Ir al contenido principal

El castillo Vogeloed (1921)

El ambiente de malestar, desconfianza, sospecha que deriva en paranoia, así como el misterio y el espacio acotado, agudizan la sensación de encierro entre la realidad y la irrealidad que prevalece en El castillo Vogeloed (Schloß Vogelöd, 1921). Ninguno de sus personajes parece saber muy bien donde se encuentra la verdad. Por momentos, onírica en los sueños y expresionista en la breve pesadilla en la que las sombras y una mano preceden a Nosferatu (Nosferatu, eine Symphonie des Grauens, 1922), Murnau logra generar en pantalla un ambiente insano, sospechoso y amenazador. Lo expresa a través de los rostros del conde Oetsch (Lothar Mehnert) y de la baronesa Safferstädt (Olga Tschechowa) —el primero, sospechoso del asesinato de su hermano y la segunda, la viuda de aquel— y de la lluvia, cuya constante insistencia en el exterior obliga a los invitados a permanecer en el interior del castillo. La lluvia es fundamental en El castillo de Vogeloed, al ser la excusa que permite el encierro de una intriga en la que Murnau introduce el falso culpable que Fritz Lang y Alfred Hitchcock llevarán a límites magistrales en Furia (Fury, 1936) y Falso culpable (The Wrong Man, 1956), respectivamente, entre otros títulos.

Para dar forma a su película, Murnau se inspira en un cuento de Rudolf Stratz que Carl Mayer convirtió en guion, por lo que no es descabellado pensar que el malestar de los aristócratas encerrados pueda ser reflejo social, uno de los posibles, de la Alemania de posguerra. Juntos o por separado, el cine de Mayer y el de Murnau expresan en la pantalla lo que los protagonistas llevan dentro; de ese modo se exterioriza la interioridad herida, al menos nunca en paz. Como en Mauritz Stiller y en Viktor Sjöström, en Murnau (y en Mayer) la psicología de sus protagonistas es fundamental, la expresa en las formas físicas (lluvia) y en el lenguaje corporal y facial de los personajes. Así, más allá de los rótulos con los diálogos —de los que prácticamente prescindirá en El último (Der letzte mann 1924)—, saca a relucir aquello que preocupa, ocupa y determina el comportamiento de los personajes. En El castillo de Vogeloed también se observa esa intención de expresar, pero todavía en un estado que dista del magisterio de su primera obra maestra, Nosferatu, filmada seis meses después, y de El último, su segunda cumbre, en la que Murnau alcanzaba una de las máximas expresiones del cine visual. Pero, en Vogeloed, Murnau todavía está madurando su idea de cine. Prácticamente, el interior del castillo es el escenario único del film, que contó con los decorados de Hermann Warm, uno de los responsables de la estética de El gabinete del doctor Caligari (Das Cabinet des Dr. Caligari, Robert Wiene, 1919), pero, al contrario que en aquella, la paranoia no se observa en los decorados, que son sobrios y aristocráticos, a imagen del conde y la condesa. La apariencia y lo que esta esconde es fundamental en este film en el que la realidad y la irrealidad se dan la mano, unidos por recuerdos y los sueños, pero lo que parece interesar al cineasta son los rostros, que hablen por los personajes; aunque todavía resultan expresiones teatrales y la cámara no aporta la expresividad que luce en El último



Comentarios

Entradas populares de este blog

Sucker Punch (2010)

Una alternativa de la realidad Por Antonio Pardines Una de las ideas expuestas por Zach Snyder en Sucker Punch (2010) nos dice que la libertad se genera y se alcanza en la mente, pero el realizador no profundiza en aquello que insinúa y se recrea en el artificio audiovisual que solapa la idea central del film. Condicionada por aquello que el pensamiento fantasea y modifica según los conocimientos adquiridos, la imaginación es la vía de acceso al estado idealizado por la protagonista, un estado para ella real y que plantea interrogantes como ¿qué es fantasía y qué es realidad? ¿Dónde empieza la una y termina la otra? ¿O quién las delimita? Para Baby Doll ( Emily Browning ) la realidad es el gris encierro que sufre antes y durante su estancia en el centro psiquiátrico que su mente transforma en el colorido físico y musical donde sumerge su mente para alcanzar la libertad. Tanto en el espacio opresivo donde vive su encierro como en aquel otro que ella transforma en fantasía prima el bar...

Honor de cavalleria (2006)

Hay que ser quijotesco para pretender trasladar a la pantalla el clásico universal escrito por Miguel De Cervantes , pero, quizá, resulta más quijotesco tomar a sus dos personajes principales y realizar o filmar fragmentos de su monotonía, fragmentos que se unen y que, en su sucesión, establecen la conexión entre la naturaleza y el ser humano, fragmentos que captan vida, comedia y drama (así los interpreto), fragmentos en los que parece no suceder nada, y sin embargo sucede la no aventura, los tiempos muertos y, para quien conecte con ellos (supongo que seremos minoría), estos entretienen. Albert Serra  crea sus propios Quijote ( Lluís Carbó ) y Sancho ( Lluís Serrat ) y los ubica en un espacio abierto natural, rodeados de sonidos, de iluminación natural, golpeados por el viento o refrescando sus cuerpos en corrientes fluviales. Son dos personajes silenciosos, prácticamente los únicos que asoman en las imágenes en las que Sancho guarda silencio mientras escucha como el caba...

El sendero de la traición (1988)

Ismos prematrimoniales Por Antonio Pardines Una de las características del cine de Costa-Gavras es el adentrarse en espacios y en situaciones que desvelan el abuso ya sea de un Estado o de un grupo de poder. Y sus películas suelen funcionar como manifiestos cinematográficos que no temen señalar desmanes y crímenes, sobre todo aquellas en las que contó en el guion con la colaboración de Jorge Semprún y de Franco Solinas, dos escritores igual de comprometidos y con quienes trabajó durante su primera época. Ya considerado uno de los grandes del «cine político», gracias a Z (1969), La confesión ( L’aveu , 1970) y Estado de sitio ( État de siège , 1972), su popularidad se disparó tras el éxito de la espléndida crónica realizada sobre el golpe de estado de los militares chilenos en 1973 y la posterior represión en Desaparecido ( Missing , 1982), cuyo guion corrió a cargo de Donald E. Stewart, que adaptaba el libro homónimo de Thomas Hauser. Más adelante, cuando regresó al cine de habla i...