Así comienza esta obra maestra del cine, con un cadáver que nos va a narrar su propia historia, la misma que le ha llevado a flotar sobre un manto cristalino, delimitado por azulejos, que siempre ha deseado porque, para él, representa el éxito que solo puede alcanzar en este principio-fin. Su exposición de los hechos se aleja de un discurso acusatorio o sensiblero, acepta que su final haya sido este y no otro. Su memoria traslada la acción hasta la habitación de su apartamento donde se le descubre sin blanca y acosado por dos cobradores de deudas que pretenden recuperar un vehículo que no ha sido pagado. Su huida en el coche que asegura no tener, inicia su desesperada búsqueda de un dinero que nadie le fía, dólares que evitarían la confiscación del auto que conduce. Como último recurso acude hasta los estudios Paramount. Allí suplica que le produzcan un libreto que a nadie interesa. La negativa, ligeramente disfrazada para no expresar a las claras que está acabado, le lleva de nuevo a la carretera, pero con la mala fortuna de ser descubierto por los sabuesos que no cejan en su empeño. Esta es la desesperada situación por la que atraviesa Joe Gillis, un hombre arruinado económica y moralmente, cuando una nueva intervención del destino provoca el pinchazo de una de las ruedas de su vehículo y le obliga a esconderse en una mansión que parece deshabitada. Hasta este punto de la película, Wilder ha prestado atención exclusiva al guionista, pero ahora, en la enorme casona, surgen dos extraños personajes, espectros del pasado: una actriz retirada, antaño estrella de cine mudo, que añora la admiración que produce ser un astro del celuloide, y su mayordomo, Max (Erich von Stroheim), misterioso, parco en palabras y nada amable con Joe. El guionista no tarda en descubrir que la actriz en cuestión es Norma Desmond (Gloria Swanson), a quien todo el mundo ha olvidado, aunque ella lo desconoce. Este nuevo giro en los acontecimientos precipita una extraña relación, con la que pretende sacar tajada, pero que le convierte en un nuevo personaje del mundo irreal desarrollado alrededor de Norma, donde un pequeño descuido produciría una enorme conmoción en la frágil salud mental de la diva. Inicialmente ambicioso y amoral, Joe cede a las pretensiones de la estrella, aunque no lo hace por un sentido altruista sino para sacar provecho, sin percatarse de que su suerte ha vuelto a cambiar, y nada sale como había imaginado en un principio, atrapado dentro de una situación límite que le desborda y que le pide a gritos que escape de esa mansión anclada en un tiempo pretérito.
Una alternativa de la realidad Por Antonio Pardines Una de las ideas expuestas por Zach Snyder en Sucker Punch (2010) nos dice que la libertad se genera y se alcanza en la mente, pero el realizador no profundiza en aquello que insinúa y se recrea en el artificio audiovisual que solapa la idea central del film. Condicionada por aquello que el pensamiento fantasea y modifica según los conocimientos adquiridos, la imaginación es la vía de acceso al estado idealizado por la protagonista, un estado para ella real y que plantea interrogantes como ¿qué es fantasía y qué es realidad? ¿Dónde empieza la una y termina la otra? ¿O quién las delimita? Para Baby Doll ( Emily Browning ) la realidad es el gris encierro que sufre antes y durante su estancia en el centro psiquiátrico que su mente transforma en el colorido físico y musical donde sumerge su mente para alcanzar la libertad. Tanto en el espacio opresivo donde vive su encierro como en aquel otro que ella transforma en fantasía prima el bar...




Comentarios
Publicar un comentario