domingo, 9 de agosto de 2020

Walter Benjamin y el inconsciente visual


Un rostro, una mano, un ojo seccionado por una navaja, imágenes que nos adentran en el alma humana o nos ofrece un nuevo significado de los objetos y del instante. Un paso adelante, uno hacia atrás, pausa, movimiento, secuencias que siguen el fluir del instante, de los cuerpos y de los gestos. Primeros planos, ralentí, distancias de cine, distancias entre el ojo humano y el objetivo de una cámara. Cualquier cineasta expresa su arte empleando los recursos cinematográficos, pero no todos son capaces de transmitir la esencia del momento, más allá de cualquier espacio físico, la esencia entre la realidad y su interpretación cinematográfica. Monet captó la atmósfera de la realidad, aquellas impresiones que nuestro ojo recoge según la luz e incluso nuestro estado de ánimo, es la interpretación del mundo, pero quizá no sea el mundo. El cine no es un cuadro, pero tiene cierto parentesco, ya que capta un instante, su esencia, su impresión, su atmósfera. Walter Benjamin escribió sobre el primer plano y el ralentí, sobre la realidad que se escapa a nuestro ojo, pero que queda atrapada por la cámara. Habló de ello en su breve ensayo La obra de arte en la época de su reproducción mecánica, y el entrecomillado que sigue pertenece a dicho texto. Me parece interesante, recordar que, por ejemplo, un primer plano varía según quién y cómo lo use, puesto que imágenes de un mismo momento, lugar o cuerpo varían según quien mire, hable, susurre, exagere, lo acerque o lo espante...


Este primer plano de Mamasunción (Chano Piñeiro, 1985) me habla sin necesidad de emitir sonidos; me habla de una madre y de una tierra, me cuenta sobre una espera y sobre el paso del tiempo, me indica la resistencia silenciosa de alguien que aguarda el regreso del ser amado, me desvela, a través de su mirada fija, un espacio entre la resignación y la última esperanza)



Walter Benjamin (Berlín, 15 de julio de 1892 - Portbou, 27 de septiembre de 1940)

<<Haciendo primeros planos sobre el inventario de realidades, señalando detalles de lo familiar normalmente ocultos, indagando en contextos corrientes bajo la inspirada guía del objetivo, el cine, por un lado, nos permite conocer mejor las necesidades que rigen nuestra existencia y, por otro, nos abre un campo de acción inmenso e insospechado. Las tabernas y las calles de nuestras urbes, las oficinas y las habitaciones amuebladas, las estaciones y las fábricas parecían atraparnos sin esperanza alguna de escapar. Pero llegó el cine, y gracias a la dinamita de sus décimas de segundo hizo estallar por los aires ese universo carcelario: podemos ahora emprender atrevidos viajes por entre los escombros dispersados. Con el primer plano, el espacio se ensancha; con el ralentí, el movimiento adquiere nuevas dimensiones. El primer plano no solo perfila claramente lo que “en cualquier caso” vemos de manera menos clara, también hace aparecer estructuras completamente nuevas de la materia. El ralentí, no solo resalta tipos de movimientos que ya conocemos, también descubre nuevos tipos que desconocíamos y “que no son en modo alguno movimientos rápidos ralentizados, sino movimientos extrañamente deslizantes, flotantes, sobrenaturales” (Rudolph Arnheim, Der Film als Kunst, Berlin, 1932, p.138). Queda, por tanto, claro que la naturaleza que habla a la cámara no es la misma que la que habla a nuestros ojos. Es distinta, sobre todo porque el espacio que el hombre dominaba con su consciencia es sustituido por otro en el que impera la inconsciencia. Conocemos sobradamente los movimientos del caminante, pero nada sabemos del gesto con el que, en una fracción de segundo, adelanta un pie. Conocemos más o menos el gesto que hacemos al coger un mechero o una cuchara, pero desconocemos casi todo de lo que ocurre entre la mano y el metal, y todo de cómo cambia el gesto según nuestro estado de ánimo. Y aquí sí penetra la cámara con sus recursos varios: sus subidas y bajadas, sus planos fijos y sostenidos, sus ritmos lentos o rápidos, sus ángulos abiertos o cerrados. Solo la cámara nos muestra el inconsciente visual, como solo el psicoanálisis nos muestra el inconsciente pulsional>>.1


1.Benjamin, Walter: La obra de arte en la época de su reproducción mecánica (traducción Wolfgang Erger), pp 46-48. Casimiro Libros, Madrid, 2010.

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