Ir al contenido principal

Una reflexión novelada: El árbol de la ciencia


Posiblemente es el libro más acabado y completo de todos los míos, en el tiempo en que yo estaba en el máximo de energía intelectual” confesó Pío Baroja acerca de El árbol de la ciencia, obra publicada en 1911 y una de las mejores novelas de la literatura española del siglo XX. En sus páginas se descubre una excelente reflexión crítica-filosófica que profundiza en las características del alma humana y en ciertos sinsentido de la sociedad de la época. Andrés Hurtado, personaje con evidentes rasgos autobiográficos, es su joven protagonista, un muchacho que no encuentra su lugar en el mundo, lo cual acentúa su pesimismo ante aquello que observa y le rodea. Su vida carece del sentido que le dan quienes únicamente persiguen fortuna, prestigio y comodidad. Las posicionan por encima de cualquier otra cosa, quizá padeciendo una ceguera que les impide profundizar y plantearse cuanto acontece a su alrededor y en su interior. Las relaciones de Andrés con los demás se comprenden incompletas, insatisfactorias, vacías. Necesita encontrar respuestas que calmen sus inquietudes. La carrera de Medicina ha sido su elección profesional y personal, podría ser un paso en el camino del conocimiento de algunos de los interrogantes que se plantea. Sin embargo, lo único que consigue es comprobar cuan diferente es al resto de sus compañeros, al menos a los miembros de su grupo de camaradas, con quienes no llega a congeniar y en quienes observa anhelos diferentes a los suyos. El relato fluye sin florituras que lo entorpezcan, característica del estilo narrativo barojiano, vivo y las descripciones se escriben escuetas, porque son innecesarias para comprender las sensaciones que viven en la mente del personaje principal, a quien trasladan a un pueblo de provincias tras la conclusión de unos estudios que no le han proporcionado ni calma ni respuestas. El joven médico encuentra en su nueva ubicación nuevos signos que le convencen del dominio de la ignorancia sobre la sabiduría, ya que observa en los vecinos del pueblo a seres que han hecho de la primera su modo de vida. Andrés encuentra en las conversaciones con su tío una especie de enfrentamiento con su propia alma. Este Hombre, de pensamiento más amplío y tolerante que el de su sobrino, pues ha aprendido a aceptar las diferencias que existen entre las personas que ven y aquellas que mantienen los ojos cerrados, pone en conocimiento del muchacho el constante enfrentamiento que se produce entre el árbol de la ciencia y el árbol de la vida. Con un estilo sobrio, testimonio social, en el que abundan personajes secundarios que se presentan a lo largo de una ininterrumpida sucesión de acontecimientos, Pío Baroja regala parte de su pensamiento a ese Andrés Hurtado que sufre porque ve, y no acepta aquello que le rodea, porque profundiza sobre ello, cuestión que le causa malestar y aislamiento, porque aquello que comprueba no sería más que la necedad de una sociedad dominada por la ignorancia, que se ha impuesto a uno de los principales motores humanos: su necesidad de conocer y de explicarse —otros motores imprescindibles del comportamiento son el deseo y los estímulos emocionales. Así pues, este muchacho sufre un constante dilema ético-moral que no encuentra en quienes conoce, personas que han aceptado vivir en una ceguera que les proporciona la ilusión de una vida plena y satisfactoria, a pesar de ser un inmenso absurdo (al menos ante sus ojos). El árbol de la ciencia supuso para su autor la satisfacción de haber realizado la que, para él y para la mayoría, sería su mejor novela. Un clásico de la literatura castellana que profundiza, como lo hacen todas las joyas narrativas, en las cuestiones que afectan al alma humana desde la sinceridad y a la reflexión.



Comentarios

Entradas populares de este blog

Sucker Punch (2010)

Una alternativa de la realidad Por Antonio Pardines Una de las ideas expuestas por Zach Snyder en Sucker Punch (2010) nos dice que la libertad se genera y se alcanza en la mente, pero el realizador no profundiza en aquello que insinúa y se recrea en el artificio audiovisual que solapa la idea central del film. Condicionada por aquello que el pensamiento fantasea y modifica según los conocimientos adquiridos, la imaginación es la vía de acceso al estado idealizado por la protagonista, un estado para ella real y que plantea interrogantes como ¿qué es fantasía y qué es realidad? ¿Dónde empieza la una y termina la otra? ¿O quién las delimita? Para Baby Doll ( Emily Browning ) la realidad es el gris encierro que sufre antes y durante su estancia en el centro psiquiátrico que su mente transforma en el colorido físico y musical donde sumerge su mente para alcanzar la libertad. Tanto en el espacio opresivo donde vive su encierro como en aquel otro que ella transforma en fantasía prima el bar...

Honor de cavalleria (2006)

Hay que ser quijotesco para pretender trasladar a la pantalla el clásico universal escrito por Miguel De Cervantes , pero, quizá, resulta más quijotesco tomar a sus dos personajes principales y realizar o filmar fragmentos de su monotonía, fragmentos que se unen y que, en su sucesión, establecen la conexión entre la naturaleza y el ser humano, fragmentos que captan vida, comedia y drama (así los interpreto), fragmentos en los que parece no suceder nada, y sin embargo sucede la no aventura, los tiempos muertos y, para quien conecte con ellos (supongo que seremos minoría), estos entretienen. Albert Serra  crea sus propios Quijote ( Lluís Carbó ) y Sancho ( Lluís Serrat ) y los ubica en un espacio abierto natural, rodeados de sonidos, de iluminación natural, golpeados por el viento o refrescando sus cuerpos en corrientes fluviales. Son dos personajes silenciosos, prácticamente los únicos que asoman en las imágenes en las que Sancho guarda silencio mientras escucha como el caba...

Posición avanzada (1965)

Como narrador cinematográfico, Pedro Lazaga era muy bueno; el mejor ejemplo bien podría ser Cuerda de presos (1955), su película preferida, pero un fracaso comercial que le decantó hacia un tipo de cine de consumo fácil. Otro cantar es si aprovechó o desaprovechó su talento en películas y temas que, en su mayoría, estaban destinados a todos los públicos, es decir, a no tener el menor encontronazo con la censura y a hacer buenas taquillas. No era una cuestión de ego ni de política, carecía de las pretensiones de renovar el cine español que podrían encontrarse en un tipo Portabella o Saura, o ideológicas a lo Bardem. Tampoco perseguía un humorismo combativo y berlanguiano ni la suya era la pronunciada personalidad cinematográfica de un Regueiro, por no insistir en que Buñuel solo hubo uno y ese grandísimo “uno” rodó casi toda su filmografía fuera de España. Menos aún pretendía pasar por “autor”. Pero autor ¿de qué?, en una cinematografía controlada por la censura y, como cualquier otra, ...