domingo, 3 de junio de 2018

Greta Garbo. La estrella etérea

La infancia y la adolescencia suelen ser etapas idóneas para divertirse, despreocuparse, rebelarse y fantasear sin pensar qué deparará la edad adulta. Son ensoñaciones infantiles, después adolescentes, ambas necesarias y beneficiosas para un desarrollo equilibrado, que no plantean seriamente la necesidad de mirar más allá del ahora ni preocuparse de que algún día la adultez llamará a la puerta, silenciosa, casi sin avisar, para confirmar que, para muchos, las ilusiones han sido sustituidas por objetivos tangibles, profesionales o personales. Pero no todas las niñas y niños tienen la posibilidad de crecer en un entorno adecuado para la ensoñación, y aún así sueñan, se evaden de realidades complicadas y generan ilusiones que en ocasiones convierten en metas a conquistar. Greta Lovisa Gustafsson era una de esas niñas, que fantaseaba ser actriz y soñaba con una vida alejada de la miseria que rodeaba su niñez. Su sueño no era una idea pasajera, era una vía de escape y una fijación que, de no cumplirse, corría el riesgo de convertirse en frustración. Aquella fijación conllevaba determinación y esta la llevó a conseguir la beca de la Real Academia de Arte Dramático de Estocolmo donde Mauritz Stiller descubrió su talento y su belleza. El cineasta puliría a su joven pigmalión, cambiando su nombre real por el mítico Greta Garbo, enseñándole a actuar, a sonreír y a vestir con elegancia, a moverse en público, a proteger su privacidad, rasgo que la definiría de por vida. Durante sus primeros años profesionales, antes y después de darle su primera gran oportunidad en el cine, al confiarle el papel de Elizabeth Dohna en La saga de Gösta Berling, Stiller fue imprescindible en el ascenso de la actriz y en la gestación de la leyenda que Hollywood acabaría por dar forma. Tras Gösta Berling, director y actriz se embarcaron en un nuevo proyecto común que no se materializó por cuestiones económicas, pero la joven Greta recibió una oferta de G. W. Pabst para participar en Bajo la máscara del placer. Ella aceptó el papel, pero con el consentimiento y asesoramiento de su mentor, a quien poco después acompañaría a Estados Unidos, cuando este fue tentado por los dólares y las promesas de Hollywood. Garbo y Stiller llegaron a California contratados por Metro Goldwyn Mayer, pero lo que apuntaba un triunfo profesional para el cineasta sueco de origen finés se convirtió en su derrota. Su independencia y su visión del cine como medio de expresión artístico chocó con la material de los empresarios cinematográficos, lo cual generó el enfrentamiento que deparó su despido del rodaje de La tierra de todos. Para Garbo, que protagonizaba la película, sería un duro golpe ver como sustituían al hombre a quien estaba tan unida por Fred Niblo, pero ella se ciñó al contrato y dio vida a una seductora que destacaba por encima de sus compañeros de reparto. Antes de que se produjera el desencuentro que definitivamente hundió a Stiller, el realizador ayudó a su musa a preparar el personaje de Tornado, la primera película estadounidense en la que participó la actriz y el éxito que necesitaba para impulsar su carrera profesional. Aunque no era la más guapa ni la más talentosa entre las actrices de Hollywood, su belleza misteriosa y ambigua, unida a su inigualable capacidad para brillar y fascinar en la pantalla, convirtieron a Greta Garbo en una de las reinas de la MGM, que era como decir se convirtió en una de las grandes divas de Hollywood, posición que mantendría hasta que a los treinta y cinco años de edad anunció su retiro, un duro golpe para las ambiciones económicas del estudio y una decepción para su legión de admiradoras y admiradores. Entre La saga de Gösta Berling y La mujer de las dos caras, la actriz sueca trabajó con realizadores tan prestigiosos como el propio Stiller, Clarence BrownG. W. Pabst, Victor Sjöström, Fred Niblo, Jacques Feyder, Rouben Mamoulian o George Cukor, pero fue bajo la elegante y ingeniosa dirección de Ernst Lubitsch en Ninotchka cuando alcanzó su cumbre profesional. Ninotchka fue su única comedia, la película que la hizo más accesible y terrenal, y un éxito que no presagiaba el retiro voluntario que, en 1941, la estrella anunció tras el fracaso de La mujer de las dos caras, el punto y final a su carrera, pero no del mito de la mujer divina y etérea, celosa de su privacidad, inaccesible y solitaria.




Filmografía

El alegre caballero (Lyckroriddare; John W. Brunis, 1921) (sin acreditar)
Pedro el tramposo (Luffar-Petter; Erik A. Petschler, 1922)
La saga de Gösta Berling (Gösta Berlings saga; Mauritz Stiller, 1924)
Bajo la máscara del placer (Die freudlose Gasse; Georg Wilhem Pabst, 1925)
Torrente (Torrent; Monta Bell, 1926)
La tierra de todos (The Temptress; Mauritz Stiller, Fred Niblo, 1926)
El demonio y la carne (Flesh and the Devil; Clarence Brown, 1926)
Anna Karenina (Edmund Goulding, 1927)
La mujer divina (Victor Sjöström, 1928)
La dama misteriosa (Fred Niblo, 1928)
La mujer ligera (Clarence Brown, 1928)
Orquídeas salvajes (Sidney Franklin, 1929)
Tentación (John S. Robertson, 1929)
El beso (Jacques Feyder, 1929)
Anne Christie (Clarence Brown, 1930)
Romance (Clarence Brown, 1930)
Inspiración (Clarence Brown, 1931)
Susan Lenox (Robert Z. Leonard, 1931)
Mata Hari (George Fitzmaurice, 1931)
Grand Hotel (Edmund Goulding, 1932)
Como tú me deseas (George Fitzmaurice, 1932)
La reina Cristina de Suecia (Rouben Mamoulian, 1933)
El velo pintado (Richard Boleslawski, 1934)
Anna Karenina (Clarence Brown, 1935)
Margarita Gautier (George Cukor, 1937)
María Walewska (Clarence Brown, 1937)
La mujer de las dos caras (George Cukor, 1941)

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