lunes, 13 de abril de 2026

Ryszard Kapuściński: Viajes con Heródoto


En cierto sentido, podría decirse que Heródoto no solo fue el primer historiador en dejar escrita su “Historia”, en un rollo que luego otros interpretaron y dieron forma de libro, sino que también fue el primer reportero de la historia, tiempo antes de que existiese la sociedad mediática y sus medios de comunicación y difusión. A tal idea llega Ryszard Kapuściński en Viajes con Heródoto, escrito en 2004, cuando el prestigioso corresponsal polaco contaba con 72 años de edad, muchos de los cuales los había dedicado al periodismo, a descubrir el mundo, a cuestionarse en él y a cuestionarlo. Lo que lo acerca al otro protagonista de las páginas de este libro con encanto, con preguntas, con historia y anécdotas personales; y mucho más, porque lo expuesto por Kapuściński, y cómo lo expone, despierta la curiosidad e invita al viaje, el de buscar y conocer uno mismo. El escritor polaco hace memoria, sí, pero también hace literatura y un ejercicio humanístico de primer orden al enlazar nuestro tiempo con el de aquel viajero que vivió en la época de Sócrates y Pericles. Kapuściński se reconoce en Heródoto, de quien dice que <es un reportero nado: viaja, observa, habla con la gente, escucha sus relatos, para luego apuntar todo lo que ha aprendido o, sencillamente, recordarlo.>> Aquí, el autor se define a sí mismo a través de su definición del griego, pero, a diferencia del historiador, de él si que conocemos aspectos de su biografía, ya solo fuese porque en parte de su obra desvela su sentir, sus experiencias, sus interrogantes. Nos habla de quién es o, mejor, de cómo llegó a ser, un llegar a ser que se prolonga en el tiempo porque se trata de una constante vital que no concluye, salvo en la muerte. Tal aprendizaje está en el recorrido, es el propio recorrido, la construcción de las diferentes etapas que, profesionalmente, él inicia en 1957, cuando entra a trabajar en un periódico polaco y recorre Polonia en busca de opiniones, pero encontrándose con la frontera que le genera la idea y el deseo de cruzarla: <<solo anhelaba una cosa: “cruzar la frontera”, no importaba cuál ni dónde, porque no me importaba el fin, la meta, el destino, sino el mero acto, casi místico y transcendental, de cruzar la frontera.>> Y ese deseo ya no le abandonaría y le llevaría a cruzar una y otra vez los límites que separaban lo conocido de lo desconocido, límites que también unían esos dos espacios que se reducen a uno: el mundo humano…


El entrecomillado pertenece a Viajes con Heródoto, de Ryszard Kapuściński (y de la traducción de Agata Orzeszek), editado en castellano por Editorial Anagrama, Barcelona, 2006.

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