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Caballero sin espada (1939)



La corrupción es una lacra que siempre presente en el ámbito de la política, sin embargo Jefferson Smith (
James Stewart) ni siquiera piensa en ello cuando es nombrado senador honorífico. Para él, todo es maravilloso, es un idealista, honesto y patriota. Jeff cree en las palabras de los padres de la nación y cree que todos aquellos que se reúnen en el senado son hombres de principios y de valores inquebrantables, sobre todo, el senador Joseph Paine (Claude Rains), un viejo amigo de su padre que hace las veces de mentor y guía. Pero no es oro todo lo que reluce, el senador Paine le ayuda para tenerle controlado, vigilado y poder manejarle al son que marque Jim Taylor (Edward Arnold), el hombre más poderoso del Estado, quien ambos senadores representan. Taylor, magnate de la prensa y de los negocios, pone y depone a unos políticos que maneja como si fueran sus marionetas, lo mismo que piensa hacer con el senador Smith, un hombre que ha sido elegido para ocupar un puesto vacante porque no sabe nada de política y semeja ser idiota. Cuando Jeff pone los pies en Washington se siente abrumado por la grandeza de su significado, se encuentra en la cuna de la constitución, en la capital de la nación donde se le presenta la oportunidad para servir a su amado país. No obstante, su primer contacto con la prensa desvela que se ha metido en un nido de víboras, en el que la supuesta verdad no tiene porque ser la auténtica, sino la aquella que interesa. Jeff desea aprender e involucrarse en el proceso constitucional y democrático, para ello pide a Paine que le permita estudiar los proyectos que se llevan a cabo, cuestión que no es del agrado del viejo senador, quien le disuade y le invita a que el proponga un proyecto de ley, aquel del que le ha hablado; la construcción de un campamento para niños de todas las clases y condiciones, donde los más jóvenes, el futuro, puedan familiarizarse con los valores de la libertad y de la nación. Para tener constantemente controlado a Smith, sin que éste sospeche, le han puesto una especie de niñera, Sanders (Jean Arthur), mujer competente, inteligente y que se siente asqueada, pues a su modo, ella también es una idealista. Sanders redescubre sus valores gracias a las sinceras palabras de Smith, en quien observa una fe ciega en el sistema y en los hombres que lo manejan. Sin darse cuenta se enamora de ese caballero sin espada que no sabe dónde se ha metido, y lo que es peor, no sabe que aquellos en quien confía no hacen sino jugar con él. Muchas de las películas de Frank Capra encierran un mensaje de denuncia en el que se advierte de aspectos mejorables dentro de la sociedad; situaciones que expone desde la comedia dramática y que ambienta dentro de estamentos políticos o sociales. En esta ocasión su víctima heroica es un caballero quijotesco, cuyos intachables ideales le impiden despertar ante una realidad muy diferente a la suya. Él cree ciegamente en las palabras que muchos años atrás escribieron los hombres que crearon la nación, y cree firmemente en que en ellas se encuentra el verdadero camino de la grandeza y la libertad que defiende. Caballero sin espada (Mr.Smith goes to Washington) es un film sobre la política, la corrupción, los ideales, la pasión y los valores que deberían guiar a los líderes de los países: la libertad y el pueblo, no los intereses personales o el afán de lucro que, por desgracia, se presenta en algunos de los representantes de un pueblo que ha depositado su confianza en ellos. ¿Una comedia con trasfondo social o un drama idealista? Si esta pregunta tuviese que responderla Jefferson Smith, la respuesta sería instantánea, el despertar brusco que se produce en su interior no da pie a la risa, ni a la simpatía, Jeff es una víctima de personajes que se mueven exclusivamente por sus intereses o los de aquellos a quien realmente representan, a los poderosos como Jim Taylor. Así pues, Caballero sin espada se presenta como una tragicomedia en la que sus personajes se presentan patéticos, más aún cuando se enfrentan a la inocencia infantil de un hombre de valores muy por encima de los suyos, un contraste que posiciona al espectador al lado de un hombre que se gana su simpatía porque en el se encuentra la verdadera esencia de un hombre honrado, de ideales inquebrantables y patrióticos (o lo que es lo mismo, el ideal estadounidense). James Stewart fue el encargado de interpretar a un personaje que parecía hecho a su medida, un personaje que representaba como nadie (quizá Gary Cooper sería el otro actor que representaría a la perfección al hombre íntegro y honesto) y que repetiría en diversas ocasiones. También destaca la presencia de la estrella femenina Jean Arthur, cuyo personaje descubre que no puede soportar lo que sucede a su alrededor, sobre todo en torno a la figura de Smith, un hombre bueno al que sabe destrozarán, y eso es algo que no puede presenciar. La figura de Joseph Paine es la antítesis de Smith, un hombre que poseía ideales, pero que tuvo que decidir y tomar una decisión, la equivocada; error que pervive en el fondo de su alma, pero que se niega a creer, y más aún si el maestro de marionetas Taylor se presenta para resolver el problema que supone Smith. Caballero sin espada es una buena muestra de como desde el entretenimiento amable, aunque no tanto como parece, se pueden recrear situaciones que preocupan y que a todos importan, sin llegar nunca a aburrir o caer en discursos políticos innecesarios.

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