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Fragmentos de nada: el sonido del despertar

Fragmentos de nada: el sonido del despertar

Por Antonio Pardines


Entre el sueño y la realidad, vi danzar las copas de los árboles en un movimiento armónico e hipnótico en el que parecían acariciarse, pero en el que nunca llegaban a tocarse. En mi imaginación, ya eran humanos, ya fantasmas, ahora bailarines e incluso amantes condenados a no “carnalizar” su deseo jamás, solo susurrarse su amor y su pesar. Así continué un instante de armonía que se completaba con notas evocadas de un “Canon en Re mayor”, con el canto de los pájaros y el sonido fluvial lejano; incluso más lejano que el silbato que amenazaba aquella fuga del tiempo que me alejaba del mundo para, poco después, devolverme a él. Aquel sonido chirriante rompía el encanto, quizás no el que sentiría quien soplaba, pero sí el mío. Mas tampoco me sorprendió, pues la vida establece que el desencanto sigue al encanto, y viceversa. Me vi entonces en un instante de despertar, en el que una idea se posó en mi mente: asociaba aquel silbato con la idea de alegría, la de quien lo soplaba. Era una idea que mi pensamiento le atribuía y que me llevó a preguntarme qué nos alegra, cómo sentimos la alegría, cómo la expresamos o si necesitamos expresarla a otros cuando la sentimos. ¿Qué celebramos? ¿Por qué lo hacemos? ¿Para escapar de la rutina? ¿De nosotros mismos, pues somos la rutina? ¿Para expresar felicidad o alegría? ¿Para aparentar ambas o porque realmente sentimos ambas? ¿Para sentirnos parte de una comunidad y que la comunidad nos sienta? Mis preguntas nunca tienen respuesta, al menos ninguna general, ya no digamos absoluta —en las que no creo—, porque son para invitarme a pensar. De manera que las reflexiones que desarrollo son fruto de las ideas pasajeras que llegan en ese instante de reflexión, un instante que, siendo otro, podría deparar para las mismas cuestiones otras ideas que ahora no contemplo o ni siquiera tengo. No sé si todo despertar es brusco, pero intuyo que el paso del sueño a la realidad, incluso a la pesadilla, lo es, por eso tenemos malos despertares o nos cuesta aceptar que el sueño y la ensoñación llegan a su fin y la rutina, los “yo” y el “nosotros” de cada día, nos espera…

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