Ir al contenido principal

El gestor del infierno. Rudolf Höss y Primo Levi, dos caras antagónicas de Auschwitz




El gestor del infierno. Rudolf Höss y Primo Levi, dos caras antagónicas de Auschwitz


Por Antonio Pardines



¿Por qué se escriben las autobiografías? ¿Para alabarse? ¿Para justificarse? ¿Para buscarse, encontrarse y conocerse? Cualquiera tiene una vida que contar, otra cuestión es cómo la cuenta y a cuántas personas llegará su historia, la cual, si se trata de alguien popular o impopular, podría alcanzar a muchas. Pero la mayoría tiene en común que la adornan, que omiten y añaden, sea por darle un tono literario o por dejar una buena imagen a la posteridad, fruto de la vanidad y de la ignorancia, pues a ese porvenir poco le importará qué aire respiraba o qué disparaba sus latidos del corazón. Ya lo habrá juzgado, estereotipado y convertido en etiquetas, al sustraerlo de su época y despojarlo de quien fue, de lo que sintió, y de tantas cuestiones y emociones que nos determinan en vida. Solo verán la imagen y el nombre despojados de vida, es decir, de aquellos aspectos que nos hicieron y en los que existimos. Nadie alcanza la posteridad, solo lo logran sus fantasmas, ni siquiera sombras de quienes fueron.


Pero hay casos más difíciles de ubicar e incluso de digerir, como lo es la autobiografía de alguien cuyo nombre provocaba terror entre los supervivientes de los campos de exterminio y la sensación de regresar al infierno. Uno de esos campos, quizás el más famoso de cuantos levantó el régimen nacionalsocialista, Auschwitz, se ubicaba en Polonia. Por ello, fueron los polacos quienes juzgaron a Rudolf Höss por sus crímenes de guerra, los mismos crímenes por los cuales el Estado terrorista al que servía le daba palmadas. El comandante de Auschwitz era eficiente, de eso no cabe la menor duda. Incluso él lo presume en las líneas en las que se detalla al frente del Lager, porque asume que era parte de su trabajo: cumplir órdenes de arriba. Tras ser detenido e interrogado por los británicos, después por los estadounidenses, de declarar en Núremberg, donde estimó en dos millones y medio el número de las víctimas del campo, fue juzgado y condenado a muerte por un tribunal polaco. Y, entre la sentencia y su ejecución, escribió su relato, que desvela y confirma varios aspectos innegables. El más importante: lo que allí sucedió…


¿Cuántos murieron (por inanición y trabajos forzados)? ¿Cuántos fueron asesinados bajo su eficaz gestión al frente de aquella fábrica de muerte en la que las duchas cobraron un significado macabro y criminal? ¿Cuántos fueron torturados y despojados de su humanidad debido a los métodos empleados, que ya desde la entrada en el campo, incluso antes, buscaban borrar la identidad, los lazos, la esencia misma del individuo? Primo Levi recordaba que solo una minoría, muy minoritaria, logró mantener su condición humana en aquel infierno gestionado por Höss, de quien el químico italiano —quizás quien mejor y de manera más honesta intentó expresar lo inexpresable—, escribió en el prólogo de Yo, comandante de Auschwitz (Kommandant in Auschwitz) (1), retrato que de sí mismo hace el alemán entre enero y febrero de 1947, cuando ya sabía que tenía los días contados. «Fue uno de los máximos criminales que jamás hayan existido, pero en esencia no era distinto de cualquier otro burgués de cualquier otro país; su culpa, no escrita en su código genético ni en el hecho de haber nacido alemán, reside en el hecho de no haber sabido resistir a la presión que un ambiente violento ejercía sobre él ya antes del ascenso de Hitler.» Levi escribió esto en 1985, cuatro décadas después del final de la guerra, en un momento en el que se estaba cuestionando la veracidad del Holocausto.


