Ir al contenido principal

Entradas

La ciudad sin ley (1935)

La cámara de Howard Hawks mira de frente, permanece cerca de la acción, en una postura que indica la del propio cineasta, una que no rehúye el conflicto al que expone a sus personajes. Lo afronta de forma directa, lo relaciona y acota a un espacio concreto que afecta a los hombres que lo ocupan y a la mujer que llega y rompe el orden, aunque en el San Francisco de La ciudad sin ley ( Barbary Coast , 1935), el orden es el desorden. Hawks introduce la figura femenina, independiente y decidida, pero que desconoce los pormenores del medio donde se instala y al cual se adapta para sobrevivir. La sorpresa inicial que provoca su llegada al puerto de la ciudad, aquejada esta por la fiebre del oro y la codicia de Louis Chamalis ( Edward G. Robinson ), se evidencia en su primer contacto con un oriundo del lugar. El barquero, interpretado con buenas dosis de humor y picaresca por el inolvidable Walter Brennan , repite, como si quisiera dar crédito a la visión que tiene ante sí, <<una muj...

El otro señor Klein (1976)

De los cineastas víctimas de la caza de brujas emprendida por el Comité de Actividades Antiestadounidenses, Joseph Losey fue quien desarrolló la que quizá, junto a la de Jules Dassin , fuese la carrera más reconocida por sus contemporáneos. De hecho, incluso en la actualidad, su filmografía americana se ve eclipsada por la europea, que domina el conjunto de su obra y presenta sus películas más reputadas, también las más personales, muchas de las cuales desvelan parte de su pensamiento y de su postura ideológica. Dos de las constantes temáticas que reaparecen con mayor frecuencia durante este periodo son la pérdida (simbólica) de identidad, sufrida por algunos de sus personajes, y las agresiones que las instituciones cometen contra el individuo; constantes que, sin ir más lejos, se descubren durante la farsa judicial sufrida por el soldado anónimo en  el consejo de guerra de  Rey y patria  ( King and Country , 1964),  en el tribunal inquisitorial y conservador que s...

Juguetes rotos (1966)

La práctica de final de carrera de Manuel Summers , El viejecito (1960), apuntaba al gran director que alcanza su máximo en  Juguetes rotos (1966). Pero este irónico, sensible y humano documento cinematográfico fue el revés que lo orientó hacia otro tipo de cine, más comercial y menos arriesgado en sus formas y propuestas que el que había realizado hasta entonces. Si por una parte la incomprensión generada por Juguetes rotos implicó la pérdida de un excelente cineasta, no dudo que también fue la cima de su cine, también una de las cumbres del documentalismo español. Su deseo de distanciarse de la mediocridad y de la comodidad son evidentes en su amargo retrato, sentimental y memorístico, de la vejez en un país que olvida su rostro humano, olvida a sus gentes y a quienes en el pasado lo hicieron brillar y vibrar. Para su viaje al presente y al pasado, al desencanto de los ancianos y a las esperanzas de los jóvenes que asoman por las imágenes,  Summers  transita ...

American Gigolo (1980)

Muchos de los personajes ideados por Paul Schrader , diré que la mayoría, vendrían a ser el mismo, aunque con sus variantes emocionales, espaciales o laborales, y deben pasar por un periodo de purificación, sufrimiento y violencia, antes de liberarse. Desde Yakuza ( The Yakuza , 1974) hasta El reverendo ( First Reformed , 2017), esta constante pone a sus protagonistas al borde del abismo existencial que se abre ante ellos, los engulle y posteriormente los expulsa, quizá redimidos, pero ¿redimidos de qué? Culpabilidad, recuerdos del pasado, dudas, dolor, soledad o desorientación en un presente de sombras, en el que la podredumbre moral se acumula. Estas son algunas de las emociones y de las circunstancias que salen a la luz y los acorrala, los convierte en animales heridos como podrían serlo Travis en Taxi Driver (1976) o Julian en American Gigolo (1980), por citar dos variables del mismo modelo que se repite en los mundos ocultos a los que acceden los films de Schrader . Pero si el...

Titanic (1943)

La manipulación de los medios de comunicación y de expresión con fines propagandísticos no fue invención del siglo XX, pero a la largo de esta centuria se perfeccionó hasta alcanzar cotas imposibles antes del nacimiento del cinematógrafo. Con el desarrollo y evolución del invento de los hermanos Lumière , la propaganda encontró un recurso inmejorable en la imagen en movimiento y, más adelante, en su capacidad de habla. El nuevo medio aceleraba la propagación del mensaje y ampliaba el radio de acción propagandística a cualquier sector poblacional que tuviese acceso a una sala de proyección. El consumo de películas era económico, instantáneo y, empleado según quienes, apenas exigía esfuerzo intelectual a los espectadores. Los interesados lo sabían, aprovecharon la comunicación inmediata que el cine establecía con el público y la emplearon para sus fines. El caso es que era una herramienta sin par a la hora de difundir ideas o para invitar a la población a la evasión, cuando no a la alien...

El peral salvaje (2018)

En La rebelión de las masas , Ortega y Gasset escribió que <<para formar una minoría, sea la que sea, es preciso que antes cada cual se separe de la muchedumbre por razones especiales, relativamente personales. Su coincidencia con los otros que forman la minoría es, pues, secundaria, posterior a haberse cada cual singularizado.>> (1)  Nuri Bilge Ceylan se singulariza a lo largo de su obra cinematográfica, lo cual la aleja de multitudes y la convierte en minoritaria, afín a un grupo de individuos que, sin premeditación, coinciden en la búsqueda de sustancia en las películas; y que por muy numerosos que sean, nunca dejarán de ser una minoría frente a la masa que mueve el cine más comercial. La singularidad de Ceylan , la conciencia de ser testigo del presente y de realizar un cine donde prima sus razones especiales para hacer este y no otro tipo, la hereda Sinan Karasu ( Dogu Demirkol ) en El peral salvaje ( Ahlat Agaci , 2018), cuyos encuentros y entrevistas, con dist...

Ayer, hoy y mañana (1963)

Debido a su ubicación geográfica, <<Nápoles, Milán y Roma>> es uno de los dos títulos alternativos que Santiago Aguilar y Felipe Cabrerizo proponen para  Ayer, hoy y mañana  ( Ieri, Oggi,Domani , 1963) en su amena y completa monografía sobre  Vittorio De Sica 1 . El otro, quizás menos obvio, <<Pobres, ricos y burgueses>>, remite a la perspectiva socioeconómica de los personajes; y tampoco habría desentonado, el más evidente si cabe, "Adelina, Anna y Mara", en clara alusión a las mujeres que protagonizan los tres episodios. Aunque pueda imaginar cualquiera de estos títulos para nombrar el film de  De Sica , no quiero hacer lo propio con otra pareja protagonista, pues, en definitiva, las presencias de  Sophia Loren  y  Marcello Mastroianni  son parte indispensable del atractivo visible de la película. A la actriz y al actor los unió por primera vez en la pantalla  Alessandro Blasetti , en la comedia...