estado de los militares chilenos en 1973 y la posterior represión en Desaparecido ( Missing , 1982), cuyo guion corrió a cargo de Donald E. Stewart, que adaptaba el libro homónimo de Thomas Hauser. Más adelante, cuando regresó al cine de habla i...