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Monterroso y el zumbido de las moscas



Monterroso y el zumbido de las moscas


Por Antonio Pardines 


Imagino lo sola y ninguneada que puede sentirse la araña, minusvalorada en su gran labor tejedora y con una mala prensa que ni Kurt Neumann ni David Cronenberg ayudaron a maquillar cuando apuntaron que la mosca era peor bicho. Aún así, los arácnidos tienen cierta distinción, un aire aristocrático en su modo de detenerse y observar el mundo que no comprenden en toda su dimensión. Pero ¿quién lo comprende en su totalidad? ¿La mosca? ¿La vaca?


De pequeño escuché un chiste que encontraba su broma en preguntar en un examen por la vaca. Y, ante el desconocimiento sobre este animal, el examinado respondía sobre la mosca. Venía a decir algo así como que la vaca es un animal en cuya cola siempre tiene moscas rondando. Y esa deriva le posibilitaba hablar de lo que sabía: «La mosca. La mosca es…». Y así continúa examen tras examen hasta que, varios después, decide estudiar la vaca y le preguntan sobre la mosca. Entonces, emplea un recurso similar al inicial: le cuestionan sobre la mosca y responde que «la mosca es un insecto que vuela alrededor de la cola de la vaca». Se detiene un instante y se decide a continuar: «La vaca. La vaca es...» Ese podría ser un movimiento perpetuo, pero también lo es este pequeño libro repleto de humorismo y de rupturas, de aforismos y cuentos, así como una compilación de frases de otros escritores en las que asoman esos insectos a los que Linneo, allá por la segunda mitad del siglo XVIII, clasificó como «musca domestica». 


Movimiento perpetuo (1), obra que Augusto Monterroso publicó en 1972, me recordó aquel viejo chiste, al hablar de la mosca cuando quiere hablar del ser humano, centrándose en el escritor, una especie de mosca, incluso de moscardón, cuyo zumbido puede ser más fino o grueso, más solemne o pedante, más arriesgado o más desenfadado, más juerguista o rupturista. El escritor guatemalteco (nacido en Honduras y cuya residencia de exiliado quedó fijada en México) se decanta por ser breve e irónico en su vuelo por las páginas de una obra corta. Mas no por su brevedad carece de amplios horizontes en los que, al mirar más allá, quizás se observe un aquí cerca, puesto que no deja de hablar de la vida en movimiento perpetuo, al ser imposible concretarla y definirla, delimitarla y realizarle una autopsia. «La vida no es un ensayo, aunque tratemos muchas cosas; no es un cuento, aunque inventemos muchas cosas; no es un poema, aunque soñemos muchas cosas.» No es algo muerto o de posible estudio. No llegamos a conclusión ni a absoluto alguno, nos quedamos en <<El ensayo del cuento del poema de la vida>>, que según el autor es un movimiento perpetuo…


(1) Augusto Monterroso: Movimiento Perpetuo. Bibliotex/ Biblioteca el Mundo (Colección Las mejores novelas en castellano del siglo XX), Barcelona, 2001.

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