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Chinatown (1974)


Heredera del cine de detectives de la década de 1940, Chinatown (1974) es una excelente intriga que tiene de protagonista a Jake Gitties (Jack Nicholson), un alumno aventajado de Sam Spade o Philip Marlowe. Este investigador privado se ve envuelto en un asunto del que desconoce sus dimensiones. Gitties no podría imaginar que la investigación de una infidelidad derive en una serie de asesinatos, incluso, si no se anda con tiento, el suyo propio. Sin embargo, eso es lo de menos para un detective que no tolera ser burlado. Él no se arruga y, como anteriormente lo hicieron sus maestros, no puede evitar meter sus narices (a riesgo de perderla) donde no le llaman. Busca la verdad de unos hechos que le conducen hasta el departamento de aguas de Los Ángeles. Esta ciudad californiana se encuentra en plena expansión, sin embargo, su ubicación en medio del desierto la aleja de un bien más que preciado, el agua. Es este tesoro líquido el culpable de la serie de sucesos que conducen a Jake Gitties hasta el descubrimiento de un negocio ilegal que ha producido la muerte de Hollis Mulwray, el hombre a quien seguía y quien a su vez era el responsable del citado departamento. Algo no cuadra en todo el asunto, menos aún cuando recuerda que la viuda de Mulwray (Faye Dunaway) no es la mujer que había contratado sus servicios, haciéndose pasar por ella. Esta verdadera Mulwray oculta algo, no dice la verdad, y Jake lo sabe. A su favor se puede decir que Evelyn Mulwray no es una heredera de la mujer fatal del tipo de Phyllis Nirdlinger de Perdición o la fría y despiadada Katherine de Retorno al pasado, sino que es una mujer atrapada por la fatalidad. Por este motivo miente a Gitties una y otra vez, porque cree que existe una razón justificada para ello. Así pues, se descubre en Evelyn a una víctima que se ve en la necesidad de ocultar, no por ambición y ni por un amor destructivo hacia el detective, sino para proteger y protegerse. Sin embargo, las pistas que Gitties descubre le acercan más y más a una verdad que siempre apunta hacia ella y hacia un asunto mucho más gordo del que había supuesto inicialmente. Chinatown es una muestra perfecta de la buena realización que Roman Polanski hace de un guión repleto de magníficos diálogos escrito por Robert Towne, en el que las situaciones se suceden sin argucias de ningún tipo y que desvelan que se trata de un film oscuro, preciso y dramático. Una muestra de la magnífica combinación de los talentos de aquellos que lo hicieron posible: los actores que dan credibilidad a sus personajes (entre los que se cuenta John Huston), un reputado guionista, la excelente partitura de Jerry Goldsmith, la fotografía de John A.Alonzo y por supuesto un Roman Polanski en plena forma, tanta que salió corriendo del país.

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