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Air America (1990)


Después de Roosevelt, tal vez John Fitzgerald Kennedy haya sido el presidente estadounidense más idealizado del siglo XX, puede que debido a su trágico final, a como manejó la crisis de los misiles soviéticos en Cuba, a su imagen de boy scout o de niño bueno, pero durante su administración —igual que aconteció en las del resto de mandamases— se llevaron a cabo prácticas dudosas; en su caso, las más conocidas tal vez sean el embargo a la isla de Cuba y el envío masivo de asesores y material bélico a Vietnam… Parte de esta misión en el sudeste asiático la llevó a cabo en supuesto secreto, algo similar haría Richard Nixon cuando envió a Laos y Camboya tropas que negó su estancia allí. Pero era una negación insostenible, salvo para quienes aceptasen sus palabras sin un mínimo de actitud crítica o realista. Tapaderas como Air America, compañía aeronáutica que se dedicaba al transporte de material a Vietnam, da título a la película de Roger Spottiswoode, en la que aborda la presencia de estadounidenses en Laos, cuando ya la guerra de Vietnam se les había puesto cuesta arriba y las protestas civiles no dejaban de oírse en Washington. ¿Qué pintaban allí? ¿Por qué enviaban a los suyos a países que distaban miles de kilómetros de sus fronteras? ¿Qué era el efecto dominó y que se comprende por mundo libre? Acaso ¿ha existido libertad o solo es una idea fantasma? Antes de la participación oficial de Estados Unidos en la guerra vietnamita, Kennedy y, antes que él, la administración Eisenhower, pidieron informes sobre la situación en Indochina, pero fue el presidente demócrata, el único católico hasta la llegada de John Biden, quien envía a miles de asesores militares y millones de dólares en material bélico a los vietnamitas del sur. Podría decirse lo mismo de Laos…


<<La peor época comenzó en 1968, cuando Washington (empujado por la presión popular, pero también por la de los hombres de negocios) se vio obligado a entablar conversaciones y a finalizar el bombardeo regular al norte de Vietnam; en ese momento, Henry Kissinger y Richard Nixon decidieron trasladar el bombardeo a Laos y Camboya>>. (1) Un año después, 1969, marco temporal en el que Spottiswoode ambienta su Air America (1990), el presidente Nixon niega (al inicio del film) que haya tropas estadounidenses en el país asiático, lo cual, aparte de falso, genera la risa de los norteamericanos que por allí andan. Entre ellos, destaca la presencia de Gene Ryack (Mel Gibson), que trabaja para la línea aérea de la CIA que da título a la película, y que opera en la zona transportando desde tropas hasta alimentos, pasando por armas e incluso opio… Se trata de un piloto veterano, al contrario que Billy Covington (Robert Downey, Jr.), su nuevo compañero, joven y novato, en quien reconoce validez y esa pizca de locura común a todos ellos. Entre ambos se crean lazos, los de hombres en oficios de riesgo y en situaciones complejas que superan lo corriente y los posicionan fuera de cualquier rutina y comodidad; en cierto modo, son personajes que encajarían a la perfección en el cine de Howard Hawks, pero a Spottiswoode no le funcionan, no logra equilibrar la comedia y el drama. Aquí, su buen intención se queda en apenas nada, todo lo contrario que en su Bajo el fuego (Under Fire, 1983), su mejor película. En Air América falló el tono irónico y la mirada de Spottiswoode se pierde en sus héroes, mientras que en Bajo el fuego los héroes no existían, existían testigos y protagonistas de hechos también sonrojantes pero tratados con mayor acierto y contundencia. Por entonces Spottiswoode venía de realizar la comedia Socios y sabuesos (Turner & Hooch, 1989), con Tom Hanks y un perro de protagonistas, y ya estaba totalmente integrado en Hollywood. Era un director con buen pulso narrativo y lo volvería a demostrar en su película de la saga 007, aunque en El mañana nunca muere (Tomorrow Never Dies, 1997) no hay ningún tipo de conflicto, solo las pautas de un film Bond Posiblemente, la presencia de Gibson y Downey, Jr., aunque este todavía no era una estrella de primer orden, condicionó el film; de hecho, el carisma de Gibson condiciona al personaje. Lo vemos a él y no a un piloto mercenario de la CIA haciendo acopio de armas para su jubilación —aunque esa ilegalidad comercial obedece a la heroicidad que se le atribuye al personaje, que carece de sombras y conflicto—; mas aquí no existe el conflicto moral que sí asoma dentro la película sobre el corresponsal de guerra; en la que Nolte logra pasar por un reportero, porque no le vemos actuando (no se nota en engaño), sino una representación del oficio…


(1) Noam Chomsky: La (des)educación (traducción de Gonzalo G. Djembé). Austral, Barcelona, 2012.

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