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Los invasores (1964)

La mejor película que he visto sobre vikingos es la realizada por Richard Fleischer en 1958. La explicación es sencilla. Los vikingos (The Vikings, 1958) transmite en plenitud el conflicto de los personajes y el barbarismo del momento, de un tiempo que quizá solo existe en la película, de ambición y tragedia, de lucha. Lo que veo y escucho me genera la sensación de estar ante una película que va más allá de la aventura, de la leyenda y de la épica. Deviene en idilio entre lo que cuenta y el cómo lo cuenta, entre el mundo físico y el emocional de los personajes, y alcanza un tono épico-dramático que la hace única. Eso no lo consigue Jack Cardiff en Los invasores (The Long Ships, 1965), otra aventura vikinga, pero sin la emoción, ni la corporeidad física ni la entidad psicológica y dramática del film de Fleischer. La propuesta de Cardiff, que había sido el responsable de la espléndida fotografía de Los vikingos, se inicia con el hundimiento de un drakkar , embarcación vikinga, y la pos...

James Poe, personajes al límite

La carrera de guionista de James Poe se inició en la década de 1940; desde entonces no paró de trabajar y de acumular un currículum repleto de títulos memorables en los que se aprecia su capacidad para adaptar de la literatura al guion. La mayor parte de sus guiones son adaptaciones de novelas y obras teatrales de prestigiosos dramaturgos estadounidenses, póngase los casos de Tennessee Williams, Lillian Hellman y Clifford Odets. Poe, neoyorquino nacido en 1921 y fallecido en 1980, escribió para programas de radio, cine y televisión. Y sus mejores guiones llevan a sus personajes al límite. Los sitúa allí, en situaciones extremas, donde el conflicto colisiona y estalla, poniéndolos a prueba. Esta constante se repite y da sus frutos más jugosos en Trágica información (Scandal Street, Phil Karlson, 1952); en sus dos colaboraciones con Robert Aldrich , La podadora (The Big Knife, 1955) y ¡Ataque! (Attack, 1956), en las que adaptaba dos obras teatrales, de Clifford Odets y Norman Brooks,...

Rebelión en las aulas (1967)

<<Toda nueva moda es una forma de rebeldía>>, afirma Mark Thackeray en Rebelión en las aulas (To Sir, with Love, James Clavett, 1967). Quizá sus palabras fuesen ciertas antes de que toda nueva moda girase exclusivamente alrededor del dinero o de una intención uniformadora. En todo caso, dudo que hoy pueda hablarse de moda en un sentido transgresor, puesto que las nuevas modas carecen de poder de transgredir, al ser prácticamente nulas a la hora de cuestionar el orden. No lo rompen. En Estadística, moda es la marca de clase que más se repite; y la repetición depara la costumbre, lo aceptado como referencia o como modelo; se afianza en el orden. En nuestro anteayer medieval, la moda se anclaba en la aparente quietud, en el no cambio, hasta que se producía un fenómeno que lo cambiaba todo antes de establecer un nuevo modelo aparentemente inamovible; pero, de un tiempo a esta parte, la moda surge a cada hora; cobra un sentido de breve temporalidad y se relaciona con el negocio...

Groucho y la Enmienda 18

Trece años es tiempo más que suficiente para darse cuenta de un error, de una mala gestión o de una decisión desacertada, también lo es para que Vito Corleone pueda fundar su familia y su imperio criminal o para que Groucho Marx se dé a la bebida y evite que algún cretino le pille sereno o por tocar simbólicamente las partes de los decentes y políticos que impusieron una ley más incongruente que el contrato de la parte contratante de la primera parte. Era la conocida “ley seca”, la que indujo a mojarse el gaznate o así lo interpretó la mayor parte de la población estadounidense, pues fue prohibirle la priva, y lanzarse a buscarla de inmediato, ya fuese en garajes, sótanos, iglesias o en la vecina Canadá. Fue como si el Gobierno le tocase las palmas con su ley, la cual no tardó en demostrar que era la animadora que faltaba para que la ciudadanía, en su mayoría y en su soberanía puesta en duda, se decidiera a beber, comprar, elaborar o vender alcohol. Aunque hubo quien no lo sabía entonc...

La clave de la cuestión (1962)

El racismo, la convivencia y la tolerancia son ejes de varias de las producciones más conocidas y prestigiosas de Stanley Kramer: Fugitivos (The Defiant Ones, 1958), Adivina quién viene esta noche (Guess Who’s Coming to Dinner, 1967) o La clave de la cuestión (Pressure Point, 1962), en la que cedió la dirección a Hubert Cornfield y se dedicó a labores de producción —aunque también intervino en la dirección de alguna escena—. La historia propuesta en esta última se inicia en un hospital donde se produce la charla del psiquiatra jefe (Sidney Poitier) y uno de sus psiquiatras (Peter Falk), a quien le cuenta su historia con un paciente que le arrastró al límite de su aguante y de su entrega profesional y emocional; pero resistió, como se verá a lo largo de su relato. Narra su experiencia porque su subordinado se niega a continuar las terapias con su paciente. Amenaza con dejar su puesto, si no le sustituye por otro colega, pues considera que el niño a quien trata le odia por ser blanco....

El copión, por Dirk Bogarde

El título elegido para el siguiente fragmento puede deparar confusión o el chiste fácil, lo cual tampoco es extraño, ya que la relación de “copión” con “el que copia” es evidente. No obstante, no se trata de este significado, el más corriente y arriesgado en las aulas donde Bogarde quizá copiase en algún momento de su etapa escolar; pero lo dudo, ya que apenas mostró interés en la vida académica, de la que quiso escapar lo antes posible para dedicarse al teatro, medio en el que descubrió que carecía de formación cultural, educativa y literaria. Por entonces, le gustaba leer literatura de consumo, novelas que no le exigiesen esfuerzo; y así, tan contento, rechazaba a Shakespeare , Ibsen, Chéjov o George Bernard Shaw. La verdad, con esa dificultosa relación con autores teatrales que se encontraría hasta en la sopa, su futuro laboral peligraba. Por fortuna para su formación y posiblemente para su posterior carrera teatral y cinematográfica, la administración, más que el destino, deparó qu...

Sidney Poitier. La dignidad de rebelarse

Durante la primera mitad del siglo XX, en el cine, el actor (también la actriz) afroestadounidense estaba condenado a roles secundarios. Solía aparecer en pantalla en papeles sin apenas importancia narrativa, a menudo en empleos relacionados con el servicio doméstico o el ferroviario. Eran personajes caricaturizados hasta el extremo de mostrarlos iguales, negándoles individualidad y personalidad propia, ni desarrollada más allá de la apariencia infantil que se les otorgaba. Aparecían en pantalla como niños, inocentes, sin malicia, a veces ridiculizados o como excusa para introducir un momento que se suponía cómico. Pero la irrupción de Sidney Poitier en el cine rompió esa barrera, al dar vida a una amplia gama de personajes. Su primer papel protagonista fue el de cirujano en  Un rayo de luz  (No Way Out,  Joseph L. Mankiewicz , 1950) , su debut en un largometraje y la primera de las tres películas en las que compartió pantalla con su amigo Richard Widmark, que sería su co...