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El acorazado Potemkin (1925)



A estas alturas, nada nuevo descubro si escribo que los cineastas soviéticos de la década de 1920 fueron maestros del montaje, ni que en sus manos este recurso narrativo evolucionó hasta convertirse en el eje fundamental de sus películas. Quizá el ejemplo más empleado para corroborarlo se encuentra en 
El acorazado Potemkin (Bronenosets Potemkin, 1925), la cual se convirtió en un referente evolutivo en la edición cinematográfica como recurso indispensable para dotar de mayor ritmo y conflicto a la acción desarrollada. Desde la experimentación y la innovación, Sergei M.Eisenstein incluyó en su película más de mil trescientas tomas, cuando lo normal por aquel entonces serían la mitad, como consecuencia, su film se ha convertido en uno de los más estudiados y comentados de la Historia del Cine, sobre todo su famosa escena de la masacre en las escaleras del puerto de Odessa o las metáforas visuales que salpican su metraje de igual modo que las olas salpican las imágenes iniciales para presagiar el temporal que se desatará a bordo del navío que le da título. El rótulo explicativo que abre El acorazado Potemkin afirma que la única guerra justa es la revolución, con esta información se conoce la intención de Eisenstein, que no tarda en mostrar la precariedad y los constantes abusos sufridos por la dotación del Potemkin. Un ejemplo lo encontramos en la escena de la carne que sirve de alimento a centenares de gusanos cuya presencia parece indicar al doctor que la comida está en "buen estado"; él debe saberlo, ya que es el experto en la materia. Otra muestra de la miseria en la que vive la tripulación se observa en los golpes que recibe uno de los soldados por tener su hamaca mal colocada. De ese modo se comprende que los oficiales someten desde la fuerza y la represión, mientras que el pope los somete desde la religión, y tanto lo uno como lo otro son dos de los detonantes del motín que no tarda en producirse. Al límite de sus fuerzas, los marineros se reúnen y hablan hasta decidir que no pueden continuar sufriendo las miserables condiciones que los denigra y degrada, pues ellos no son bestias, sino seres humanos. De entre todos estos maltratados destaca la presencia del marinero Vakulinchuk (Aleksander Antonov), quien se convierte en la voz de los oprimidos y en el principal instigador de los violentos sucesos que se desarrollan posteriormente, los mismos que se basan en el fallido intento de revuelta acontecido en 1905 en Odessa. El motín de la tripulación del Potemkin y la posterior sublevación de los ciudadanos formó parte del antecedente fallido de la revolución de 1917, que puso fin a la monarquía zarista e instauró el régimen soviético, un sistema de gobierno que no mejoró al anterior, y que terminaría convirtiéndose en la dictadura de un único partido legal y de líderes. Queda claro en la exposición ideológica de Eisenstein que el Estado, representado en los oficiales del acorazado, que utilizan la violencia como arma de sometimiento, y la iglesia, personalizada en el rostro del sacerdote que viaja a bordo del Potemkin, son los opresores de las masas que sufren representados en los marineros y en la población. De tal manera, la película se posiciona a favor de los desheredados, pues la idea de un régimen (la oficialidad del barco) opresor y ajeno a las necesidades del pueblo (marinería) no permite a los segundos otra opción que la de amotinarse en este alzamiento cinematográfico que, realizado para conmemorar el veinteavo aniversario de la revuelta de 1905, contiene una carga ideológica evidente, pero también un valor artístico-creativo que no entiende de sistemas políticos.


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