<<Los films de costumbres populares de Carl Engdhol -Gente de Vaarmland, Una boda en Ufasa- encontraron rápidamente imitadores y aun superiores. Así, en 1912 aparecerán dos nombres que han marcado profundamente la historia toda del cine: Mauritz Stiller y Victor Sjöström. Ambos llegan cargados de ideas, dando al medio de expresión una importancia creativa de primera magnitud>>4 Esas ideas alcanzarían su plenitud entre la segunda mitad de la década de 1910 y primeros años de la siguiente, antes de que el cine sueco entrase en crisis y ambos realizadores aceptasen la oferta de Hollywood. Los medios económicos y logísticos de Hollywood tentaron a Lubitsch, Murnau, Paul Leni, Michael Curtiz, Maurice Tourneur y a tantos otros. Sjöström también sucumbió al canto de Hollywood, quizá uno tan seductor y engañoso como el de las sirenas mitológicas. El realizador nórdico llegó a Estados Unidos en 1923. Por aquel entonces ya era un cineasta de talla mundial gracias al éxito internacional de La carreta fantasma; sin embargo, debido a la dificultad que implicaba la pronunciación de su apellido, lo cambió por Seastrom y con este firmó sus producciones hollywoodienses. Si bien le fue mucho mejor que a su amigo Stiller, que le seguiría poco después, llevándose consigo a Greta Garbo, Hollywood no era precisamente un paraíso para quienes sentían o entendían el cine como medio para su expresión artística. Por tanto, era inevitable que esta interpretación (más europea que estadounidense) colisionase con la visión comercial de la fábrica californiana, pues Hollywood era y es industria y, como tal, supedita lo artístico a lo económico. Lo cierto es que Sjöström logró cierto equilibrio dentro de la MGM -todo lo contrario sucedió con Stiller-, pero no podía evitar ser un artista cinematográfico, lo cual apuntaba que su aventura americana tenía fecha de caducidad, y esta coincidió con la transición al sonoro. En 1930, siete años después de su partida, con títulos magistrales como El que recibe el bofetón, la primera producción de la recién fundada Metro-Goldwyn Mayer, de otro modo quizá no hubiese sido posible su realización, La mujer marcada o El viento, regresó a Europa, donde filmó dos films antes de poner el broche a su carrera tras las cámaras con Under the Red Robe (1937), que firmó con su Victor Seastrom. A pesar de la grandeza de su obra, la memoria es curiosa y recuerda selectiva y condicionada, de ahí que la imagen que pervive de Sjöström es la que lo asocia a su personaje Isak Borg en Fresas salvajes (Smultronstället, 1957). <<Desde el principio la presencia del artista Sjöström empequeñeció todo lo demás. Él había hecho la película más importante de la historia. La vi por primera vez cuando tenía quince años. Ahora la veo por lo menos una vez cada verano, solo o con personas más jóvenes. Veo claramente como "El carro fantasma", hasta en detalles particulares, ha influido en mi vida profesional>>5 recordó Bergman al cineasta que protagonizó Fresas salvajes (1957), el mismo que le aconsejó en sus inicios y el que en 1920 había dirigido La carreta fantasma, film con el que Sjöström alcanzaba una nueva cumbre cinematográfica, una de las más recordadas de su magistral filmografía.
1,2,3.Carl Theodor Dreyer. Reflexiones sobre mi oficio. Paidós, Barcelona, 1999
4.Jesús García Tolsa (Coord.) Historia de las Artes. Vol. 3. Editorial Marín, Barcelona, 1972
5.Ingmar Bergman.


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