¿Cómo se sentiría? Nadie que no se haya hundido en Auschwitz podría saberlo. Él lo «murió» —pues allí no se vivía—, él lo sobrevivió. Escuchar y observar el circo mediático que se había generado respecto al exterminio del Lager —el «negacionismo» que había saltado a la palestra de los tribunales y de la opinión pública—, afectó al italiano agigantando el dolor y devolviendo en toda su furia y horror las imágenes que nunca se borraron de su mente, aquellas que expresa con palabras en su trilogía de Auschwitz (2). Levi es el rostro humano contrario a Höss, sus libros también se sitúan en las antípodas, pues no buscan justificarse ni explicarse, solo intentan comprender y exponer las dudas, los miedos, el horror... Incluso sus muertes se pueden situar en los extremos: el alemán, ejecutado el 16 de abril de 1947 por sus crímenes; el italiano, víctima que llevaba la condena tatuada bajo la piel, una condena existencial imborrable hasta el punto de empujarle al suicidio el 11 de abril de 1987, a cinco días de cumplirse el cuadragésimo aniversario del ahorcamiento de Höss…



(1) Rudolf Höss: Yo, comandante de Auschwitz (traducción de Juan Esteban Fassio). Arzalia Ediciones, Madrid, 2022.


(2) Primo Levi: Trilogía de Auschwitz (traducción de Pilar Gómez Bedate). Austral, Barcelona, 2019.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Sucker Punch (2010)

Una alternativa de la realidad Por Antonio Pardines Una de las ideas expuestas por Zach Snyder en Sucker Punch (2010) nos dice que la libertad se genera y se alcanza en la mente, pero el realizador no profundiza en aquello que insinúa y se recrea en el artificio audiovisual que solapa la idea central del film. Condicionada por aquello que el pensamiento fantasea y modifica según los conocimientos adquiridos, la imaginación es la vía de acceso al estado idealizado por la protagonista, un estado para ella real y que plantea interrogantes como ¿qué es fantasía y qué es realidad? ¿Dónde empieza la una y termina la otra? ¿O quién las delimita? Para Baby Doll ( Emily Browning ) la realidad es el gris encierro que sufre antes y durante su estancia en el centro psiquiátrico que su mente transforma en el colorido físico y musical donde sumerge su mente para alcanzar la libertad. Tanto en el espacio opresivo donde vive su encierro como en aquel otro que ella transforma en fantasía prima el bar...

Honor de cavalleria (2006)

Hay que ser quijotesco para pretender trasladar a la pantalla el clásico universal escrito por Miguel De Cervantes , pero, quizá, resulta más quijotesco tomar a sus dos personajes principales y realizar o filmar fragmentos de su monotonía, fragmentos que se unen y que, en su sucesión, establecen la conexión entre la naturaleza y el ser humano, fragmentos que captan vida, comedia y drama (así los interpreto), fragmentos en los que parece no suceder nada, y sin embargo sucede la no aventura, los tiempos muertos y, para quien conecte con ellos (supongo que seremos minoría), estos entretienen. Albert Serra  crea sus propios Quijote ( Lluís Carbó ) y Sancho ( Lluís Serrat ) y los ubica en un espacio abierto natural, rodeados de sonidos, de iluminación natural, golpeados por el viento o refrescando sus cuerpos en corrientes fluviales. Son dos personajes silenciosos, prácticamente los únicos que asoman en las imágenes en las que Sancho guarda silencio mientras escucha como el caba...

Posición avanzada (1965)

Como narrador cinematográfico, Pedro Lazaga era muy bueno; el mejor ejemplo bien podría ser Cuerda de presos (1955), su película preferida, pero un fracaso comercial que le decantó hacia un tipo de cine de consumo fácil. Otro cantar es si aprovechó o desaprovechó su talento en películas y temas que, en su mayoría, estaban destinados a todos los públicos, es decir, a no tener el menor encontronazo con la censura y a hacer buenas taquillas. No era una cuestión de ego ni de política, carecía de las pretensiones de renovar el cine español que podrían encontrarse en un tipo Portabella o Saura, o ideológicas a lo Bardem. Tampoco perseguía un humorismo combativo y berlanguiano ni la suya era la pronunciada personalidad cinematográfica de un Regueiro, por no insistir en que Buñuel solo hubo uno y ese grandísimo “uno” rodó casi toda su filmografía fuera de España. Menos aún pretendía pasar por “autor”. Pero autor ¿de qué?, en una cinematografía controlada por la censura y, como cualquier otra, ...