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Convicto (2013)


Los protagonistas de
Un profeta (Un phrophéte, Jacques Audiard, 2009) y de Convicto (Starred Up, 2013) tienen en común que son adolescentes encerrados en prisiones para adultos, sin embargo, el reo del film de David Mackenzie, Eric Love (Jack O'Connell), no estudia el comportamiento de los presos para progresar dentro del correccional. Donde Malik agachaba la cabeza, observaba, descubría y aprendía, Love se enfrenta a todos, como si con ello liberase su rabia, su instinto de supervivencia, y al tiempo desafiase al sistema que lo ha llevado hasta ese lugar donde se muestra desconfiado, violento y solitario, de modo que sus relaciones con el entorno se minimizan al máximo. Siempre solo, siempre en lucha con sus compañeros, con los celadores o enfrentado a su padre (Ben Mendelsohn), con quien apenas mantiene relación y quien también cumple condena en el mismo correccional. Pero la mera paternidad física no concede ser un buen padre. Hay progenitores como Neville Love que ni siquiera se preocuparán de serlo; aunque, en su caso, empezará a asumir responsabilidades paternas cuando su jefe le ordene que guíe a Eric, quien parece descontrolado en su nuevo entorno, adonde acaba de ser transferido del reformatorio —traslado que se produce dos años antes de lo que le corresponde por edad.


El joven tiene diecinueve años y, en su rebeldía y rechazo, echa un pulso al sistema, pero eso solo es parte de una infancia rota y de una adolescencia problemática desbordada por el conflicto con todos y consigo mismo. ¿Por qué esa actitud? Por inmadurez, por miedo, por inseguridad, por desafío y desconfianza, por falta, negación y búsqueda de afecto, por protegerse del exterior, incapaz de protegerse de sí mismo, puesto que todavía carece de las herramientas necesarias. El muchacho debe aprender a canalizar su ira y su impotencia, su desconfianza, pues no se fía de nadie, quizá debido a su compleja relación paterno-filial. El uso de la violencia y los brotes de ira marcan los primeros días de Love hijo en el correccional donde también cumple condena su progenitor, en quien también descubrimos violencia, probablemente espejo de la filial.
Convicto muestra ese conflicto y lo encauza por la vía de las relaciones y del aprendizaje de Eric, al que accede o que acepta a regañadientes y desafiando a Oliver Baumer (Rupert Friend), el terapeuta a quien el grupo (que se erige en una especie de familia) respeta. Todos los personajes que campan por el presidio de Convicto comparten la sensación de estar encerrados más allá de los barrotes que los retienen, ya que se muestran incapacitados para expresar emociones, aunque las sesiones sirven para exteriorizar las sensaciones que a menudo afloran en forma de brotes de violencia, algo que no resulta extraño, pues el rechazo y una violencia generalizada, quizá institucionalizada, habitan tanto en el interior de los condenados como en el espacio donde se los excluye de la sociedad que ha apartado a Eric por inadaptado; aunque quizá sería mejor decir porque la sociedad no se plantea o no sabe qué hacer con alguien como él, un muchacho que durante su estancia en el presidio vive en un constante enfrentamiento consigo mismo.

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