sábado, 18 de junio de 2011

Las tres luces (1921)


Las tres luces (Der müde tod), cuyo título original se traduciría como la muerte cansada, es un film cargado de un romanticismo dramático, en el que la muerte cobra el protagonismo, casi absoluto, al ser el eje principal de los sucesos que se desarrollan. Esta parca maldita, se encuentra en una situación de desesperación, cansada de un trabajo que no le proporciona paz y satisfacción, sino fatiga y una constante desdicha por tener que realizar un cometido que se le ha impuesto y que debe cumplir por mucho que le pese. La todopoderosa muerte, no lo es tanto, no es capaz de escapar de su propio destino, y debe realizar la tarea que se le ha impuesto, en todas las épocas y en cualquier lugar. Como consecuencia de la constante presencia de este ser non grato, Las tres luces se muestra como una película de romances imposibles, truncados por ese mal que acecha sin descanso, ya desde el inicio del film, que se ubica en Alemania, donde una pareja de enamorados experimentan como su romance se altera por la muerte del joven (Walter Janssen). A pesar de este fatídico destino, la joven (Lil Dagover), desesperada, no se resigna, e intercede ante la parca (Bernhard Goetzke) por la vida de su amado. Conmovida, la muerte explica su estado de ánimo y le ofrece tres oportunidades que podrían propiciar el retorno del joven al mundo de los vivos, siempre y cuando, el amor que viven tres parejas, alejadas por el espacio y por el tiempo, puedan evitar el trágico destino que les espera. Esta situación ofrece la posibilidad para que el relato se traslade a ubicaciones geográfica-temporales diferentes, en las que se mostrará el amor, su imposibilidad y la constante presencia de ese personaje cansado de segar las vidas humanas. Fritz Lang divide el film en cuatro episodios: el eje narrativo central en un pequeño pueblo de Alemania, que dará paso al capítulo que se desarrolla en Bagdad, el más épico y aventurero; posteriormente, la acción se traslada a Venecia, ciudad plagada de intrigas, quizá la historia más compleja de las tres. Retrocediendo en el tiempo, se presenta el último intento, que se desenvuelve en China, el más espectacular y fantasioso, donde Lang da rienda suelta a la imaginación y se aprecian escenas visuales excepcionales como la aparición de un ejército en miniatura o la transformación de seres humanos en animales. Tras mostrar un fracaso tras otro, la historia regresa a ese periodo inicial con el que se cierra el ciclo vital, que llevará a la joven ante el representante del sueño eterno. Cuando ambos se reencuentran, le concede una última oportunidad, un intercambio, conseguir una vida para salvar la de su amado. Su esperanza se presenta en forma de un pequeño grupo de ancianos que se lamentan de la vejez y de las miserias que ésta proporciona a sus vidas, platican sobre su cansancio, y sobre la esperada llegada del fin de sus días. Pero cuando la joven les propone el trueque, se aferran al poco tiempo que les resta y salen huyendo, una excelente muestra del fuerte apego a una existencia que no les place, pero que no desean perder. El significado y lirismo de Las tres luces la convierte en uno de los referentes del expresionismo alemán y un ejemplo que influirá en futuros directores, entre los que se incluye Luis Buñuel, realizador que declaró que Las tres luces fue película que le impulsó a dedicarse al cine.

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